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Historias de debajo de la luna

Entrevista

«El lenguaje y la escritura hablan también de una cultura»

[Fotografía] Ning Chen.

Madrid (enero, 2004)

Chenning, o Ning, como prefiere llamarse aquí en España, es una mujer alegre, inquieta, que tiene una mirada tremendamente inteligente. Vive en España desde hace cinco años. Aquí le trajeron unos estudios de doctorado que ahora está a punto de acabar y confiesa haber pasado en nuestro país, probablemente, los años más importantes de su vida.

En esta entrevista nos habla de sus experiencias en España, de su país, China, y reflexiona con nosotros sobre la estrecha relación que existe entre una lengua, su escritura y su cultura.

  1. ¿Cómo fueron los primeros momentos de vivir en España?
  2. ¿Qué información se tiene de España en China?
  3. ¿Con qué elementos crees que los españoles definen o identifican tu cultura?
  4. ¿Qué rasgos de tu cultura crees que se reflejan en la lengua china?
  5. ¿Qué consideras que condicionó especialmente tu adaptación?

«Relacionarme con los españoles fue lo más complicado (tardé dos o tres años). Yo no soy muy sociable. Salía poco y los amigos que tenía eran estudiantes chinos que estaban aquí o la gente de la embajada de mi país»

—¿Cómo fueron los primeros momentos de vivir en España? ¿Dónde vivías?

—Encontrar casa fue fácil. Vi un anuncio en un periódico de una pareja mayor que alquilaba una habitación y desde entonces vivo con ellos. A España llegué un sábado y el lunes empecé un curso para profesores de español procedentes de países en desarrollo (China, Filipinas, Senegal, Camerún, Brasil, Irán, países de Europa del Este). Me costó relacionarme con ellos. Mis compañeros de Hispanoamérica eran más alegres, más juerguistas, los de Europa del Este eran más serios… Entre ellos se llevaban bien, pero me daba la sensación de que no tenían mucho interés en relacionarse con las tres chicas chinas que estábamos en el curso.

¿Te ha pasado eso más veces? ¿A qué lo atribuyes?

—No, muchas más veces, no. Quizá esa falta de interés por relacionarse con nosotros se debe a que todavía se asocia China con un lugar donde las personas están vigiladas por el partido (habla un poco en broma). O también a que nuestro carácter es diferente.

—En esos primeros momentos de vivir en España, ¿qué dificultades encontraste?

—Relacionarme con los españoles fue lo más complicado (tardé dos o tres años). Yo no soy muy sociable. Salía muy poco y los amigos que tenía eran estudiantes chinos que estaban aquí o la gente de la embajada de mi país.

—¿Quiénes fueron tus primeros amigos españoles?

—Los chicos del Centro de Estudios de Asia Oriental de la Universidad Autónoma (Víctor, Gladys Nieto y Luis). Todos ellos tienen mucho interés por mi país y por su cultura, todos están aprendiendo chino, ¡son casi más chinos que nosotros! (se ríe)… Pero tengo más amigos aquí en España. Por ejemplo, a través de Juan, un chico aficionado a la literatura y al deporte de aventura, he conocido a otros españoles. También me han ayudado mucho Tere y Juan, la pareja de personas mayores con las que vivo. A través de su vida he podido conocer otro tipo de españoles de una generación mayor.

¿Cómo te sientes ahora en España? ¿Te gustaría vivir aquí?

—Creo que me siento integrada psicológicamente, porque lo de sentirse integrado legalmente es más complicado… Pero no me quedaría. Ahora para los chinos que estudiamos español, es más ventajoso vivir en China. Además China está cambiando muy rápido y me apetece volver para ver cómo está mi país.

¿Puedes diferenciar etapas en todo este tiempo que llevas en España?

—Sí claro… La primera fueron los cinco o seis primeros meses. Apenas me relacionaba. Iba a clase, no salía. El primer año me sentía familiarizada con el entorno, pero no con algunas costumbres (la gente en España habla muy alto, no de forma suave y eso me resultaba extraño). El segundo año me pasaba todo el rato callada en las clases de la universidad (no sabía mucho sobre literatura clásica española). El tercer año ya empecé a relacionarme con las gentes del Centro de Estudios Orientales y con el resto de la gente española que ahora conozco. Y a partir de ahí todo fue más fácil.

¿Qué costumbres españolas has adoptado?

