Centro Virtual Cervantes
Lengua
AETER > Índice > Las estructuras implícitas en un diccionario de especialidad
AETER

Las estructuras implícitas en un diccionario de especialidad

Cristina V. González Sánchez. Real Academia Nacional de Medicina

Los términos que forman un diccionario de especialidad están interconectados en distintos niveles. Es tarea del terminólogo construir un esqueleto sobre el que los términos puedan colocarse con coherencia y una serie de interconexiones que permitan ir de un término a otro para obtener la mayor información pertinente que sea posible en cada consulta. El objeto de esta comunicación es dar una visión de algunas de las diferentes estructuras que se pueden emplear para la elaboración de diccionarios de especialidad, y mostrar de qué modo se han aplicado en tres diccionarios terminológicos concretos en cuya elaboración he participado: el Diccionario de telefonía y de las comunicaciones móviles, coeditado por la Universidad Antonio de Nebrija y la Fundación Airtel con la coordinación de Amelia de Irazazábal, el Diccionario español de la energía, editado por ENRESA bajo la dirección de Ángel Martín Municio y Antonio Colino Martínez, y el Diccionario terminológico de las ciencias médicas, que actualmente está elaborando la Real Academia Nacional de Medicina, con la participación de Fernando Navarro, Fernando Pardos, Ignacio Navascués, Carmen Remacha y la mía propia, bajo la dirección académica de Hipólito Durán.

En primer lugar, no podemos olvidar que los términos están formados por palabras y que el primer acceso que el usuario tendrá al diccionario es el orden alfabético (salvo que estemos ante una edición digital). Por ello, es necesario crear un sistema de envíos que lleven de la palabra al término. Como ejemplo, tomaremos el sistema de envíos del Diccionario español de la energía. En este diccionario se han dado de alta envíos en todos los vocablos que forman parte de otros términos, con excepciones, como los términos gramaticales. El sistema contempla que algunos términos pueden estar incluidos en otros (p. ej. respuesta espectral y curva de respuesta espectral) y que es necesario vincularlos. Además, este diccionario aporta enlaces entre términos para facilitar la búsqueda de información complementaria. Gráficamente, estos enlaces se diferencian de los envíos porque se encabezan con un cuadratín negro (■) y por la abreviatura Vid., mientras que los envíos se separan del resto del artículo o del lema por un cuadratín blanco (□) y su abreviatura es V.

En un segundo nivel, los términos configuran una red léxica de la cual nos interesan especialmente las relaciones de sinonimia, hiperonimia y meronimia.

Antes de abordar este punto me parece interesante hacer un inciso sobre la validación de los términos en estos tres diccionarios y la selección de un término como preferido con respecto a sus sinónimos.

El Diccionario de telefonía y de las comunicaciones móviles se hizo con criterios descriptivos. Se pretendió con él vincular a cada concepto el término o términos que le pertenecen en diferentes lenguas con un criterio no preceptivo, aunque sí orientador. En este ámbito terminológico, la mayoría de los términos han sido concebidos y acuñados en inglés y después trasladados al español, y se han recogido todos los términos que el uso de los técnicos ha sancionado como buenos, aunque algunos puristas podrían resistirse a aceptarlos.

En el Diccionario español de la energía, la validación de los términos correspondió a los especialistas, que seleccionaron el lemario y establecieron las preferencias.

En la obra que actualmente está abordando la Real Academia Nacional de Medicina se pretende realizar una labor normalizadora en este ámbito del léxico. Esta Academia, como institución de avalado prestigio en el ámbito de las ciencias médicas, quiere con este diccionario establecer el léxico, las variantes preferidas, permitidas y desaconsejadas (barbarismos, variantes obsoletas, etc.), y ofrecer información normativa sobre los términos que incluya.

En los tres diccionarios que estamos usando de referencia, la sinonimia tiene un tratamiento similar. Los términos sinónimos se vinculan mediante remisiones. El término en el que se encuentra la definición muestra de algún modo la preferencia de los autores por dicho término frente a sus sinónimos. En el lugar que le corresponde al otro término se inserta una entrada con una remisión en lugar de definición. De este modo se evita la reiteración de acepciones. Además, en la entrada del término preferido (el que contiene la definición), se ofrecen los referentes sinonímicos.

A continuación, vemos el tratamiento de la sinonimia en los ejemplos concretos de las palabras agarre y enganche en el Diccionario español de la energía. Aunque ambas entradas son sinónimas en su acepción de hidrocarburos, vemos que enganche tiene un significado en el ámbito de la electricidad que no tiene el término agarre. Además, el diccionario muestra su preferencia por el término agarre para la acepción de hidrocarburos, y es en esta entrada donde ofrece la definición y el resto de la información: equivalente inglés y enlaces con otros términos (Véase el cuadro 1).

