Nos habían hablado muy bien de Zouhair. Pedro, un compañero suyo de clase, nos lo había descrito como un chaval un tanto tímido, al que le costó un poco integrarse en las clases y en el ambiente del colegio Santa Ana en el que estudia en Guadalajara. Así escribió sobre él: «Al principio, cuando Zouhair vino nuevo a nuestra clase me pareció un poco tímido, parecía que no quería juntarse con el grupo de chicos que éramos en clase. Me imagino que tendría vergüenza. Como lo veía siempre solo, le decía que se viniera con nosotros y él obedecía…». Tanto le costaba estar con los otros compañeros de clase que incluso al principio a Pedro, que ahora es un buen amigo suyo, le caía un poco mal. Luego, cuando se fue abriendo a lo que le rodeaba, todos descubrieron en Zouhair la riqueza que puede suponer tener un compañero que viene de otra cultura, que puede hablar de otras costumbres, de otra forma de ser. Y el propio Pedro confiesa: «Yo sé que con Zouhair todo el colegio hemos aprendido mucho de sus costumbres, de Marruecos, de su personalidad, de su forma de ser… Y al igual que nosotros hemos aprendido mucho de él, creo que él también ha aprendido mucho de nosotros. Ahora que hablo con Zouhair todos los días, que está con nosotros en las clases, en el comedor, etc. lo veo como un buen amigo que me puede ayudar, al igual que yo puedo ayudarlo a él».
Mercedes, una de sus profesoras, no dejaba de elogiar las ganas de aprender de Zouhair y sus deseos de integrarse y de formar parte del colegio. Por otro lado, resaltaba la riqueza que había supuesto para el colegio tener a Zouhair en clase, por todo lo que había supuesto de ampliación de los horizontes culturales de sus compañeros. Y de ese mismo enriquecimiento cultural hablaban otros compañeros de la clase de Zouhair: «Nosotros hemos ayudado a Zohuair con sus problemas (como aprender español) y él ha ampliado nuestra cultura transmitiéndonos los rasgos más característicos de la vida en Marruecos, de sus costumbres y de su religión».
Cuando nosotros nos entrevistamos con Zouhair percibimos esa timidez y esas enormes ganas de aprender, pero también otras cosas. Zouhair Al Fahmi es, a sus trece años de edad, un chaval inteligente y despierto. Parece serio, pero no lo es. Es cierto que es algo tímido, pero también alguien que parece saber lo que quiere, y que, con una madurez que sorprende para su edad, sabe que eso exige unos cuantos sacrificios que está dispuesto a aceptar.
Hace un tiempo sus padres decidieron que su futuro sería mejor si dejase de estudiar 6.º de Primaria en una escuela marroquí de Tetuán y viniese a España para seguir estudiando. Él sintió un poco de miedo cuando le comunicaron la decisión, pero la aceptó, aún sabiendo que su vida iba a cambiar totalmente. Desde entonces vive en Guadalajara, la ciudad donde ya residía su abuela.
En el primer año de asistencia a clase sorprendió a todos por la rapidez con que se familiarizó con el español y se adaptó al nuevo entorno. Incluso mostraba curiosidad por participar en las celebraciones del colegio religioso donde estudiaba. Ha habido cosas que le han costado, es cierto. Por ejemplo, acostumbrado a las formas de relación entre hombres y mujeres en la sociedad marroquí, al principio no le fue fácil relacionarse con las chicas de la clase. Pero luego, asegura que sabe disfrutar de las nuevas cosas que ha aprendido en España. Y con esos ojos que parecen tener muchos más años, Zouhair nos mira y afirma: «Aquí me estoy construyendo una nueva vida, y tengo que aprovechar esta oportunidad». Tan consciente es de ello que no ha mostrado interés alguno por refugiarse en los recuerdos de su vieja vida: ya la mayoría de sus nuevos amigos son españoles.
Claro que Zouhair echa de menos cosas de Marruecos, pero piensa que su futuro está aquí en España, aunque su país siempre será un buen lugar al que ir de vacaciones y un lugar que llevar en el corazón. No puede evitar sentir nostalgia de algunos amigos y de la familia que quedó en Marruecos. Pero sabe que la distancia es el precio que ahora tiene que pagar para cumplir sus sueños. Uno de esos sueños, todavía algo confuso, es el de ser piloto. Ya se ha informado y sabe que muchos pilotos españoles se forman en el ejército y luego pasan a las líneas comerciales, y nos pregunta para tener más datos, por si sabemos cuánto puede costar un curso de piloto en una escuela privada, o cualquier otra cosa. No tenemos mucha idea Zouhair, pero sí que nos gustaría que, hagas lo que hagas, siempre vueles alto. Tranquilo, como tú demuestras ser. Pero alto, lo más alto posible.