Antes de realizar un acercamiento detallado al AGLE, merece la pena detenerse brevemente a repasar algunos aspectos de la vida y obra de uno de los más insignes gramáticos de nuestra lengua. Para ello, dividimos este capítulo en dos partes: en la primera recogemos una breve biografía del autor que hemos obtenido fundamentalmente a partir de las escasas anotaciones que sobre él escribieron sus colegas; en la segunda parte, realizamos algunas observaciones sobre su Gramática y su forma de trabajar.
Salvador Fernández Ramírez nació en Madrid el 18 de mayo de 1896. Estudió enseñanza primaria en un colegio que se encontraba en la calle Jacometrezo y estudió el bachillerato en el Liceo francés, para pasar después a examinarse por libre en el Instituto del Cardenal Cisneros; durante esta etapa destacó por su gusto por las matemáticas, disciplina de la que posiblemente tomó el rigor y la organización sistemática que luego se verían plasmadas en su obra gramatical. En 1917, comenzó en la Universidad Central de Madrid la carrera de Filosofía y Letras que completó, quizás por presiones familiares —según indica Rafael Lapesa—, con la licenciatura en Derecho.
Sin embargo, y a pesar de su formación como jurista, se dedicó durante toda su vida a la filología, a partir de sus primeros pasos en el Centro de Estudios Hispánicos, donde se había afianzado la escuela de Menéndez Pidal. Durante esta época se casó con la que sería su mujer el resto de su vida, Paz González, cuya enfermedad, como se verá más adelante, influyó en su producción filológica y con la cual, en 1925, se marchó a enseñar a la Universidad de Hamburgo, donde pasó un año dando clases como lector de español; fue en Alemania donde adquirió una sólida formación tanto lingüística como filosófica que sería luego determinante en su producción gramatical.
En 1932 volvió a trabajar al Centro de Estudios Históricos, esta vez como secretario; durante esta etapa empezó también a enseñar Lengua y Literatura españolas a los estudiantes de preparatoria en la Facultad de Filosofía y Letras, donde era conocido con el apodo de «Fricativo».
Cuando comenzó la Guerra Civil, Salvador Fernández se encontraba en una zona dominada por el bando nacional, donde pasó un tiempo enseñando latín en el Instituto de Plasencia y Lengua y Literatura en el de Salamanca.
En 1939, ya de vuelta en Madrid, se encontró con que el círculo lingüístico formado por Menéndez Pidal en años anteriores a la Guerra, y cuyo núcleo duro se encontraba entonces en el Centro de Estudios Históricos, había desaparecido por la hostilidad que el nuevo régimen había mostrado hacia sus miembros.
En el verano de 1940, Fernández Ramírez ganó por oposición la cátedra de Lengua española y Literatura del Instituto de Torrelavega y obtuvo también por concurso la recién creada cátedra de griego en el Instituto Luis Vives de Valencia y fue agregado temporalmente al Instituto Lope de Vega de Madrid.
A finales de los años cuarenta pensó en opositar a la cátedra de Gramática General, para lo que se doctoró en 1948 con una tesis sobre el pronombre; sin embargo, cuando se anunciaron las oposiciones, desistió de presentarse a estas.
En febrero de ese año comenzó a trabajar en el Seminario de Lexicografía de la Academia para colaborar en la preparación del Diccionario Histórico de la Lengua Española, donde estuvo al frente de los trabajos junto con su buen amigo Rafael Lapesa. Este trabajo culminó con una Muestra en 1951 que fue acogida con satisfacción general; sin embargo, afirma Lapesa que ni Fernández Ramírez ni él mismo estaban satisfechos con el resultado obtenido.
Entre 1952 y 1958 dio clases en el Smith College de Madrid a alumnos de español como lengua extranjera; tuvo también alumnos extranjeros en los cursos de verano que impartía en Santander1.
El 3 de diciembre de 1959 su dedicación a la filología se vio por fin reconocida e ingresó en la Academia, donde le correspondió el sillón Z; el 29 de mayo del año siguiente leyó su discurso de recepción que llevaba el título de Lengua literaria y norma lingüística, que fue respondido por José María Pemán. Este reconocimiento le acarreó un importante encargo: el de escribir la Gramática de la Academia, razón por la cual tuvo que desistir definitivamente de escribir la suya propia.
Desgraciadamente, por estas fechas su mujer Pacita, como él la llamaba, se encontraba ya afectada de arterioesclerosis, enfermedad de la que acabó muriendo y que ocupó gran parte del tiempo de Fernández Ramírez durante estos últimos años; de este modo, durante casi diez años (entre 1964 y 1974), Salvador Fernández Ramírez apenas salió de casa, por lo que su asistencia a las sesiones periódicas de la Academia fue prácticamente nula.