Las redes de hiperonimia y meronimia son estructuras típicamente utilizadas como herramienta para el terminólogo. La existencia de una red de hiperónimos no es tan habitual, y, cuando existe, no es frecuente que se presente al usuario. Su aplicación más directa es la elaboración de esquemas de definición para grupos de cohipónimos.

En el Diccionario español de la energía no se trabajó a partir de una red compleja de hiperónimos, pero sí se utilizó en algunos ámbitos limitados, como, por ejemplo, en la recopilación y definición de elementos químicos.

La definición de los elementos químicos se homologó según el modelo que presenta el cuadro 2.

Que se puede ver seguidamente, aplicado a la definición del litio y del potasio, en el cuadro 3.

Es evidente que el hecho de reconocer los elementos químicos como grupo homogéneo y de establecer los datos imprescindibles para la definición y los nexos oracionales confiere a estas entradas una sistematicidad deseable en cuanto a los datos aportados y a la forma de describirlos. Recordemos que, según la norma ISO 1087 de 1990, definición es el «enunciado que describe una noción y que, dentro de un sistema nocional, permite diferenciarla de otras nociones».

En casos como la serie de los elementos químicos, cada unidad está definida por un conjunto sistemático de características o rasgos que lo integran en el grupo y lo diferencian del resto de las unidades por oposición. En el caso de los ejemplos anteriores, el litio y el potasio son ambos elementos químicos del grupo de los alcalinos, pero se oponen entre sí en otros rasgos definitorios: número atómico, masa atómica, configuración electrónica, etc. El hecho de que todos estos datos aparezcan en lugares fijos dentro de la definición permite al usuario encontrar rápidamente la información que necesite.

Pero está claro que no siempre, es más, rara vez el lenguaje nos ofrece grupos tan homogéneos como el de los elementos químicos.

Lo ideal es localizar, en una primera fase del trabajo terminológico, el mayor número posible de grupos de términos relacionados entre sí por vínculos de hiperonimia, como el visto anteriormente, o de meronimia, como por ejemplo los nombres de las partes de una disciplina o de las piezas de un instrumento, de modo que se puedan elaborar a priori esquemas definicionales para estas series.

De este modo, en el Diccionario terminológico de las ciencias médicas nos encontramos actualmente en la fase de selección y estructuración del léxico y de creación de estos modelos de definición.

Por ejemplo, una vez establecido que existe un grupo de cohipónimos bajo el hiperónimo ‘enfermedad’, y que dicho grupo puede contar con elementos clasificados dentro de varios grupos del sistema conceptual de las ciencias médicas, se procede a seleccionar la información pertinente, obligatoria o recomendable, que debe aparecer en la definición. A partir de estos datos, se elaboran plantillas con los esquemas definicionales en los que se establece no solo la información sino también los nexos oracionales, para que la sistematicidad sea completa.

La plantilla anterior, como hemos dicho, puede aplicarse a términos de varios grupos dentro del sistema conceptual. Es el mismo caso que otras plantillas, como podrían ser las de instrumental médico, procedimientos de diagnóstico, tratamientos, etc. Sin embargo, hay plantillas que solamente podrán aplicarse a términos dentro de una rama del sistema conceptual. Por ejemplo, la plantilla de huesos o de nervios solamente podrá aplicarse a determinados términos dentro del campo anatomía.

Otro nivel de estructuración del léxico está constituido por los sistemas conceptuales, que pueden ser de varios tipos, desde una subdivisión simple en un número limitado de áreas temáticas con un solo nivel, en cuyo caso suelen aparecer en el diccionario marcas temáticas que asignan a cada acepción una de estas áreas, hasta un sistema de conceptos en varios niveles ramificados. Si este sistema se establece de partida, todo el material se podrá ordenar según criterios temáticos. Es esencial para repartir el trabajo entre los especialistas que colaboren y para detectar la ausencia de algún concepto, la presencia de redundancias, etc.

En el Diccionario español de la energía se compartimentó el ámbito energético en cinco parcelas, en cada una de las cuales trabajó un grupo de especialistas. Estas parcelas son: carbón, electricidad, hidrocarburos, nuclear y energías renovables. Las acepciones correspondientes a cada uno de estos grupos están señaladas con una marca temática en cursiva.

