Moralzarzal
Rajendra, o Raja, como le llaman sus amigos, es un hombre vital,
sincero, paciente en las formas, pero aventurero de espíritu.
Desde 2001 vive en España, lugar al que le trajo el deseo de
vivir con Ana, su mujer, y donde ha visto nacer a su primera
hija, Alicia.
En esta entrevista nos habla de sus experiencias en España y de
su país, Sri Lanka, a la vez que reflexiona con nosotros sobre la relación
que existe entre la comida y la cultura.
En la entrevista, Rajendra contesta a las preguntas que aparecen en cada uno de los recuadros. Si quieres conocer sus respuestas pincha sobre ellos.
—Raja, ¿cuánto tiempo llevas aquí?
Viviendo, unos dos años. Pero primero conocí España haciendo turismo, en el 91 y en el 93. En Hamburgo hice amigos españoles y vine a verlos.
—¿Por qué elegiste venir a España en 2001?
Por Ana, mi mujer. Ella es española, trabaja aquí y cuando decidimos vivir juntos, no quería marcharse a Hamburgo. Así que vine yo. Primero vine unos meses a ver si podía adaptarme a vivir aquí. Después volví a Alemania, vendí el negocio que llevaba, lo dejé todo y he empezado de nuevo aquí en España.
—¿Te ha resultado fácil relacionarte con los españoles o hacer nuevos amigos?
—Aquí en España la gente es muy simpática, muy amable, muy abierta. Es fácil hablar con la gente… Pero luego, los españoles tienen muchos compromisos, familia, cosas que hacer los fines de semana, y es difícil entrar en ese tipo de relaciones.
—Raja, has vivido bastante tiempo en dos países distintos del tuyo. ¿En cuál de ellos te ha resultado más fácil acercarte a las nuevas costumbres, a la cultura, a la lengua?
En España, porque cuando llegué a España en 2001 ya traía conmigo la experiencia de vivir en Europa porque había estado 15 años en Alemania. Por eso mi adaptación fue más fácil. Por ejemplo, la primera vez que estuve en Alemania ni siquiera conocía el metro porque en Sri Lanka no tenemos metro. Me resultó difícil aprender a leer los mapas del metro.
―¿Te ha resultado complicado regularizar tu situación en España?
Sí, sí, no ha sido nada fácil. En Alemania tenía un visado indefinido, y eso me permitía residir en España, pero no trabajar. El permiso de trabajo lo conseguí cuando Ana y yo nos casamos. Para poder casarnos tuvimos que solucionar muchos problemas con la Administración española porque en España no hay embajada de Sri Lanka y eso llevó varios meses.
—¿Mantienes contacto con gente de tu país?
Sí, viajo a ver a mi madre. Pero voy poco. Una vez al año. Desde Madrid es complicado ir hasta allí. No hay vuelos directos y es caro.
―¿En qué fase crees que estás en relación con España?
―Acercándome y conociendo la cultura española… Sentirse como un español más cuesta mucho… Después de 15 años en Alemania, al final casi, casi, me sentía como un alemán, pero solo casi casi. Verme integrado en España, reconocer las costumbres, la cultura, la comida será más fácil, pero sentirme como uno más será otra cosa…
—¿A qué te dedicas en España?
—Trabajo como cocinero en un restaurante que está en Perales de Tajuña.
—¿Qué tipo de restaurante es? ¿Es de cocina asiática?
—No, es de cocina española moderna, como cocina creativa.
—¿Te ha resultado fácil trabajar como cocinero en España?
—Sí, encontré trabajo de cocinero bastante rápido. Siempre he tenido trabajo, con papeles o sin papeles. Aquí el trabajo de cocinero está bien valorado.
—De todas las comidas del mundo que has cocinado, ¿cuál es la que te gusta más?
—Creo que la cocina europea, me gusta porque es una cocina muy sencilla: un poco de carne, un poco de salsa... nada más. La cocina asiática es muy complicada por la cantidad de sabores de los platos, por la mezcla de especias. La comida europea moderna es más compleja, pero creo que no tanto como la asiática.
