M. Antònia Julià i Berruezo y Montserrat Serra Figueras. TermCat
En el contexto de esta jornada dedicada a reflexionar sobre la comunicación del conocimiento científico, tanto desde una perspectiva lingüística como pedagógica, el objeto de esta presentación será aportar una visión particular sobre cómo entendemos que se puede mejorar la calidad comunicativa del discurso científico desde el punto de vista de un centro de terminología como TermCat, que lleva casi veinte años desempeñando su labor como organismo normalizador y difusor de la terminología catalana.
Cuando desbrozábamos nuestras ideas acerca de las relaciones entre trabajo terminológico y comunicación científica, dibujamos esquemas y líneas para describir las vías de circulación de los términos a través del discurso especializado. La discusión nos apasionó y el esquema nos quedó redondo, el acabado perfecto de acuerdo con los esquemas mentales de un terminólogo. Luego decidimos titular nuestra comunicación «El papel de los organismos normalizadores y difusores de la terminología en la comunicación científica» porque queríamos centrarnos en ese momento del recorrido. Al empezar a ordenar esos esquemas, nos dimos cuenta de que lo que habíamos estado dibujando no correspondía a una descripción de la función real que un centro normalizador y difusor de la terminología como el nuestro ejerce en la comunicación científica, sino más bien el escenario futuro en el que querríamos vernos retratados. Para lo cual es necesario que previamente la sociedad, o los científicos, reconozcan esta capacidad de actuación para evitar que la lengua se convierta en un escollo insalvable para la difusión del progreso de la ciencia, en determinados momentos. Por ejemplo, cuando la aparición de un neologismo, especialmente el procedente de otra lengua, entorpezca la fluidez y la eficacia del discurso.
Cuando nos referimos a organismos normalizadores y difusores de terminología estamos pensando en un centro como TermCat, cuyo trabajo básico consiste en normalizar terminología: analizar un dominio de trabajo, sistematizar los conceptos pertinentes, y denominarlos a partir de un trabajo previo de elección de las formas adecuadas, y de rechazo de las inadecuadas, basando tal elección en las decisiones tomadas por unos organismos autorizados —el Consejo Supervisor en el caso de la terminología catalana1—. Las recopilaciones terminológicas de TermCat tienen pues una función prescriptiva.
Un organismo normalizador y difusor tiene como un objetivo principal el elaborar los recursos terminológicos necesarios para facilitar el uso de una lengua determinada en todos los ámbitos técnicos y científicos (y cuando hablamos de elaborar incluimos también la coordinación o asesoramiento de los equipos de trabajo que los elaboran).
Inherente a este objetivo de dotar de recursos terminológicos a los profesionales de la ciencia, está la meta de difundir esos recursos, de darlos a conocer y hacer que lleguen a sus destinatarios, con la finalidad de que los utilicen; con ello, cada profesional, cada especialista de un ámbito, cada usuario de esa terminología se puede convertir a su vez en difusor-multiplicador dentro de su ámbito profesional.
La decisión sobre qué tipo de recursos y, sobre todo, de qué temática, se van a elaborar se fundamenta en un análisis de necesidades previo, que va a permitir detectar en qué ámbito hace falta intervenir, qué tipo de necesidades terminológicas tienen los profesionales de ese ámbito y, por tanto, qué tipo de producto terminológico va a ser el apropiado para intentar ámbito y, por tanto, qué tipo de producto terminológico va a ser el apropiado para intentar resolver esas necesidades. Aparte del análisis de necesidades, existen otros canales por donde llegan las demandas de intervención. En el caso de TermCat, los canales de entrada son el Servicio de Consultas; Cercaterm (servicio de consultas multilingüe en línea); la Antena de Terminología (foro de comunicación entre TermCat y los profesionales de los medios de comunicación); las peticiones de intervención o normalización por parte de especialistas, de servicios lingüísticos o de organizaciones profesionales; las actuaciones relacionadas con programas políticos de promoción del uso de la lengua en ámbitos sociales concretos (los seguros o el deporte, por ejemplo), etc.
Hasta ahora nos hemos estado refiriendo a la comunicación científica, al discurso científico o a los textos científicos. Aunque con toda seguridad las coordenadas en las que nos estamos moviendo son las mismas para todos los asistentes a esta jornada, consideramos que merece la pena enumerar brevemente las características propias de los textos especializados sin entrar a discutir el marco teórico, que no resulta aquí procedente dada la extensión y el objetivo de nuestro trabajo.
La calidad de un texto científico está en relación directa con el grado de precisión, claridad, neutralidad, funcionalidad y sistematicidad que este presenta. Dichas propiedades definen tanto el rigor científico como la eficacia comunicativa de un texto especializado y vienen determinadas básicamente por el uso de una terminología adecuada. La selección léxica —es decir, el uso de terminología— es sin duda el aspecto más peculiar e intrínseco de los textos especializados, y, al mismo tiempo, es en los textos especializados donde los términos se encuentran en su estado natural.