—Aprovechar el tiempo de ocio. He adoptado la costumbre de salir a la sierra los fines de semana. También al principio me fascinaba la vida nocturna madrileña. Pero después de salir un par de veces lo encontré bastante aburrido. No me gusta el humo ni el ruido de los bares. No he vuelto a salir de marcha. Quizá sea lo único a lo que no me he acostumbrado en la vida española. Y otras costumbres… Creo que ahora gesticulo mucho más cuando hablo y lo he hecho sin darme cuenta.

«(En China) Europa se limita a la moda y la gastronomía francesa, a los zapatos italianos, al tulipán holandés. (Los chinos) no saben que la comida española no tiene nada que envidiar a la francesa, que España tiene el mejor aceite de oliva y un vino excelente»

¿Qué información se tiene de España en China?

―Mis amigos chinos y yo hemos hablado sobre el poco conocimiento que hay aquí sobre nuestro país, pero no tenemos derecho a criticar… En China tampoco hay información sobre España. Se asocia España con el flamenco, el fútbol (sobre todo con el Real Madrid) y con los toros. Un chino medianamente culto conoce el pasaje de la aventura de don Quijote contra los molinos. Y gracias a Hollywood también se conoce a Pedro Almodóvar y algo del cine actual.

¿En tu país hay mucha curiosidad por España o interés por conocerlo?

―En general, los chinos sienten mucha curiosidad y admiración por Europa y América. Un viaje por Europa es el sueño de muchos chinos de clase media. Pero en la mayoría de los casos Europa se limita a la moda y la gastronomía francesa, a los zapatos italianos, al tulipán holandés y nada más. No saben que la comida española no tiene nada que envidiar a la francesa, que España tiene el mejor aceite de oliva y un vino excelente. En China, igual que ocurre en España con la comida china, hay una visión distorsionada de la cocina española. Un día vi un programa en la televisión china sobre la gastronomía española. La presentadora utilizó un lomo ibérico con una pinta estupenda para hacer un caldo y después de que el lomo soltara su jugo, lo tiró a la basura. En China, en un restaurante de comida europea, una tortilla española es una tortilla con guisantes, zanahorias, gambas... en fin, todo menos patatas.

―¿A qué puede deberse esa ausencia de información entre China y España?

Quizá a la influencia más fuerte de otras culturas (primero, la inglesa y después la estadounidense). También a las razones políticas, porque España tenía el régimen franquista y China el maoísta, y difícilmente se podía establecer algún contacto. Por eso el interés cultural hacia el mundo hispánico en China siempre ha estado más vinculado con Iberoamérica. Hubo una exposición de Dalí en Pekín, otra de Picasso, y se están traduciendo obras de Cela, pero eso es todo.

Y tú, ¿qué sabías de nuestro país antes de venir a España?

—Lo que había leído en algunos libros (por ejemplo, Crónica sentimental de España) y visto en películas. Había visto la película Hola ¿estás sola?. Me sorprendió porque me imaginaba que todas las ciudades europeas tenían grandes zonas residenciales, que la gente vivía en chalecitos… Pero en esa película salía la parte más cutre y más fea de Madrid (zonas suburbiales, sin árboles…). 

—¿Qué primera impresión te causó nuestro país?

Llegué una tarde de enero y desde el avión no vi ni jardines, ni árboles y pensé que Madrid se parecía a mi pueblo de Lanzhou. Creía que las ciudades europeas eran muy tranquilas, llenas de gente paseando con su perrito, los ancianos sentados en los parques, etc. y el primer día al ver la puerta del Sol... con tanta gente rara, tanto jaleo y ruido, pensé que dónde me había metido.

¿Qué te sigue llamando la atención o sorprendiendo de España?

—Después de cinco años me sorprende que la gente fume tanto. Y también… las cacas de los perros en la calle. En China hay pocos perros en las ciudades. Por ejemplo en Pekín tener un perro es carísimo. Hay que pagar una licencia al principio y luego renovarla cada año...; por eso hay pocos perros. No es que en China las ciudades sean más limpias, sino que hay más vigilancia y control en este sentido.

«Los españoles suelen creer que los chinos venimos a España porque en China estamos pasando hambre. Esto no es cierto. (Muchos vienen) para montar negocios y vivir. Son gente muy emprendedora y admirable»

¿Con qué elementos crees que los españoles definen o identifican tu cultura?

—Unos relacionan China con una república comunista (imágenes de la época maoísta). Para otros China es una nueva potencia. Ninguna de esas imágenes es cierta del todo, estamos en una etapa de cambios y de muchos problemas, pero se está produciendo una mejora del bienestar social. Otros europeos, influidos por el idealismo falso sobre las antiguas civilizaciones, relacionan la filosofía oriental con China (como la espiritualidad con India). Y sobre esto puedo contar una anécdota.