—De la gastronomía de tu país, ¿cuál es el plato que más te gusta?
—El arroz con leche y la charni de cocos, un plato que lleva coco, pimiento picante, cebolla y tomate. Es como una especie de ensalada. Lo toman también los ingleses, lo importaron de mi país.
—Y de la gastronomía española, ¿qué platos resaltarías?
—La paella es un plato muy representativo. El cocido madrileño, sin embargo, no me resulta muy español. Los garbanzos yo los asocio más con la cocina árabe. ¿Será una influencia? Como platos más elaborados, me gusta mucho el bacalao al pil-pil. Ah... Y me gusta mucho el chorizo. Es lo más picante que hay en la cocina española.
—¿Qué sabores predominan en la comida de tu país?
—El sabor del curry. Está en todos los platos. Es un sabor que reúne otros muchos sabores. Es una mezcla de especias como chile, cardamomo, jengibre, canela...
—Y en la cocina española, ¿qué sabor predomina?
—El sabor de la sal.
—Y en otras cocinas, ¿qué sabores o ingredientes predominan?
—En la cocina alemana, los platos con nata, en la cocina japonesa, la soja, en la cocina italiana, el tomate y la pasta. En la cocina francesa, la elaboración.
—¿El sabor de una cocina tiene algo que ver con el carácter de la gente de ese país?
—No... Por ejemplo, en la cocina de mi país predomina el sabor picante, pero nosotros somos muy tranquilos, no picamos (se ríe).
—En España, la comida es importante en las relaciones sociales. ¿Cómo es en tu país?
—La vida también se organiza en torno a la comida, pero allí es más importante la cena en familia, que la comida. En España hay siempre comidas de familia los días de fiesta. La comida se utiliza para las reuniones sociales en muchas culturas. En Alemania, por ejemplo, los domingos, la gente se reúne para tomar café y tarta de nata o para desayunar.
—¿Las comidas suelen estar unidas a ciertas pautas sociales? En tu país, ¿hay alguna costumbre que se relacione con el momento de comer o con la comida?
—Es normal una o dos veces al mes dejar una parte de la comida para los monjes. Los monjes no cocinan. Las personas que lo hacen, hacen algo positivo para su reencarnación. En las casas hay una pequeña estatua de Buda y es normal dejar un poco de comida delante de la estatua antes de comer. Y luego, como normas para comer, comemos con la mano derecha, no utilizamos la mano izquierda porque se considera que es una mano impura.
—¿Qué debe hacer un extranjero para ser un buen invitado a una comida familiar en tu país?
—Lo más importante... comer mucho (se ríe)... porque la comida es muy abundante. En las casas es habitual recibir gente a la hora de comer y por eso cocinamos un poco más. Otra costumbre... al principio de la comida se pasa un vaso de agua porque es una tradición. Antes no había agua corriente y al invitado que llegaba a la casa se le daba el vaso de agua para quitarle la sed o para que se refrescara la cara o las manos.
—¿Qué platos son los habituales en una comida en tu país?
—Un arroz, una carne, un pescado, una verdura. Se comen todos juntos. Se pone el arroz y todos los platos en el centro. Y la gente los va mezclando.
—En tu país, ¿hay algún alimento que no se pueda comer o que nunca se comería y que, sin embargo, en otro país forme parte de su gastronomía?
—Sí, algunos. Por ejemplo, la carne de rana o algunos mariscos. En Sri Lanka se comen gambas, langostinos (y además se comen con cáscaras), pero nunca se comerían mejillones o almejas... Allí solo se usan sus conchas para limpiar las sartenes. Por ejemplo, nosotros la paella la llamamos «arroz con criaturas».
—En España, están proliferando los restaurantes de comidas de otros países. Como cocinero, ¿cómo interpretas este hecho?
—Puede tener relación con el deseo de conocer otras culturas a través de la cocina. Pero esa curiosidad no se da en todos los lugares, en Madrid sí, y me imagino que también en otras ciudades, pero no en otras zonas de España.
