Gonzalo Gómez Dacal
Para entender cuál ha sido y es la situación de la lengua española en el sistema escolar norteamericano es preciso saber que los idiomas extranjeros no son todavía una materia obligatoria para los alumnos de educación primaria y secundaria de este país, aun cuando cada vez son más los centros escolares que han abierto la posibilidad a sus alumnos de cursar, ganando créditos académicos, un idioma moderno.
La situación de las lenguas extranjeras sufrirá un cambio importante a partir del año 2000, al establecerse en la Educational Excellence for All Children Act de 1999 que serán también centros de interés para el Departamento de Educación norteamericano:
Desde estos planteamientos, la pretensión es que el sistema escolar público de EE.UU. ofrezca, en el nivel elemental, programas de enseñanza de lenguas extranjeras de alta calidad y basados en estándares de rendimiento en un 25% de las escuelas elementales públicas en el año 2005, y en un 50% de estas instituciones en el año 2010.
Si se quiere apreciar el papel de la enseñanza de lenguas distintas del inglés en el sistema escolar norteamericano, es imprescindible disponer de información acerca de las características generales del dispositivo educativo de EE.UU., del cual pudieran ser indicadores las prioridades que se le fijan a la escuela, lo que preocupa a los profesores y algunas de las cifras que describen el sistema escolar:
El establecimiento de las prioridades del sistema escolar norteamericano se hace, inicialmente, en los conocidos 10 principios del plan «Call to Action for American Education», presentado por el Presidente Bill Clinton, el 4 de febrero de 1997, en su discurso anual sobre el estado de la Unión; y que son:
Desde la perspectiva de los profesores, los objetivos más importantes de la educación norteamericana debieran ser (porcentaje de profesores que indica que el «objetivo es el prioritario y más importante»).2
Tanto en las escuelas públicas como privadas el objetivo propuesto es dotar a los alumnos de las destrezas básicas. (Tabla 1)
En cuanto al número de alumnos, el aumento más significativo es el que se experimenta en la enseñanza primaria (Gráfico 3). El número de profesores es, así mismo, representativo de las dimensiones de la estructura escolar norteamericana (Gráfico 43). Por último, existen varios itinerarios por los que se puede optar dentro de la estructura educativa norteamericana (Gráfico 5).
En este leading country, el idioma en que escribió Cervantes no sólo es, con mucho, la lengua extranjera que más se habla y estudia, sino que es un objetivo formativo que se persigue cada vez con mayor ahínco por quienes hoy son, y por los que en el futuro serán, los responsables de la política, la ciencia, el comercio y la cultura en esta singular nación y, por consiguiente, en el mundo.
Es en este contexto en el que el español florece como consecuencia del creciente peso que tienen quienes lo hablan tanto en la política exterior (relaciones comerciales con Hispanoamérica)4 como interior (relevancia del voto de los hispanohablantes)5 de los EE.UU., en el que se explica que en los últimos 10 años haya sido significativo:
En las escuelas de enseñanza primaria y secundaria norteamericanas, la enseñanza de la lengua española (y la enseñanza en español) se realiza según diversos modelos, de los cuales los que han alcanzado una mayor extensión son:
El español además de ser una lengua que es objeto de instrucción (español como lengua extranjera o como segunda lengua para hablantes de otros idiomas) y de ser lengua instrumental para el aprendizaje del inglés y de otras materias escolares (enseñanza a limited English proficient students), es un idioma que sirve de soporte a las relaciones personales entre el numeroso grupo de escolares para el que es su lengua habitual: más de 17 000 000 de alumnos entre 5 y 17 años utilizan en su familia, y cabe suponer que en una buena parte de su vida ordinaria, la lengua española; de estos alumnos, aproximadamente el 50% reconoce no tener muy buen dominio de la lengua inglesa. (Gráfico 6)
La primera característica que tiene la enseñanza de lenguas distintas del inglés en EE.UU. es su no inclusión en la parte del currículum que de forma obligatoria han de cursar los alumnos para graduarse al término de la educación secundaria, aunque cada vez sean más los estados y los distritos escolares que ofrecen al alumno la posibilidad de obtener créditos académicos si cursan un idioma extranjero.
Junto con este hecho, es cada vez más frecuente el ofrecer a los alumnos la posibilidad de cursar una lengua extranjera ya en la escuela elemental.
Los Estados que en el año 1999 han establecido la obligatoriedad de ofrecer lenguas extranjeras en el período de enseñanza elemental son Arizona (grados 5 a 8), Louisiana (grados 4 a 8), Carolina del Norte, Arkansas (las lenguas extranjeras forman parte del core curriculum), Montana y Oklahoma.