―¿Qué imagen crees que se tiene en España de la inmigración china?

―Algunos españoles piensan que los chinos venimos a España porque en China estamos pasando hambre. Esto no es cierto. La mayoría de mis compatriotas han venido aquí para montar negocios y vivir. Son gente muy emprendedora y admirable. En China se aprecia la idea de ver mundo. Si vives en el mismo sitio donde naces, sobre todo, si ese sitio es pueblo o una ciudad pequeña, eres un paleto.

¿Qué similitudes y diferencias encuentras entre la cultura china y la de España?

—La variedad y riqueza gastronómica se da en los dos países. Es diferente, sin embargo, el concepto de la vida. En España es importante disfrutar la vida. En China la vida se entiende como trabajar, ganar dinero, hacerse rico, tener una familia, una casa…

Dinos una de las fiestas más importantes de tu país. ¿Y una tradición popular?

—La Fiesta de la Primavera, que se celebra siempre a comienzo del año del calendario occidental. El Año Nuevo chino no se celebra el 31 de diciembre, sino un mes más tarde.

Como tradición, el tai-chi, una actividad que ayuda al equilibro entre la mente y el cuerpo.

—¿Y una comida representativa o típica de las fiestas familiares?

—En el norte son típicos los raviolis. En el sur hay más variedad. Por ejemplo, en Cantón, el cochinillo asado o el pescado. En chino la palabra pescado suena igual que la palabra abundancia y por ello se dice que comer pescado es un símbolo de abundancia.

—Los platos de los restaurantes chinos en España, ¿son también típicos allí?

—El cerdo agridulce sí es un plato típico de allí, es como el gazpacho en España (cada uno tiene su receta para prepararlo). El pato pekín es típico solo en Pekín. El rollito de primavera es típico de Shanghái, pero se toma para acompañar, por ejemplo, una cerveza. En China no existe el pollo con almendras. Lo más parecido es un pollo con castañas. Aquí se hacen los platos que tienen ingredientes fáciles de encontrar en España.

—¿Y un gesto, una forma de saludar que no se haga en España?

—Inclinar hacia abajo la cabeza. Es un saludo distante entre conocidos.

—¿Y un paisaje irrepetible en otro lugar del mundo?

—La Gran Muralla China.

—¿Y una costumbre o un uso social que pueda resultar extraño en España?

—Están mal vistos los contactos físicos entre personas del mismo sexo. Pero se aceptan peor los contactos entre sexos opuestos. En la calle es difícil ver a una pareja besándose. Otra cosa es que los chinos no ceden el paso a las mujeres, ni hacen cosas así.

—¿Con qué color identificas tu país?

—El rojo. Los adornos para las calles en las fiestas son rojos, los petardos se hacen con papeles rojos. La bandera es roja. Y el rojo es también el color del vestido de novia.

—¿Tres adjetivos para definir tu país y tres para definir el carácter de su gente?

—China… es grande, viejo y cambiante. Y su gente… trabajadora, poco sociable y ahorrativa.

«(Se cuenta que) el inventor de la escritura china intentaba imitar las huellas de la naturaleza y que empezó a representar animales, astros y otras realidades a través de los primeros pictogramas. Y esto se podría relacionar con la idea extendida de que la cultura china intenta buscar la armonía entre la naturaleza y el hombre»

La imagen de China está asociada a la de su lengua y su escritura. Ning, como profesora y filóloga, ¿qué rasgos de tu cultura crees que se reflejan en la lengua china?

—El chino es un idioma muy poco preciso y creo que esto tiene que ver con el hecho de que mi cultura esté más preocupada por lo humanístico que por lo científico. La interpretación del mundo y del hombre que se hace en mi cultura es muy subjetiva. Por otra parte, el detalle y la precisión de la caligrafía china también se pueden relacionar con el detalle de la escultura y la pintura chinas, o el interés por las miniaturas. Hay un tipo de pintura clásica que se realiza solo con la representación de pictogramas. Pero creo que la combinación entre pintura y caligrafía no es exclusiva de mi cultura y que, por ejemplo, también está en los libros medievales españoles.

¿Crees que una lengua encierra la interpretación del mundo de una cultura?

—En cierto modo sí. La leyenda de Ts’ang Chieh, el inventor de la escritura china, cuenta que este intentaba imitar las huellas de la naturaleza y que empezó a representar animales, astros y otras realidades a través de los primeros pictogramas. Y esto se podría relacionar con la idea extendida de que la cultura china intenta buscar la armonía entre la naturaleza y el hombre.