—¿Qué relación guarda la cocina de un país con su cultura?
—Es una pregunta difícil... Por ejemplo, en Sri Lanka lo más típico es el sabor del curry, y eso puede tener relación porque tenemos muchas especias. Los ingredientes de los platos más típicos normalmente son los más abundantes en ese país.
—¿Qué sabías de España cuando vivías en Sri Lanka?
—En el colegio lo único que estudiábamos de España era que el señor Colón buscaba las Indias y que menos mal que se encontró con las Américas (se ríe). Bueno, sabíamos algo sobre España porque estudiábamos historia de Europa. Pero en general, sobre España se sabe poco en Sri Lanka. El gobierno y los medios de comunicación de mi país están más interesados en otros países europeos como Inglaterra u Holanda. Además el turismo español ha empezado en Sri Lanka hace muy poco tiempo.
―Raja, tus amigos españoles, la gente que conoces, ¿se interesan por tu cultura?
―Sí, la gente cercana siente curiosidad, pero la gente de la calle no tiene mucho interés en general. El otro día me pasó una cosa curiosa en Correos. Escribí una carta a mi madre y puse en el sobre «bla-bla-blá, Sri Lanka». En Correos la persona que me atendió, me preguntó: «¿Dónde está este sitio? ¿Sri Lanka qué es? ¿Una ciudad o un país?». Entonces le dije que Sri Lanka es un país. Y ella le preguntó a un compañero: «¿Dónde está Sri Lanka» y él dijo: «Es la India». Y yo rápidamente contesté: «No, no, no, no es la India, es otro país». Pero ella decía que el importe era el mismo que el del sello para la India, y yo decía que Sri Lanka tenía que aparecer como otro país, porque no es lo mismo. Al final, después de tanto lío, dijo que daba igual que solo existían dos tarifas para correo internacional: una para Europa y otra para el resto de países. En realidad todo esto se explica porque entre Sri Lanka y España no hay muchas relaciones entre los gobiernos. En mi país la gente tampoco sabe mucho sobre España.
―Y la gente que tiene alguna información, ¿qué sabe de Sri Lanka?
―Normalmente relacionan mi país con el té. Mi país es conocido internacionalmente por el té y poco más. Es normal, hay muy pocas personas de mi país viviendo en España. En Madrid creo que solo somos unos cincuenta.
―¿Qué imagen de tu país difunden los medios de comunicación aquí en España?
―Como un lugar de turismo. Bueno, alguna vez he visto en la televisión algún programa que habla de los problemas de los tamiles en mi país.
―Cuéntanos aspectos relacionados con la cultura de tu país. Por ejemplo, ¿cuál es una de las fiestas más importantes?
―Año Nuevo en abril y Vesac en mayo. Vesac es una fiesta del budismo. Celebramos el nacimiento de Buda y su iluminación. En Vesac se levantan pagodas y se ponen lámparas de aceite de coco y la gente visita los templos. En todos los pueblos se ofrece café o comida a todos los viajeros. La fiesta dura unas 24 horas, pero las lámparas están encendidas casi una semana. En abril es la fiesta de Año Nuevo. El último momento del día de Año Viejo, cuando se hace de noche, todas las luces se apagan. Estamos sin luz, sin fuego unas doce horas hasta que empieza el Año Nuevo. En esas horas no podemos cocinar ni comer. Es un tiempo sagrado, para visitar los templos, realizar acciones para la otra vida (llevar flores a los templos, hablar con los monjes…). Después, con el sol empieza el Año Nuevo. Se encienden hogueras, nos cambiamos la ropa, cambiamos dinero. Todo se renueva.
―¿Y se hace una comida especial en Año Nuevo?
―Sí, arroz con leche, parecido al de España, pero con leche de coco y como una pasta. Es un dulce tradicional, un plato que está presente en muchas celebraciones. Además, en Año Nuevo el arroz con leche se cocina en fuego nuevo.
