Y ahora, ¿qué estás haciendo? ¿Crees que es lo correcto? Realmente no puedo entenderlo. ¿Acaso no ves que estás haciendo sufrir a la gente? Mientras tú pierdes la cabeza, nosotros perdemos nuestros derechos.
Y dime: ¿qué piensas hacer con nosotros?
Trajeron a una niña del sur para servirte.
¡Son tus pecados los que caen sobre mí!
Pero tienes que recordar que:
No necesito mi libertad para hacer las cosas que tú haces.
Solo necesito un sitio donde ser yo misma.
Eres el hijo de una reina que necesita miles
de sirvientes,
no pareces entender que ya no son tiempos de esclavitud.
Tú, príncipe de la Violencia, y tu
madre, la reina,
intentando reinar en vuestro sangriento reino.
Tú sigue obedeciendo a tu más primitivo caos y siguen tus pecados cayendo sobre mí.
Pero tienes que recordar que:
No necesito mi libertad para hacer las cosas que tú haces.
Solo necesito un sitio donde ser yo misma
[Primera parte hablada]
La
historia de Sudán solo la conoce el Nilo... y la conoce la Luna.
¡Eh Nilo!, habla, dinos quiénes somos, de dónde venimos y quién era nuestro Padre, y tú Luna, rompe tu
silencio y di lo que sabes,
que no somos ni árabes, ni africanos... solamente sudaneses... nuestro Padre, tan negro
como el carbón, alto y apuesto, de sangre noble y de alto linaje, vivió en el desierto,
en las montañas del Nuba y en la Selva. Y hasta hoy vive en nosotros.
[Segunda parte hablada]
¿Quién decidió un día que: mi madre, mi tía Su'ad, Zheinab y Aisha, la Shaiguía son mejores que Amna, la Nubauía? ¡Si ella también se lava las manos antes de comer y dice «Bismil'lah»! Corriendo de tienda en tienda, amasando el pan, regando el patio para barrerlo y nos llama «¡mi hijo!» y «¡mi hija!».
¿Dónde está la diferencia entre nosotros y
ella? ¿Dónde están sus costumbres? Amna di «Bismil'lah». Amna no hables en
tu lengua. Amna hazte musulmana.
Amna, Amna, ¡incluso te llamamos Amna!