¿Qué diferencias ves entre la escritura china y otros sistemas de escritura?

—Una diferencia importante es que el chino no tiene propiamente un alfabeto, sino ocho trazos o rayitas fundamentales que se utilizan para componer un pictograma y estos trazos forman los radicales, que son la raíz de la palabra.

—¿Cuál es la dirección de la escritura china? ¿De arriba abajo?

—No, ya no. Hasta principios del siglo pasado se escribía de arriba abajo y de derecha a izquierda, pero ahora ya no. Incluso en el siglo xix, muchos chinos pensaban que los extranjeros eran unos demonios porque escribían en otra dirección.

—¿Cómo se adaptan en chino palabras de otras lenguas?

—Se pueden adaptar de tres formas: una adaptación fonética (se hace con los nombres extranjeros, por ejemplo, tú te llamas Nuria, pues en chino te llamarías Nuría). Otras veces se hace una traducción semántica (por ejemplo, la palabra tren en chino es huo che. La primera parte, huo, significa ‘carros’ y che ‘de hierro’. Otras veces se combinan las dos formas. La adaptación de la marca Coca-cola es un buen ejemplo. Se trata de una traducción fonética perfecta, pues en chino se llama ke kou ke lo, pero es que además la combinación de los pictogramas de ke kou ke lo significa ‘algo sabroso y algo agradable para la boca’.

¿Es cierto que en tu país la caligrafía tiene gran importancia?

—Sí, si tienes una buena caligrafía puedes enviar tu currículum escrito a mano, porque lo van a valorar mucho. En la universidad, conocí a un chico, que en lugar de estudiar se dedicaba a practicar la caligrafía y se ganaba la vida haciendo pintadas en los muros.

—¿Cómo se escribe en chino en ordenador?

—Hay dos sistemas. En uno, se teclea a través de las raíces de los pictogramas. Es decir que hay que aprenderse, por ejemplo, que la tecla a puede representar la raíz de la palabra agua y la de otras palabras. Como este es un sistema poco práctico, hay otro que consiste en teclear las palabras a través de su transcripción fonética. Por ejemplo, si yo quiero escribir mi nombre, escribo c, h, e, n y salta una lista con todos los pictogramas que tienen esa pronunciación.

¿Crees que la lengua materna y la cultura del país de origen influyen en la forma en que se piensa, se comunica o se escribe? ¿En qué sentido?

—Sí, yo diría que sí. Muchas veces, aunque yo creo que ya hablo bien el español, mis amigos no me entienden y no porque no diga bien las palabras. Yo creo que eso se debe a la distinta forma de explicar las cosas que está asociada a cada lengua y cultura. La lengua estructura también la forma en que se expresan las ideas.

Por ejemplo, cuando hablas con un español, ¿qué distancia mantienes con él? ¿Es la misma que mantendrías con una persona de tu país?

—No, es distinta. Los españoles cuando hablan están más cerca. Y esto lo noto, por ejemplo, cuando voy como intérprete con un grupo de turistas chinos. El guía español, a medida que pasa el día, cada vez se acerca más a mí cuando habla. Y yo, sin darme cuenta, lo que hago es retirarme. Es algo inconsciente, pero lo hago. A veces, para enfatizar o mostrar su cercanía me coge la mano, o el brazo o el hombro y eso no es nada habitual en China, a mí eso me agobia un poco. En China es raro, también, por ejemplo mirar a los ojos cuando se habla a una persona.

¿Crees que cada cultura tiene unas normas que regulan la forma de comunicarse. ¿Cómo se saluda en tu lengua? ¿Qué se hace en otras ocasiones?

—En ocasiones formales, se dice Ni jau que es como hola, pero lo que se dice la gente cuando se encuentra es ¡Ah! ¡Estás tú, aquí!. Antes, entre los vecinos había un saludo muy común que era ¿Has comido? y de hecho hay chistes y anécdotas sobre ello. Otra forma de mostrar cercanía hacia una persona es decirle que otro día se pase por su casa y coman juntos, pero la comida nunca llega a producirse, porque la frase solo es una forma de hablar. En realidad no le estás invitando a comer. En otras situaciones ocurren cosas parecidas.

—¿Sigues el mismo esquema en español y en chino al escribir algunos textos?

—En general, sí, pero, por ejemplo, hay diferencias en las cartas. En China las cartas comienzan con el nombre del destinatario, luego aparece el cuerpo de la carta y al final, a la derecha, aparece la firma del remitente y la fecha. La fecha nunca va arriba como en las cartas que se escriben en español. Además, en el sobre, la información está colocada de distinta manera. En la cara donde va el sello se ponen la dirección del remitente y del destinatario. En la primera línea aparece la dirección del destinatario y luego, en medio, el nombre, y en la parte inferior derecha va la dirección y el nombre del remitente.

