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Amelia de Irazazábal

Amelia de Irazazábal, in memoriam

Josefa Gómez de Enterría y Natividad Gallardo

Amelia de Irazazábal Nerpell (1926-2004): impulsora de la terminología científica en lengua española*

La terminología en lengua española ha perdido con la ausencia de Amelia de Irazazábal una de sus figuras más destacadas; los que nos dedicamos a las tareas terminológicas no la olvidaremos y echaremos en falta su autorizada voz y su buen juicio.

Había nacido en Crémenes (León), pero fue en Valladolid donde pasó su infancia y juventud. En el año 1948 obtuvo brillantemente el título de licenciada en Ciencias Químicas por la Universidad de Valladolid, y en 1953, el doctorado en Ciencias, con el máximo galardón, por la misma universidad. Por aquellos años desempeñó el puesto de profesora adjunta en la cátedra de Química Orgánica de la universidad vallisoletana. En 1968 ingresó en el Instituto de Información y Documentación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), donde desarrolló una intensa y fructífera labor hasta la jubilación, manteniendo siempre una actitud coherente de esfuerzo y trabajo continuado tanto para servir como para opinar, aconsejar y criticar en las tareas terminológicas y terminográficas.

Su pasión por el vocabulario científico y técnico, del que fue una de las mejores especialistas, se plasmó no sólo en sus numerosos trabajos, sino también en las muchas iniciativas de carácter institucional que emprendió y animó. Primero desde el CSIC, con la creación en el año 1977, junto con el profesor Criado de Val, de Hispanoterm (Centro de Terminología Científica y Técnica en Español), que fue durante mucho tiempo el único punto de referencia sobre la terminología en España. Este centro estaba enfocado a encauzar la colaboración entre lingüistas, terminólogos y especialistas científicos, buscando el equilibrio y el consenso entre los criterios lingüísticos y los normalizadores. Desde el primer momento Hispanoterm contó con el apoyo de los organismos internacionales de normalización terminológica más importantes de su momento.

Su actividad incesante en pro de la terminología en lengua española se orientó a través de los Programas de Investigación sobre la Normalización de la Lengua Científica Española que desarrolló en el ICYT (Instituto de Información y Documentación en Ciencia y Tecnología) y en el ISOC (Instituto de Información y Documentación en Ciencias Sociales y Humanidades), dirigiendo el Grupo de Terminología del CSIC, que a partir de 1985 se denominó TermEsp, el gran corazón de la terminología para el español peninsular.

Paralelamente a esta intensa actividad, desempeñada en el CSIC, y a su relación simultánea con las instituciones nacionales (UZEI y TermCat) e internacionales (Infoterm, TermNet y Unión Latina) para la elaboración y desarrollo de lenguajes documentales y tesauros multilingües, Amelia de Irazazábal se propuso también la formación de especialistas. Este proyecto se convirtió en realidad con la impartición de cursos de introducción a la terminología, primero en el ICYT y después en numerosas universidades españolas, como las de Granada, Valladolid, Alcalá, Las Palmas de Gran Canaria, Pompeu Fabra de Barcelona, Complutense de Madrid, Cádiz, País Vasco, Jaume I de Castellón, etcétera, en las que también dio cursos de doctorado. Rescatando las palabras de Amelia: «TermEsp empezó a impartir la enseñanza de la terminología en lengua española porque esta enseñanza no existía en España. Habíamos detectado dentro del panorama de la ciencia española la carencia de terminólogos y de su formación, y estábamos absolutamente convencidos de la importancia de estos profesionales para la traducción, la transferencia del conocimiento y el desarrollo adecuado de la ciencia y de la comunicación entre científicos dentro de cada área temática específica».

El grupo TermEsp promovió asimismo, por sí solo o en colaboración con otros organismos, todos los encuentros que sobre la terminología se celebraron en nuestro país cuando la terminología no era una actividad de moda, aunque no hay duda de que Amelia contribuyó a ello.

Supo aglutinar a los científicos, a los lingüistas y a los traductores por medio de la terminología, y también favoreció la traducción al español de obras básicas de la terminología internacional, participando activamente en algunas de ellas. Editó, junto con Unión Latina, el Catálogo de recursos terminológicos en lengua española.

Ya en la última década, Amelia de Irazazábal se propuso organizar el trabajo terminológico con una orientación interdepartamental e interuniversitaria, como prueba su participación en grupos de investigación de la Universidad de Granada y de la Universidad de Alcalá. Un ejemplo de su labor fue la realización bajo sus auspicios del proyecto de investigación del Ministerio de Ciencia y Tecnología «Estudio de los lenguajes especializados en español (I). Elaboración y desarrollo de vocabularios científicos y técnicos», con la colaboración de tres universidades (Alcalá, Granada y Pontificia de Comillas) y el Centro de Información y Documentación Científica (CINDOC) del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

Para todos los que tuvimos el privilegio de conocerla y de disfrutar de su magisterio y de su amistad, la falta de una amiga y maestra como lo fue Amelia no enturbia la capacidad para valorar y estimar su extraordinaria personalidad, su generosidad sin límites, ni tampoco para aprehender como merece la dimensión de su trabajo en favor de la terminología.