En la educación secundaria, cuarenta Estados han establecido algún tipo de obligatoriedad a los distritos para que en sus escuelas se ofrezcan lenguas extranjeras, aunque en algunos casos su impartición se hace únicamente a los alumnos de los cursos avanzados.6
El español es en la actualidad la lengua extranjera o la segunda lengua7 más estudiada en el sistema escolar norteamericano, en cualquiera de sus niveles, hecho que tiene un claro reflejo no solo en la demanda que existe entre los alumnos y las familias cuando optan por cursar un segundo idioma sino también en la evolución de la oferta que las escuelas hacen en este dominio académico.
Como se apreciará en los datos que se aportan en este informe, en materia de enseñanza de idiomas en EE.UU. se observan las siguientes tendencias:
La cualificación del profesorado que enseña lenguas extranjeras en EE.UU. no responde a un patrón uniforme, si bien, de acuerdo con la National K-12 Foreign Language Survey Results 1997 realizada por el Center of Applied Linguistics, pudieran ser representativas de la misma lo siguientes datos:
En este proceso de consolidación de la oferta de lenguas extranjeras en el sistema escolar norteamericano, y en la calidad de la propia oferta, está influyendo positivamente la presión que hacen las administraciones educativas por establecer procedimientos objetivos para evaluar los resultados del sistema escolar (la accountability); presión que ha generado un amplio movimiento pedagógico orientado a la definición de estándares9 para cada una de las disciplinas del currículum, incluidos los idiomas extranjeros.
En la fijación de estándares en el dominio de las lenguas extranjeras, y en su progresiva incorporación al currículum de las escuelas norteamericanas, ha ejercido un gran influjo el American Council on the Teaching of Foreign Languages (ACTFL) a través de la publicación de los National Standards for Foreign Language Learning in the 21 st Century.10 ACTFL ha completado sus National Standards con unas Performance Guidelines for K-12 learners, trabajando en la actualidad en la definición de unidades de rendimiento.
En este afán por la accountability, del cual la fijación de estándares es un componente esencial que caracteriza a los distintos estamentos del sistema escolar norteamericano, ha tenido, y está teniendo una significativa repercusión en la calidad de la enseñanza de las lenguas extranjeras, dominio en el que se está realizando un gran esfuerzo por fijar objetivos, diseñar estrategias de enseñanza y aprendizaje, elaborar material didáctico, introducir las nuevas tecnologías y los recursos audiovisuales y establecer procedimientos y técnicas de evaluación.11
El grado de implantación de la enseñanza de idiomas extranjeros en la educación primaria y secundaria norteamericanas12 se refleja, de forma global, en el gráfico 7.
La introducción en la educación primaria de las lenguas extranjeras es, como ya se ha indicado, cada vez más frecuente, y se hace a través de unos de los siguientes programas:
Los datos de los gráficos 8, 9 y 10 son representativos de la situación actual en materia de enseñanza de lenguas extranjeras en la educación elemental.
Estos datos expresan con contundencia dos hechos que se están consolidando, en materia de enseñanza de idiomas, en el sistema escolar norteamericano:
Esta «valoración de los idiomas» no está afectando de la misma forma a todas las lenguas extranjeras:
Es muy importante constatar que en educación primaria los programas que tienen una mayor implantación son aquellos que tienen como finalidad el procurar un aprendizaje efectivo por parte de los alumnos de la lengua extranjera: inmersión y FLES.
En la educación secundaria, el porcentaje de escuelas que ofrecen lenguas extranjeras no ha variado apenas en los últimos diez años (la diferencias que se observa en los datos no es significativa). Este hecho ha de interpretarse teniendo en cuenta:
El crecimiento de la «oferta» de segundas lenguas sigue, en la educación secundaria, una pauta muy parecida a la observada en la primaria. No obstante, se observan algunas diferencias importantes:
Como ya se ha indicado, el español se utiliza en numerosos estados norteamericanos para atender las necesidades educativas de alumnos que no tienen un buen dominio de la lengua inglesa (limited English proficient students: LEPS), por tener una lengua materna diferente (el grupo más numeroso es el formado por alumnos que son hablantes nativos de español), y que han de iniciar su escolaridad en su propio idioma, desde el que deben acceder al inglés.
La adquisición del idioma inglés por parte de los alumnos que en EE.UU. tienen como lengua materna el español (u otra lengua) se plantea, normalmente, mediante uno de los siguientes tipos de programas:
La eficacia de la «enseñanza bilingüe» como sistema para adquirir la lengua inglesa ha sido y es cuestionada y defendida por quienes, respectivamente, la consideran que está retrasando el aprendizaje rápido de la lengua dominante por los alumnos de minorías raciales, con el efecto secundario de un desclase académico y social de efectos negativos en quienes lo padecen tanto en su futuro desarrollo personal como profesional, y los que entienden que es la única vía para asegurar una progresión académica que no genere carencia formativas graves en quienes inician su escolarización sin un buen dominio de la lengua de instrucción, así como para evitar la aculturación de los grupos étnicos minoritarios.