Algunos lingüistas dicen que la forma de escribir es diferente en cada lengua y que se podría representar mediante líneas. Por ejemplo, el inglés podría representarse con una línea recta, las lenguas árabes con dos líneas paralelas, las lenguas romances con una línea quebrada, etc. ¿Y tu lengua?

—Creo que la tendencia actual es la línea recta, quizá por la influencia de la cultura anglosajona y porque el estilo apunta a lo esencial. Pero antes, en la época de Mao, podría ser una línea quebrada porque se aprovechaba cualquier texto para difundir la ideología política del momento.

«A un chino le cuesta mucho más dominar el español que, por ejemplo, a un europeo. Quizá es una de las razones que impide la integración rápida de la comunidad china en el país de acogida, y al mismo tiempo la mantiene muy unida»

Antes has hablado de tus primeros tiempos en España. ¿Qué consideras que condicionó especialmente tu adaptación?

—Lo que facilitó las cosas en España fue venir aquí ya con un nivel de español con el que podía comunicarme.

¿Qué aspectos del español te parecen más fáciles? ¿Y cuáles más difíciles?

—Lo que más me cuesta es escribir, y la gramática y los verbos. Lo más sencillo para mí es leer. La fonética me parece también sencilla, aunque a veces me dicen que no pronuncio bien la b y la p, la t y la d. Pero bueno, a mis alumnos en China les pasaba lo mismo. Curiosamente con la r tenemos menos dificultades porque desde el principio hacemos muchos ejercicios con este sonido. Algún compañero mío incluso soñaba con la r. ¡Imagínate! A mis alumnos les cuestan mucho las concordancias, por ejemplo entre los artículos y los sustantivos, y también tienen dificultades con el uso de los verbos; por ejemplo, con la diferencia entre el pretérito indefinido y el pretérito perfecto.

—¿Qué dificultades añadidas puede plantearle a una persona de tu país que estudia español el hecho de tener otro sistema de escritura?

—Aprender chino es complejo. Un nativo necesita por lo menos seis años para conseguir un nivel medio, y quizá toda la vida para alcanzar la perfección. Además, los hablantes chinos tienden a sufrir la llamada «merma lingüística». Por ejemplo, a mí, ahora me cuesta mucho más escribir en chino que en español. En mi opinión, la diferencia y complejidad de nuestro idioma es una barrera cuando intentamos aprender otras lenguas. A un chino le cuesta mucho más dominar el español que, por ejemplo, a un europeo. Quizá es una de las razones que impide la integración rápida de la comunidad china en el país de acogida, y al mismo tiempo la mantiene muy unida.

¿Qué aspectos del español te llaman la atención o te sorprenden?

—La manera de hablar. La gente se caga en todo, en su puta madre, en dios, en diez, en la leche, o en la mar. Tener coraje es igual que tener cojones, si eres valiente, haces lo que te sale de los cojones o de las narices (no sé qué tiene que ver lo uno con lo otro). Si estás desconcertado, preguntas qué coño está pasando; si bromeas, estás de coña; si algo te parece bueno dices que está de puta madre o que es cojonudo; y si es algo aburrido, que es coñazo. Si alguien hace algo malo, la gente piensa en la madre que lo parió... En fin, creo que el español coloquial de hoy día pone todo lo oculto (órganos sexuales) de manifiesto y que profana lo sagrado (madre, dios, hostia). Para mí, esto representa una actitud resuelta de la vida y me gusta mucho, aunque pueda parecer vulgar a algunas personas.

¿Puedes contar alguna anécdota por desconocer alguna palabra del español?

—Si, yo era la intérprete de un señor español que me dijo que al día siguiente quería desayunar un bollo. Y yo, aunque extrañada, encargué para su desayuno dos muslitos de pollo y claro, fue el desayuno más pesado de su vida. Otro día fui al mercado, estaba en una frutería y, le dije al tendero «métemela aquí» (refiriéndome a una bolsa donde quería poner la fruta) y él se puso a reír...

¿Y alguna anécdota por desconocer alguna pauta social?

—En una comida formal, lo pasé mal porque comí el pescado con el cuchillo para la carne y luego para la carne ya no tenía cuchillo. ¡Claro, es que en China comemos con palillos! Ahora este protocolo de la mesa, cada vez me importa menos y si algo hago mal, pues pienso: «No pasa nada: soy extranjera y la gente lo va a entender».

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