En 1969 la Academia planteó la necesidad de presentar en el Congreso de Caracas de 1972 la nueva Gramática, para lo cual decidió repartir la materia; de este modo, Fernández Ramírez se encargó desde este momento de la fonética, la fonología, la ortografía y la morfología y Gili Gaya escribió la parte correspondiente a la sintaxis. Rafael Lapesa señala que esta división propició que el Esbozo pudiera estar editado finalmente en 1973, pero impidió que esta obra tuviera la «deseable unidad de concepción, de método y de estilo».
En otoño de 1974, después de haberse quedado viudo, Salvador Fernández Ramírez se incorporó a las actividades de la Academia, lo cual hizo que su soledad después de la muerte de su esposa fuera más llevadera. Murió en Madrid el 9 de febrero de 1983.
Si bien Salvador Fernández dedicó toda su vida al estudio de la Gramática, su producción bibliográfica no es excesivamente prolífica. Dos son los motivos que se señalan en los textos escritos sobre este ilustre gramático: en primer lugar, todos los que lo conocieron coinciden en señalar que el primer motivo guarda estrecha relación con su carácter perfeccionista, que le hizo considerar en todo momento sus estudios como provisionales. Así, Rafael Lapesa señala que «[e]l que la obra quedase inacabada ha de atribuirse en gran parte a que su autor hubo de atender a otros trabajos que le fueron encomendados por la Academia, a sus obligaciones docentes y a las graves preocupaciones familiares que le abrumaron durante casi todo el resto de su vida; pero influyó también el ansia de perfección, que le hizo no reeditar el primer volumen sin revisarlo a fondo, cosa que no le fue posible». El segundo motivo ha sido señalado por José Polo y no es otro que la falta de financiación económica que propició que tuviera que dedicarse a otros menesteres. No podemos olvidar tampoco la escasez de trabajos anteriores sobre la gramática del español; en el prólogo de su Gramática española, Fernández Ramírez hace notar lo siguiente: «Cuando el repertorio de obras científicas de conjunto sobre una lengua determinada es abundante y variado y las publicaciones se renuevan en el tiempo con una relativa frecuencia —esto ocurre, por ejemplo, con las gramáticas científicas francesas escritas por autores nacionales o extranjeros—, la aparición de un libro nuevo se realiza con bastante comodidad. Son entonces posibles los diferentes puntos de vista desde los cuales cabe acometer el examen de un estado de lengua o de un período de evolución. El propósito general se robustece, sin dejar de sentirse solidario con las otras maneras de enfoque.» [pág. 297]
Su primera publicación data de 1930 y fue una edición prologada de los Pastores de Belén de Lope de Vega; posteriormente aparecieron en la Revista de Filología Española algunas reseñas de libros alemanes sobre sintaxis del español y un artículo titulado «Como si + subjuntivo». Antes de la Guerra Civil escribió también el prólogo a la Instrucción a la mujer cristiana, de Luis Vives y el folleto La enseñanza de la Gramática y la Literatura (escrito en 1936 pero publicado en 1941). Ya en estas fechas había empezado a concebir su proyecto de escribir una Gramática, para lo cual había recopilado más de 30.000 fichas2.
A principios de 1951 aparece publicado en la Revista de Occidente el primer volumen de su Gramática española, que recogía lo referente a «Los sonidos, el nombre y el pronombre»3. La idea de Fernández Ramírez era que esta obra constara de tres volúmenes más, uno correspondiente al verbo, otro relativo al adverbio, la preposición y la conjunción y un tercero sobre sintaxis oracional. Según cuenta Rafael Lapesa, en 1962 el segundo tomo estaba ya casi terminado, el tercero a falta solo de ser redactado y del cuarto había escrito al menos dos capítulos. Sin embargo, durante la vida del gramático no se publicó ningún volumen más sino solamente algunos artículos sueltos como «Oraciones interrogativas españolas» (BRAE XXXIX, 1959), «Algo sobre la fórmula estar + gerundio» (Studia Philologica, Homenaje a Dámaso Alonso, 1960), «A propósito de los diminutivos españoles» (Strenae, Homenaje a García Blanco, 1962) y «El concepto de forma en gramática» (Revista de la Universidad de Madrid VII, 1958, número 26). En su necrológica, Manuel Seco publica una bibliografía provisional de Fernández Ramírez que recogemos a continuación: