Masoud es un hombre simpático que derrocha vitalidad. Es iraní y lleva 21 años en España. Vino a quedarse temporalmente hasta conseguir un visado para Estados Unidos o Canadá, pero se quedó con nosotros. Le gustó el carácter sencillo y familiar de la gente de aquí. Algo que piensa que los españoles hemos ido perdiendo poco a poco. Para su gusto, el desarrollo económico nos ha europeizado demasiado, nos ha hecho perder parte de ese calor humano propio de los latinos. En esta entrevista nos cuenta cómo le resultó el primer contacto con el español y con España. Nos habla también de su país, de sus costumbres y de sus gentes y reconoce que en nuestro país no se sabe mucho acerca de su cultura.
En la entrevista, Masoud contesta a las preguntas que aparecen en cada uno de los recuadros. Si quieres conocer sus respuestas pincha sobre ellos.
—Masoud, ¿cuál es tu cultura?
—Soy iraní y persa, pero tengo amigos iraníes que son turcos, o kurdos, pero iraníes. Hace 60 años cambió el nombre de mi país. Irán antes se llamaba Persia. El padre del Sah lo cambió. En Irán hay persas que hablan farsi, pero también hay turcos, kurdos, árabes en el sur... son varias razas y culturas. Por eso, según cuenta la historia, se cambió el nombre de Persia por el de Irán, ya que en Irán viven otras culturas, además de los persas, y entonces el nombre de Persia no recogía esa variedad cultural.
—Masoud, ¿cuál es tu lengua materna?
—Mi idioma materno es el farsi y hablo, claro, español... Como me gustan los
idiomas, sé inglés y sé un poco de árabe, aunque no tiene nada que
ver con el farsi, el árabe es difícil...
Entonces nos comenta
que en la tienda en la que estamos, en la fachada del edificio hay
una inscripción en árabe que dice «El único vencedor es Dios» y
nos cuenta que el edificio debió de haber sido construido por los
árabes.
—¿Cuál es tu religión?
—Soy musulmán chiita. La diferencia entre chiita y sunita es esta: todos creen en Mahoma el profeta, pero los chiitas nos parecemos más a los cristianos. Los chiitas tienen 12 imanes que son como los 12 Apóstoles. El primero es Alí, que es el yerno de Mahoma. Luego están sus 11 hijos y el hijo que hace el número 12, que para nosotros está en el cielo y vendrá el día del Juicio final con Cristo y con otros muchos profetas. En la religión sunita no hay pinturas de imágenes ni estatuas, está prohibido. Como veis, vosotros tenéis santos y nosotros tenemos también muchos santos... El profeta Daniel es un santo. Además, nosotros tenemos otros santos que son los hijos de los imanes.
—Llegaste a España en 1980, ¿qué sabías antes de nuestro país?
—Bueno, yo quería ir a Estados Unidos o a Canadá, pero en ese momento las embajadas de estos países estaban cerradas. Los dos únicos lugares donde no exigían visados a los iraníes eran España y Grecia. Entonces, le pregunté a un amigo, que trabajaba en una agencia de viajes, que cuál de estos países era mejor, más bonito y tenía gente más agradable. Me dijo que España. Mi amigo simplemente me contó que España era un país parecido al nuestro, que no me iba a sentir extranjero...
—¿Qué cosas te llamaron la atención de nuestro país cuando llegaste?
—Me llamó mucho la atención la manera de relacionarse de la gente, el estar siempre en los bares. Es una costumbre española que a mí me gusta. Al principio, piensas que aquí no trabaja nadie, solo los camareros... (risas). En Irán es distinto, la gente vive más en las casas. Allí tienes un sitio muy amplio, varias habitaciones donde puedes recibir a los invitados. En España, los apartamentos son pequeños. Quizá por eso, los españoles se reúnen en los bares.
—¿Cómo te sentiste al principio de tu llegada a España? ¿Tenía razón tu amigo?
—Realmente, me sentía mejor que ahora.
—¿En qué sentido?
—No sabía el idioma, no hablaba... Sabía cuatro palabras en inglés, pero aquí se hablaba más francés... Pero me sentía más a gusto antes que ahora. La gente era más agradable, había otro calor y otro color distinto. Los valores que había antes ya no están. Las relaciones se han hecho más frías... Ahora hay racismo. Te llaman moro... La gente que lo hace es gente que no tiene estudios, ni cultura, que no tiene categoría. No entienden ni qué es moro, ni qué es árabe, ni qué es búlgaro, ni qué es yugoslavo, pero hacen tres grupos: si un extranjero tiene los ojos achinados, dicen que es chino, pero no saben si es filipino, vietnamita...; al que es un poco moreno le llaman moro, ya sea persa, turco...; y luego, para ellos están los negros y los sudacas... Eso está mal, antes era mucho mejor. Yo iba a las fiestas de los pueblos, pero ahora ya no voy, porque ves gente ignorante que no te deja pasarlo bien.
—¿Has tenido personalmente algún problema con el tema del racismo?
—Yo no, gracias a Dios. Alguna vez me han insultado, pero pocas y yo siempre he pasado. Sé que ellos no saben qué es un moro o qué es un persa.
—¿Has hecho amigos españoles? ¿Te encuentras bien en España?
Sí, tengo bastantes amigos españoles. Los iraníes nos adaptamos a cualquier lugar. Simplemente, nos gusta que nos respeten, y nosotros respetamos. No somos conflictivos mientras no se metan con nosotros.
—¿Crees que los españoles entendemos la cultura iraní?
—Los españoles se equivocan. Cuando decimos que somos iraníes nos miran de otra
manera que si decimos que somos persas. Cuando dices Persia la gente
piensa en Persépolis, Darío, Ciro...
cuando dices Irán, piensan en la guerra. Cuando dices «soy iraní»
piensan que eres árabe y que tu país es como Argelia o Marruecos,
que todo es desierto, que allí se vive mal, que todavía andamos
con camello... (risas). Pero es verdad, la gente todavía piensa
que andamos con camello. Hace 11 años, en una discoteca, una chica,
una universitaria, me preguntó cómo había llegado a España y yo
le conté que vine en camello, que crucé todo el desierto de África,
que cuando llegamos a España se murió mi camello en Madrid, pero
yo quería irme a Roma... Ella empezó a decirme que si necesitaba
ayuda que se lo dijera, porque le conmovió mi historia. Luego le
expliqué que había llegado con Iberia en cinco horas y media...
(Mamoud, el amigo de Masoud interviene y nos cuenta que Irán tiene
las últimas tecnologías, teléfonos móviles e Internet y también
habla de la situación de la mujer iraní. Dice que en Irán la mujer
es mucho más respetada y comprendida que en cualquier otro país
europeo, que es imposible que un hombre pegue a una mujer).
—¿Qué similitudes y qué diferencias encuentras entre la cultura iraní y la española?
—No sé... creo que los españoles y los iraníes nos parecemos físicamente; yo parezco físicamente español, por eso nunca un policía me ha parado y me ha pedido documentos, no parezco diferente. Tal vez los iraníes somos más nobles. Los iraníes si necesitan algo se ayudan unos a otros. Son como una cadena. No he conocido colonias de españoles pero creo que los españoles en este sentido son también similares. No sé... una diferencia: en Teherán los barrenderos limpian las calles cada 15 días y te puedes sentar en el suelo. Aquí lo tienen que hacer todos los días, la gente es más descuidada, tira papeles, aunque últimamente están mejorando. Pero todavía falta. En Alemania por ejemplo no ves nada, ni un cigarrillo en la calle. Irán también tiene la cultura de echar las cosas en su sitio.
—Una comida típica de tu país que te guste.
—Pincho de ternera con tomate y ajos. De España me gusta mucho la paella, una paella bien hecha, de marisco.
—Y la comida, ¿es parecida?
—No, la comida es totalmente distinta. Por ejemplo, no tenemos la cultura del marisco, que yo adoro. La gente de Irán normalmente come más carne. De ternera y cordero, claro, nunca de cerdo. La gente del norte y del sur sí come más pescado. El caviar en el norte de Irán es estupendo.
—¿Cuál es la bebida de tu país que más te gusta?
—Hay una bebida que se llama dogh y se toma normalmente en verano cuando hace calor. Es yogur con agua, sal y hierbabuena. Se puede echar agua con gas y sabe mejor. Pero en mi país hay muchas otras bebidas. El vino y la cerveza, por ejemplo, son inventos persas.
—¿Hay algún objeto o alimento de tu país que hayas buscado aquí y no lo hayas encontrado?
—Al principio sí, pero ahora ya no, ya hay de todo. En el año 86 no había ninguna tienda de Irán; era difícil encontrar verduras secas que se mojan y se dejan un tiempo en agua y luego se usan como verduras frescas para hacer kuku, lo que vosotros llamáis tortilla. Nosotros las hacemos con verduras, patatas, carne, pollo, bolas de pescado, berenjena, calabacín...
—¿Qué te parece el español?
—El español es un idioma suave, aunque no tanto como el francés o el italiano, que tienen música. Es un idioma bonito, aunque los españoles lo hablan muy alto. Los iraníes, no. Nosotros hablamos bajo.
—Aprender español, ¿te resultó fácil o difícil?
—Bueno, llevo 21 años y todavía me falta mucho por aprender. Realmente, no he estudiado mucho español. Es un idioma muy complicado para nosotros: el femenino y masculino... los verbos son muy complicados.
¿Asististe a clases de español?
—Muy poco, muy poco, en alguna academia. Yo he aprendido más con la gente. Tengo muchas amistades aquí, muchos amigos... cuando hablo y no sé una palabra, la pregunto. No tengo vergüenza...
¿Cuánto tiempo necesitaste para poder comunicarte en España?
—Por lo menos, seis meses.
¿Recuerdas alguna anécdota en la que confundieras una palabra con otra cuando comenzaste a aprender español y diera lugar a una situación graciosa?
—(Risas) Al principio utilizaba mucho los gestos. Cuando quería comprar carne imitaba el sonido, decía «beee» para indicar que quería cordero, y hacía «oink, oink» para indicar que no quería cerdo. Cuando el carnicero ya me conocía, él hacia «beeeee» y yo decía «sí» con la cabeza. Vivía en Canillejas y todo el mundo del mercado esperaba que yo llegara para reírse, pero no de mí, sino conmigo.
— Después de tantos años en España ¿qué se te resiste del español?
—El acento. Hablo el español con el acento iraní. Hay palabras que todavía se me escapan. Y lo llevo muy mal con los verbos y con el masculino y el femenino.