Fu-Shi, el emperador del que se dice que hace 5000 años comenzó la creación del alfabeto chino, no sabía, claro, de la futura existencia de Ning. Por eso no pudo pensar en un pictograma para definirla. Por supuesto que, en chino, Ning puede escribir su nombre en un pictograma, pero, ¿qué forma tendría el pictograma imaginario de su carácter?, ¿cuáles serían sus trazos fundamentales?
Probablemente sería un pictograma muy parecido al que en chino actual expresa la idea de «mujer». Este es un pictograma que muestra un suave equilibrio, y que, al mismo tiempo, transmite una extraña sensación de estabilidad.
El pictograma de Ning sería también parecido a la imagen de un acróbata que guarda el equilibrio para pasar por la cuerda floja y en los extremos de su balancín lleva un mapa de España y otro de China, los dos lugares entre los que gira la vida de Ning desde que, a los diecinueve años, decidió estudiar Filología Hispánica en la universidad de Guangzhou. Aquella fue una decisión basada en la inteligencia práctica: Ning pensó que ya había mucha gente estudiando otras filologías más comunes ―inglesa, francesa, alemana― y que una estudiante de Filología hispánica tendría muchas más salidas profesionales. La seguridad de haber escogido correctamente la llevó a abandonar su ciudad natal, Lanzhou, en el norte del país, y a trasladarse a Guangzhou, en el sur de China. Ning cambiaba el escenario de una ciudad industrial y fea ―según sus propias palabras― por el de una ciudad de 2000 años de historia, famosa por su gastronomía. Dejaba atrás una región en la que se habla el chino mandarín para pasar a una región en la que se habla el chino cantonés. Hablas hermanas, pero muy diferentes, tanto que, al principio, Ning apenas conseguía entender y hacerse comprender en Guangzhou.
Pero sigamos con nuestro pictograma. Ning es dulce, amable y alegre por fuera. Y tras esa apariencia externa, se asoma una voluntad de hierro, capaz de luchar con paciencia y constancia infinitas para conseguir los objetivos que quiere. Así que si queremos completar su pictograma imaginario (ese que nos recuerda a un acróbata y que habla de su equilibrio personal), tenemos que añadir un trazo más: una línea recta y segura, que refleja la firmeza del carácter de Ning.
Y para terminar… al pictograma imaginario solo le falta un trazo que refleje la simpatía de Ning. Una simpatía de la que ella dice haberse contagiado de los españoles y que ella integra en un carácter oriental, sin duda mucho más sereno.
¡Uf! Nuestro pictograma se ha complicado… Tiene que reflejar ideas tan variadas como equilibrio, España, China, dulzura, decisión, simpatía... Posiblemente, el problema es que pretender reducir una persona a un pictograma es un reto imposible. En cualquier caso, el intento nos ha servido para presentar a Ning, una persona de la que vale la pena conocer algo más. ¿Te animas a ello?