La enseñanza bilingüe está, pues, asociada a la existencia de alumnos con LEP, a su vez determinada por la incorporación de hijos sobre todo de inmigrantes recientes a EE.UU.(el grupo más importante es el «hispano»); incorporación que se está teniendo una tasa de crecimiento que es significativamente superior a la tasa de crecimiento de la población escolarizada. (Gráfico 14)
La importancia de los programas para limited English proficient students, y su crecimiento, son, a su vez función, de la población escolar procedente de minorías cuya lengua propia no es el inglés, como es el caso de la creciente población hispana, que, para el tramo 5-17 años (desde el último curso de preescolar hasta el grado 12), tiene la siguiente distribución por Estados.13 (Gráfico 15)
Stephen Krashen ha identificado con precisión el papel que desempeña la educación bilingüe dentro del sistema de enseñanza norteamericano, al señalar que este tipo de educación debe proporcionar a los alumnos que la reciben:
El resultado de estos dos aportes es, según Krashen, claro: el efectivo aprendizaje de la lengua inglesa, sin que ello implique que haya de renunciarse a la enseñanza directa del inglés.
La utilización de una lengua minoritaria (el español) como lengua de instrucción y de adquisición de la lengua inglesa está sometida en los diferentes estados a determinadas condiciones, de las que la más general es la llamada «regla de los tres años» que establece, en 21 de los 33 estados que lo han fijado, como límite temporal a la permanencia del alumno en programa de enseñanza bilingüe tres años. No respetan esta regla los estados que no han preestablecido durante cuánto tiempo un alumno debe seguir recibiendo enseñanza en su lengua materna ni los que han acortado el período de tres a dos años (11 estados) o que lo han eliminado y ha decidido que los limited English proficient students debe iniciar su escolarización en un programa de inmersión de un solo sentido en inglés (California).14
La legislación norteamericana sobre educación bilingüe prevé que las agencias locales puedan recibir recursos económicos extraordinarios con el fin de atender las especiales necesidades educativas de los alumnos con «limited English proficiency», en dos capítulos: ayudas a las administraciones locales (Parte A) y ayudas para la obtención de datos, evaluación e investigación (Parte B).
La evolución del presupuesto para la parte A desde 1970 puede verse representada en el Gráfico 16.
El número y las características de la población escolar a la que se dirige la educación bilingüe son indicadores del significado que tiene esta solución escolar en EE.UU.:
La tabla 2 incluye escuelas elementales (así como alguna media y superior) en las que los alumnos son, normalmente, hablantes nativos de inglés y en las que se enseña una parte (inmersión parcial) o todo (inmersión total) el currículo utilizando una segunda lengua. La relación fue compilada por CAL en 1981 y se pone al día cada dos años. En algunos casos, el programa se inició en la forma «dos sentidos» (véase el apartado siguiente).
Esta información recopilada por el Center of Applied Linguistics (EE.UU.) se presenta a modo de muestra representativa de cómo se plantea este tipo de programa, que está teniendo cada vez una mayor implantación en EE.UU. (Tabla 4). En los programas de inmersión en dos sentidos las clases incluyen alumnos cuyas lenguas maternas son el inglés y el español, y ambos grupos aprenden y reciben enseñanza en las dos lenguas. La distribución por niveles dentro del sistema educativo puede verse en la tabla 5. El par español/inglés es el más utilizado con diferencia. (Tabla 6)
Los programas de inmersión en dos sentidos se están presentando en EE.UU. como una prometedora alternativa, de una parte, a los programas de enseñanza bilingüe para los alumnos con LEP (cuya credibilidad ha sufrido un duro golpe con la aprobación de la iniciativa 227 en California) y, de otra, a los modelos más tradicionales de enseñanza de una segunda lengua (FLES, FLEX o inmersión), de ahí el espectacular crecimiento que están experimentando. (Gráfico 18)
En una intervención ante alumnos y profesores de la Bell Multicultural High School, situada en el noroeste de Washington D.C., el Secretario de Educación de Estados Unidos, Richard W. Riley, realizó una contundente defensa de la Two-way Bilingual Education.
El que el Secretario de Educación haya defendido este modelo educativo y expresado públicamente el interés que tiene para los norteamericanos aprender otras lenguas además del inglés («I think that it is high time we begin to treat language skills as the asset they are, particularly in this global economy»), ha tenido un eco favorable en organizaciones que han venido manteniendo posturas encontradas respecto de la enseñanza de idiomas extranjeros: la «National Association for Bilingual Education» y «U.S. English», por ejemplo.