―¿Con qué color asocias tu país?
―Mi país es un lugar lleno de colores. No sé, un color típico… El naranja, el color de la ropa de los monjes (en mi país la religión es el centro de la vida de la gente) o el de los políticos. Las banderas de los partidos llevan el color naranja.
―Señala una costumbre familiar de tu país que pueda resultar extraña en España.
―Nosotros no damos besos. Saludamos, por ejemplo a nuestra madre arrodillándonos. Eso es muy extraño para un europeo. Otra costumbre extraña para gentes de otras culturas son los funerales. Los budistas quemamos a los muertos. Hay que esperar siete días. La casa se llena de gente y el séptimo día se quema al muerto. El hijo va al lugar donde se ha quemado, coge las cenizas y las pone en el mar o en el agua. Durante los días que dura el funeral el pueblo cocina para los familiares del muerto, y el séptimo día, el día de la incineración, la familia cocina para todo el pueblo como agradecimiento.
―¿Y un gesto, una forma de saludar que no se haga en España?
―Cuando estamos contentos o nos gusta algo, movemos la cabeza (Raja hace ese gesto: mueve varias veces la cabeza lateralmente). Y saludamos juntando las manos.
―¿Algo que se considera de mala educación en tu país?
―Comer con la mano izquierda o comer con un sombrero.
―¿Cómo definirías a la gente de tu país con dos o tres adjetivos?
―Es difícil… Somos muy amables, muy hospitalarios, dice mucha gente que los cingaleses somos los más hospitalarios de Asia.
—¿Cuándo llegaste a Alemania sabías algo de alemán?
—No, nada.
—¿Y cuándo llegaste a España?
—No, nada tampoco.
—¿Qué lengua, el español o el alemán, te parece más fácil?
—El alemán. El español tiene muchos tiempos, muchos verbos irregulares, y se utilizan todos los tiempos a la vez.
—¿Cómo estás aprendiendo español?
—En el 2001 hice un curso de un mes, después volví a Alemania, luego a la vuelta, cuando ya me instalé, hice otro curso, pero ahora ya no tengo tiempo. Ahora a veces tengo clases con un profesor. El problema es que las escuelas que dan buena formación son muy caras.
—Para ti, ¿qué o quién te está ayudando a aprender español?
—Es difícil decir una persona... Me ayudó mucho una profesora que tuve. Claro, y Ana, pero con ella hablo ahora un poco en español, pero al principio siempre en alemán.
— ¿Qué aspectos del español te resultan o te resultaron más fáciles?
—El futuro, es muy fácil. No hay casi irregulares.
— Y ¿cuáles más difíciles?
—El subjuntivo. Ahora me paro a pensar si lo tengo que utilizar o no. Y también el imperativo. No tiene ninguna lógica: una forma para las órdenes positivas (come) y otra para las negativas (no comas). Lo mismo pasa con otras cosas, por ejemplo, la forma fui es el indefinido del verbo ser y del verbo ir. El verbo ir, cambia mucho, voy, pero iba o fui. Para aprender español hay que estudiar como un papagayo.
—¿En qué fase de aprendizaje del español crees que estás? ¿Crees que todavía tienes que seguir aprendiendo?
—Depende, unas veces al principio, otras veces en la mitad, otras veces al final. Ya no tengo muchos problemas con el español. Puedo comprar, hablar, vender, usar la lengua para la vida diaria.
—¿Puedes contar alguna anécdota relacionada con el español motivada porque desconocías el significado de alguna palabra?
—Una anécdota, así ahora, no recuerdo. Bueno… por ejemplo, al principio para presentar a Ana decía «Mira, esta es mi marida» y confusiones de ese tipo tenía bastantes. Ahora estoy en una fase en la que mezclo el alemán y el español. Acabamos de volver de estar en Hamburgo una semana, y a la vuelta, un día en Madrid, quería decir sujetando y dije bindando porque en alemán, binden significa ‘atar’ o ‘sujetar’.