Vamos a ejemplificar cómo mediante la intervención de un organismo normalizador se puede conseguir que una terminología reúna las características que citábamos más arriba. Y lo haremos con casos reales tomados de nuestra experiencia cotidiana en la elaboración de diccionarios terminológicos, que son la principal vía de detección de neologismos desde el momento en que hay que denominar todos los conceptos del dominio temático de estudio. Algunos de estos neologismos, los que presentan problemas formales, pasarán por un proceso de normalización2, en el que van a ser estudiados más a fondo a fin de consensuar, entre lingüistas y expertos, denominaciones adecuadas.
Los ejemplos que presentamos proceden de trabajos de TermCat más o menos recientes y se centran en las dos propiedades más significativas de los términos, la precisión semántica y la adecuación.
Un primer ejemplo relativo a la precisión semántica procede de un diccionario de inmunología que está en fase de edición y presenta el caso de las parejas de términos afines immune/immunitari y immunològic/immunitari. Durante la elaboración de esta obra se planteó la necesidad de mantener la distinción entre ambas parejas de términos, muy significativos en su ámbito de estudio, que se usan con frecuencia como sinónimos.
- immune
- esp. inmune
- eng. immune
- Que posee inmunidad.
- immunitari
- esp. inmunitario
- eng. immune
- Relativo o perteneciente a la inmunidad.
- immunològic
- esp. inmunológico
- eng. immunologic; immunological
- Relativo o perteneciente a la inmunología.
En el primer par de términos, immune/immunitari, la práctica común convierte el primero en sinónimo del segundo en determinados contextos, de manera que se genera una contradicción entre términos formados a partir de la misma base, que tienen significados opuestos: por ejemplo, malaltia autoimmune (‘enfermedad autoinmune’) y individu hiperimmune (‘individuo hiperinmune’). Lo adecuado, en este caso, es referirse a malaltia autoimmunitària (es decir, enfermedad debida a la acción de la inmunidad y del sistema inmunitario) y a individu hiperimmune (o sea, individuo que posee mayor inmunidad que la esperable normalmente).
En cuanto al segundo par, immunològic/immunitari, el establecimiento de una sinonimia, justificable de alguna forma por un uso metonímico, si bien no produce contradicción semántica, sí que difumina la frontera nocional entre los dos términos y empobrece la deseable precisión terminológica: tècnica immunològica, sistema immunològic (y no digamos ya cuando, enlazando esta cuestión con el anterior par de términos, se lee en algún texto especializado el término, realmente infeliz, sistema immune). Así, es mucho más preciso hablar de tècnica immunològica (‘técnica inmunológica’, técnica relativa a la inmunología) y de sistema immunitari (‘sistema inmunitario’, sistema del organismo de los vertebrados que incluye el conjunto de tejidos, células y moléculas implicados en la inmunidad).
Un segundo ejemplo que ilustra la necesidad de precisión terminológica proviene de un diccionario sobre la nieve. Un equipo de geólogos especialistas en aludes participaba en un proyecto europeo que incluía un estudio sobre el estado de la cartografía y el establecimiento de modelos de aludes, además de un sistema de prevención de aludes para Europa. Para todo ello se creyó necesario homogeneizar los conceptos y denominaciones en las diversas lenguas de la Unión Europea. Se estableció la clasificación de aludes de acuerdo con diferentes criterios, como son el tipo de nieve (lo que a su vez obligó a fijar las denominaciones catalanas para la clasificación de los tipos de nieve, también según diferentes criterios), el modo de desencadenarse, el espacio físico por donde circula el alud, la causa del desencadenamiento, la presencia o no de materiales que va arrastrando a su paso, si afecta todo el manto nivoso o sólo su superficie, etc.
- allau de neu humida
- esp. alud de nieve húmeda
- eng. wet snow avalanche
- neu mullada (nieve mojada)
- Cuando se aprieta con el puño pierde agua.
- neu humida (nieve húmeda)
- Cuando se aprieta con el puño queda compacta.
- allau de neu seca
- esp. alud de nieve seca
- eng. dry snow avalanche
- neu seca (nieve seca)
- Es imposible hacer una bola con ella.
- allau de fons
- esp. alud de fondo
- eng. full-depth avalanche; ground avalanche
- Alud que afecta todo el manto nivoso y circula directamente sobre el suelo.
- allau de superfície
- esp. alud de superficie
- eng. surface-layer avalanche
- Alud que sólo afecta las capas superiores del manto nivoso.
Un ejemplo muy reciente que nos permite captar cuán importante es la adecuación sociolingüística de un término surgió en el curso de elaboración de un diccionario sobre el sida. Dos de los términos incluidos en dicha obra presentaban problemas formales, que obligaron a su estudio por parte del Consejo Supervisor: se trata de los términos ingleses naive lymphocyte y naive patient, que comparten un mismo adjetivo con un sentido figurado común. En consecuencia, la solución adoptada para ambos casos debía contemplar una coherencia formal. Para el primer término se propuso la forma limfòcit naïf (paralela a la forma inglesa) con el sinónimo limfòcit verge (limfocito virgen), forma utilizada por los especialistas y difundida en alguna obra de referencia en lengua catalana. En cambio, para el segundo se normalizó exclusivamente la forma pacient naïf. El posible sinónimo pacient verge (‘paciente virgen’) se desestimó porque era una denominación muy connotada.
