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El Archivo Gramatical de Salvador Fernández Ramírez

2. Breve historia del proyecto

En el apartado anterior hemos visto cómo la Gramática de Salvador Fernández Ramírez es, sin duda alguna, uno de los mejores trabajos que se han escrito sobre la lengua española. Según hemos explicado, nuestro autor tardó más de cincuenta años en confeccionarla, y a su muerte solamente había aparecido un volumen mientras que los demás quedaban en distintos estadios de elaboración. Durante todo este tiempo, Salvador Fernández Ramírez estuvo confeccionando su gramática, para lo cual recopiló más de 115.000 fichas —que él llamaba cédulas—, con información gramatical; estas cédulas constituyen hoy en día el cuerpo del Archivo Gramatical de la Lengua Española (AGLE). El autor repartió estas fichas en 59 cajas de cartón clasificadas atendiendo a criterios gramaticales; de este modo, podemos encontrar 10 cajas con información sobre las partículas, 26 cajas con información sobre el verbo, 12 con información sobre el nombre y el pronombre y 3 con información sobre la oración; las 8 restantes contienen información sobre la gramática latina o sobre morfología y fonología y no aparecen recogidas en el AGLE.

En mayo de 1987, Ignacio Bosque y José Antonio Millán concibieron el proyecto de la edición íntegra del fichero en soporte digital y surgió, a partir de ese momento, el AGLE; este proyecto pasó por distintas instituciones hasta que encontró su sitio natural en 1995 en la dirección académica del Instituto Cervantes.

El primer equipo editorial estaba compuesto por Ignacio Bosque, José Antonio Millán y Maite Rivero y se encargó de la edición y publicación de la parte del Archivo correspondiente a «Las partículas», formada por aproximadamente 18.000 cédulas, que fue publicada en la página web del Instituto Cervantes en 1996. En esta etapa el Instituto Cervantes firmó acuerdos con la Universidad Complutense de Madrid y con la Universidad de Alcalá que le permitieron contar con becarios que comenzaron a trabajar en el proyecto; a saber: Silvia Gumiel, Edita Gutiérrez, Norberto Moreno, Isabel Pérez Jiménez, Pilar Pérez Ocón y Juan Romero.

Después de algunas interrupciones, en 2002 toma el relevo el segundo equipo editorial, formado por Manuel Leonetti, como director científico del proyecto, Juan Romero, como coordinador técnico, y Silvia Gumiel y Pilar Pérez como técnicos. A partir de este momento, el proyecto inicia su definitiva andadura; en la última parte de esta etapa el proyecto ha podido contar con la inestimable ayuda de dos grandes lingüistas: Victoria Escandell y Cristina Sánchez, que, sin duda, han contribuido a mejorar la calidad del proyecto colaborando con la dirección científica en la corrección de algunas partes del AGLE.

La larga duración del proyecto ha hecho inevitable que se produzcan varios cambios, no solo en la parte científica del proyecto, sino también en lo que a requisitos técnicos se refiere. De este modo, las cincuenta y nueve cajas en las que Salvador recopiló su «material disperso», como él lo llamaba, han tenido que ser sustituidas y hoy en día las papeletas no se conservan en sus cajas originales debido a que estas producían un efecto de acidez en el papel que provocaba la constante degeneración de las fichas; el Instituto Cervantes cambió las cajas originales por otras de algodón que no permiten el avance de la acidez del papel.

Por otro lado, los avances de la informática han hecho absolutamente necesario que se produzca un cambio en la base de datos de manera que en 2007 aquella que fue concebida inicialmente para el proyecto AGLE en 1987 ha tenido que migrar a una base de datos en un entorno web que, por un lado, la hace más amigable al usuario y, por otro, permite hacer nuevas búsquedas que abren las puertas del AGLE a un público nuevo, como es, por ejemplo, el formado por los profesores de español como lengua extranjera13.

Quedan por decir unas palabras sobre la forma de trabajo del equipo AGLE. Este proyecto ha procurado, en todo momento, respetar la concepción de la gramática que tenía Fernández Ramírez. De este modo, la labor de los editores consiste en articular el árbol de categorías respetando al máximo los criterios de Salvador Fernández y creando, en ocasiones, nuevas categorías —que aparecen entre corchetes— sólo para agrupar aquellas cédulas que están poco organizadas14. De este modo, el equipo técnico del AGLE va organizando el árbol de categorías de manera que quede lo más estructurado posible con las categorías que señala Fernández Ramírez en cada una de las cajas (véase figura 1). Posteriormente se incluyen en la edición informática todas aquellas cédulas que aparecen en un apartado que él generalmente titulaba «Sin clasificar»; para introducir estas cédulas suele ser necesario agregar nuevas categorías que, como hemos explicado, aparecen entre corchetes con la intención de que el usuario pueda diferenciar en todo momento las averiguaciones del autor de las aportaciones del equipo editorial.

Figura 1. Caja del Archivo

Figura 1: Fotografía de una caja del Archivo.

En ocasiones, las cédulas aparecen con comentarios del autor; estos comentarios pueden ser ligeras intuiciones o elaboradas reflexiones. Siempre que el equipo editorial lo ha considerado pertinente, estos comentarios aparecen en la base de datos; podemos encontrar también comentarios del equipo editorial que, de nuevo, aparecen separados de los comentarios del autor para que puedan ser bien diferenciados.

Una vez que el equipo técnico ha terminado esta labor, comienza el trabajo del equipo científico, que se encarga de revisar todo el árbol así como cada una de las cédulas que están incluidas en cada categoría con el fin de detectar posibles errores que haya cometido el equipo técnico y de refinar aun más, cuando ello es posible, la clasificación original de Salvador Fernández Ramírez.

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Notas

  • (13) Esta base de datos se comenta ampliamente en el capítulo 3 de este manual. volver
  • (14) En este punto resulta conveniente recordar el carácter provisional que Fernández Ramírez dio en todo momento a su obra; esto motivó que algunas partes del Archivo aparecieran sin apenas clasificación; podemos, incluso encontrar algunas cajas llenas de «material por ordenar»; en estos casos, el equipo editorial ha procurado en todo momento respetar los criterios del autor, si bien todas las categorías que se han incluido de este modo aparecen entre corchetes para señalar que la autoría es de los editores. volver
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