Amelia era, en cierto sentido, una fuerza de la naturaleza, incansable en su defensa denodada del vocabulario científico y técnico en lengua española frente a la pujanza imparable del inglés y frente a los que defienden su supremacía como lengua vehicular de la ciencia. Siempre estaba dispuesta a criticar aquello que consideraba equivocado, con un constante afán de perfeccionamiento y amplitud de miras. Sin embargo, junto a su defensa de la terminología en lengua española también argumentaba y defendía la presencia en los vocabularios científicos y técnicos de las otras lenguas de España (catalán, gallego y vasco), cuyo desarrollo apoyaba denodadamente.

Autora de más de medio centenar de glosarios, tesauros, libros y artículos, participó en numerosos contratos de investigación con empresas públicas (Comisión de la Comunidad Europea, Ministerio de Obras Públicas y Urbanismo, Ministerio de Sanidad y Consumo, Organización Mundial de la Salud, etc.) y privadas (Logomotiv, Mapfre, Airtel...). También compartió la autoría científica con su marido, Miguel Pedro de Andrés, colaborando con él en la elaboración del Stahleisen-Wörterbuch (Deutsch-Spanisch, Spanisch-Deutsch) Diccionario hierro y acero (alemán-español, español-alemán).

Junto con su esposo, investigador científico como ella, y con sus diez hijos y sus numerosos nietos, fue capaz de construir un entrañable núcleo familiar que irradiaba afecto, simpatía, lealtad y amistad.

La Universidad de Granada le concedió la medalla de oro como muestra de reconocimiento a su asidua colaboración con los estudios de traducción e interpretación. Como colofón a su dilatada carrera, en el año 2003 el International Information Centre for Terminology (Infoterm) le concedió el Premio Eugen Wüster, galardón otorgado a investigadores que han destacado internacionalmente en el campo de la terminología.

En muchas ocasiones no somos conscientes de lo afortunados que hemos sido en nuestra formación académica cuando encontramos en el camino a una persona que nos sirve de guía en el desarrollo de nuestra faceta profesional, de modelo académico y humano; más aún cuando la estrella ha sido de tal sencillez que jamás necesitó demostrar su validez científica, la fuerza que irradiaba en todo lo que emprendía, su tesón en la defensa de la terminología de la lengua científica española, el entusiasmo con el que iniciaba todo tipo de proyectos, etcétera, porque era reconocida y respetada por todos los que tuvimos la gran oportunidad y la suerte de conocerla. No nos gustaría que estas palabras se interpretaran únicamente como el agradecimiento póstumo a una gran maestra y amiga; nuestra intención es compartir con los jóvenes traductores y terminólogos lo que Amelia de Irazazábal ha supuesto para la terminología en España. Reconocemos que la responsabilidad de no saber transmitir su relevancia en la comunidad científica y su trayectoria a lo largo de todos sus años de trabajo e investigación nos abruma; en especial cuando se trata de enmarcar un trabajo basado en un currículum como el de Amelia.

Durante el último año, luchaba denodadamente contra la enfermedad, pero la extrema dureza de ésta no fue capaz de arredrar a Amelia, siempre firme con sus profundas convicciones cristianas y su gran inteligencia. Sobrellevaba la dolencia con enorme entereza e incluso con humor, como nos demostró con su participación activa en la V Jornada de la Asociación Española de Terminología (AETER), celebrada en la Universidad de Alcalá apenas un mes antes de su muerte, donde nos dio, una vez más, buena prueba de su enorme resistencia y generosidad. Su entusiasmo por la vida la hizo ocuparse hasta el último instante de los problemas terminológicos: estuvo pendiente hasta dos días antes del fatal desenlace de los preparativos para el IX Simposio Iberoamericano de la Terminología de Riterm (Red Iberoamericana de Terminología), de la que ella era presidenta honorífica, y protagonista indiscutible en su puesta en marcha.

Su pérdida deja a los terminólogos del español con un gran sentimiento de tristeza y un enorme vacío que solo pueden compensar los jóvenes científicos, terminólogos y traductores siguiendo su ejemplo y su magisterio y luchando en favor del afianzamiento de la terminología en lengua española con el criterio, la fuerza y el rigor que Amelia de Irazazábal fue capaz de transmitir. La terminología española ya no será la misma después de Amelia de Irazazábal. No la olvidaremos y echaremos en falta su autorizada voz y su buen juicio.

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