- limfòcit naïf (sin. limfòcit verge)
- esp. linfocito naive; linfocito no estimulado; linfocito virgen
- eng. naive lymphocyte; virgin lymphocyte
- Linfocito que no ha interactuado con su antígeno específico.
- pacient naïf
- esp. paciente naive
- eng. naive patient
- Paciente que no ha sido sometido a ningún tratamiento, especialmente a ningún tratamiento antirretroviral en la infección por el VIH.
Otro caso de adecuación se planteó cuando hubo que rotular los contenedores de reciclaje amarillos, que en Cataluña recogen plástico, metal y Tetra Brik. En catalán existía una forma tradicional de denominar los envases de Tetra Brik de leche (los primeros que aparecieron y durante tiempo los únicos): cartró (‘cartón’). Desde TermCat se difundía esta denominación. Y todo funcionó hasta que empezó el reciclaje masivo. El Departamento de Medio Ambiente de la Generalitat tuvo que etiquetar los distintos contenedores y, claro está, en los contenedores amarillos había que escribir «plástico, metal y Tetra Brik».Y pidió el asesoramiento de TermCat para encontrar una solución. Sustituir la denominación comercial Tetra Brik por cartó generaba un problema obvio si uno se ponía en situación: al lado del contenedor amarillo suele haber uno verde y otro azul. Con el verde no hay problema (es sólo para vidrio), pero el azul es para papel y cartón. Así pues, bric, la adaptación gráfica de una parte del nombre comercial, se consideró la solución más adecuada para resolver el caso.
- bric (den. com. Tetra Brik)
- esp. brik; tetrabrik
- eng. brick; cartón
- Envase de cartón impermeabilizado, generalmente de forma paralelepipédica, para productos alimentarios líquidos.
Por último, aportamos un tercer caso práctico de la importancia de la adecuación, en este caso a los requisitos de neutralidad, procedente del diccionario de inmunología ya citado anteriormente. Los especialistas habían propuesto el término lisi de l’espectador (‘lisis del espectador’, o sea, ‘muerte del espectador’) como alternativa catalana para el término bystander lysis. Se trataba, sin embargo, de una solución inadecuada que inducía a equívoco, ya que la metáfora en que se basa no funcionaba en catalán (e incluso suena un tanto amenazadora, así, desprovista de contexto). Por lo tanto, se estudió este caso y se estableció la forma lisi per proximitat (‘lisis por proximidad’) mucho más neutra y objetiva.
- lisi per proximitat
- eng. bystander lysis
- Lisis (destrucción) de células cercanas a un lugar en el que se produce una respuesta inmunitaria sin que éstas intervengan en la activación de tal respuesta.
Con los casos expuestos hemos querido poner de manifiesto el beneficio mutuo que supone para terminólogos y científicos la colaboración en el tratamiento de los neologismos en particular y en el trabajo terminológico en general. Los resultados objetivos de ese trabajo conjunto se traducen, por una parte, en la calidad de los diccionarios terminológicos publicados y, por otra, en la sensible mejora de la eficacia comunicativa de los textos especializados que utilizan esa terminología adecuada recopilada en los diccionarios.
Con ello queremos subrayar nuestra idea de que los organismos normalizadores están llamados a tener un papel destacado en la comunicación científica, y por lo tanto es necesario fomentar el reconocimiento social de este papel, especialmente en el entorno multilingüe en que se desenvuelve la sociedad actual y tiene lugar la comunicación científica.
Si los organismos normalizadores de terminología consiguen desempeñar ese papel fundamental, tal logro repercutirá en tres aspectos:
Por otra parte, merece la pena resaltar que los científicos que han colaborado en la fijación de la terminología se convierten a su vez en difusores dentro de su entorno profesional. Especialmente interesante es el caso de los profesores, los difusores ideales de la terminología, ya que transmiten a la vez concepto y denominación, y forman futuros profesionales que han adquirido la terminología adecuada en un contexto de aprendizaje.
Finalmente, nos parece imprescindible insistir en una propuesta ya casi recurrente en foros como éste: abogar por incluir la formación terminológica en los diversos planes de estudios, especialmente a nivel universitario, lo que potenciaría las habilidades lingüísticas de los futuros científicos, particularmente en lo concerniente a la detección de neologismos problemáticos o a la capacidad para formular propuestas consistentes basadas en los recursos propios de la lengua. Estos científicos formados en terminología serían mejores especialistas asesores en la elaboración de diccionarios terminológicos, y así cerraríamos, felizmente, el círculo.