En el Diccionario de telefonía y de las comunicaciones móviles se estableció un sistema jerárquico más complejo, consensuado entre terminólogos y especialistas, que estuvo presente en todas las fases del proyecto, desde la selección del corpus de textos para su vaciado. Esto permitió que la distribución de términos en los grupos del sistema conceptual estuviese compensada, ayudó a evitar las redundancias internas y a detectar posibles círculos, términos sinónimos, etc. Además, se utilizó esta clasificación en el reparto de los términos para su procesamiento, elaboración de definiciones, búsqueda de equivalentes en otras lenguas, etc. (Véase el cuadro 4).

En el Diccionario terminológico de las ciencias médicas, el sistema de conceptos todavía está en fase de elaboración. Pretendemos establecer una clasificación conceptual multidimensional, basada en una clasificación jerárquica de varios niveles, pero que comprenda también relaciones horizontales entre grupos. Por ejemplo, el grupo neurología, que dependerá jerárquicamente de medicina interna, estará vinculado dentro de nuestra ontología con el grupo neurocirugía, que jerárquicamente dependerá de cirugía.

Esta clasificación nos permitirá abordar la construcción de la base de datos desde una perspectiva semasiológica. Pretendemos que refleje una visión amplia y consensuada del ámbito de la medicina y que nos permita de este modo elaborar una terminología controlada, coherente y sistemática. También buscamos que el léxico seleccionado para nuestro lemario represente proporcionadamente los ámbitos del conocimiento médico, y especialmente en los campos más innovadores o de más reciente desarrollo.

Paralelamente, y dado que partimos de una base de datos inicial elaborada según las aportaciones de los propios académicos de la Real Academia Nacional de Medicina, estamos realizando un acercamiento onomasiológico, cotejando esta base de datos con otros diccionarios de demostrado prestigio, para acotar un corpus básico de términos comunes a los que se adjudica un grupo dentro del sistema conceptual. De este modo nos aseguramos de no obviar ningún término imprescindible.

En definitiva, la combinación de una red de hiperónimos y un sistema de conceptos en la base de datos que utilicen los terminólogos y la posibilidad de realizar todo tipo de búsquedas combinadas, filtros sobre las búsquedas y exportación de material acotado, permite optimizar la organización y distribución del trabajo y especializar las revisiones, y tiene como fin que el resultado que llegue a manos del usuario sea un conjunto lo más coherente y compacto posible.

Aunque en esta comunicación me he centrado en el uso de estos niveles de estructuración como esqueleto interno para la construcción de la base de datos terminológica, dado que esta jornada tiene como título «Comunicar y enseñar a comunicar el conocimiento científico» no me gustaría terminar sin apuntar la posibilidad de utilizar estas estructuras para la adquisición de vocabulario.

Una red léxica bien construida permite plantear ejercicios en los que el alumno navegue por series de sinónimos, busque e identifique grupos de cohipónimos, localice los hiperónimos y busque los rasgos semánticos de estos que heredan sus hipónimos, los que son comunes y los diferenciadores, etc. Por ejemplo, se le puede pedir que busque la serie de los elementos químicos, que extraiga de las definiciones los rasgos comunes y diferenciadores y que elabore una tabla con esta información y, finalmente, que compare estas definiciones con la del término elemento químico en el Diccionario español de la energía.

También se le puede pedir al alumno que identifique términos dentro de definiciones y que localice las entradas correspondientes, o que navegue entre los enlaces con términos relacionados para ampliar información.

Además, en caso de que el usuario disponga de una versión electrónica o de un acceso electrónico a la base de datos, se le pueden ofrecer múltiples aplicaciones útiles para la redacción de textos o para la adquisición de vocabulario, como la posibilidad de desplazarse a través del hipertexto a términos relacionados con el que se está consultando, o la posibilidad de desplegar el sistema de conceptos para buscar el léxico perteneciente a un tema concreto. Solo por apuntar alguna idea, se puede pedir al alumno que desarrolle un texto utilizando léxico incluido en una de las ramas del sistema de conceptos.

Bibliografía

  1. Diccionario de telefonía y de las comunicaciones móviles (2000). Madrid: Fundación Airtel.
  2. Diccionario español de la energía (2003). Madrid: Enresa.
  3. Vocabulario de telefonía y comunicaciones móviles (1998). Madrid: Fundación Airtel.
flecha a la izquierda (anterior) flecha hacia arriba (subir) flecha a la derecha (siguiente)
Centro Virtual Cervantes © Instituto Cervantes, . Reservados todos los derechos. cvc@cervantes.es