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Historias de debajo de la luna

Entrevista

«Aprender español no fue lo más difícil»

[Fotografía] María Gonzalves.

María es una mujer sensible y vital. Procede de una zona rural de Brasil. Poco sabía de España y del español antes de conocer a Fernando, el que hoy es su marido. Así que se puede decir que por amor dejó su pueblo, Fazenda Nova (Brasil), y se trasladó a Guadalajara (España). En esta entrevista nos habla de cómo le resultó el primer contacto con el español y con España. Nos habla también de su país, de sus costumbres y de sus gentes, y nos confiesa sentirse a veces prisionera de la saudade.

En la entrevista María contesta a las preguntas que aparecen en cada uno de los recuadros. Si quieres conocer sus respuestas pincha sobre ellos.

  1. Antes de venir, ¿qué sabías de España? ¿Qué te pareció España cuando llegaste?
  2. ¿Qué cosas te llamaron o te llaman la atención de España y de los españoles?
  3. ¿Crees que los españoles conocemos tu país y tu cultura?
  4. ¿Habías estudiado español antes de venir a España?
  5. ¿Te ha sucedido alguna anécdota curiosa por el hecho de confundir el significado de alguna palabra del español?

«De España, sabía muy poco […] cuando llegué me pareció otro mundo»

—Antes de venir, ¿qué sabías de España?

—Muy poco. Algo de los toros porque pasan algunas noticias de las fiestas de San Fermín en la televisión de allí. Siempre pasan algo en la televisión, sobre todo si un toro pilla a alguien. También sabía algo de la banda terrorista ETA y conocía también a algún cantante, como Julio Iglesias, o su hijo. También a Alejandro Sanz. Para la gente de allí, la idea de Europa es la de algo perfecto, o casi perfecto: se piensa que no hay injusticia, que toda la gente vive dignamente. Pero cuando yo vine me di cuenta que aquí también hay pobres. Aunque los pobres de aquí viven como los ricos de allí. Tienen una casa digna, tienen muchas cosas que allí la mayoría de la gente no tiene. Fernando me contaba muchas cosas, pero es diferente oír hablar de las cosas que verlas.

—¿Qué te pareció España cuando llegaste?

—Bueno, me di cuenta de que era otro mundo. También me di cuenta de que aquí hay mucha gente que sigue el fútbol, que yo pensaba que eso solo pasaba en Brasil. Lo que me parece muy distinto son las celebraciones de la misa, que aquí se hacen sin cantos, muy cortas, solo hay personas mayores... Aquí, también por ejemplo, las procesiones de Semana Santa son muy bonitas, pero me resultan muy artificiales.

—¿Cómo fueron los primeros meses de estar aquí?

—No fue fácil. Las primeras semanas creía que era un sueño. Lloré muchísimo. La primera semana no podía ver una foto, ni conseguía hablar por teléfono, porque me echaba a llorar. Como no estaba trabajando ni iba a clase, los días se me hacían muy largos. Pero como la familia de Fernando es tan grande y hacen todo para que esté bien y me acogieron... Bueno, sobre todo él. Y no se puede estar todo el tiempo llorando. Además, yo no quería que él creyera que estaba aquí pero sin querer estar aquí. Claro que quiero, pero no puedo evitar la saudade. También fue bueno que en el verano pasado vinieron cantantes de Brasil y gente de mi tierra de visita, pues eso ayudó mucho. A los tres meses ya me sentía bastante mejor.

«Aquí la gente habla como si estuviese discutiendo […] y dice muchas palabrotas»

—¿Qué cosas te llamaron o te llaman la atención de España y de los españoles?

—La gente aquí es muy diferente de Brasil. Hay mucha gente alegre, pero no tanto como los brasileños, y me alucina cuando voy a un concierto y la gente simplemente está de pie y mirando. Eso allí es imposible. Ya puede ser un niño de tres años, que si sale una banda a cantar, él es el primero que está bailando. Aquí la gente es muy cerrada para algunas cosas.

También me sorprendió que la mayoría de los españoles hablan mucho. Los primeros días, cuando estaba con mucha gente, no conseguía entender. No podía seguir una conversación. Además, la gente habla como si estuviese discutiendo. Eso me llamó mucho la atención, aunque ahora estoy muy acostumbrada. También me llamó la atención la gran cantidad de palabrotas que dice la gente. La gente habla muy mal.

—De la vida social, ¿qué te llama la atención?

—Las campañas políticas son muy distintas. Allí la gente no tiene idea de lo que es un partido político, sino que vota por la persona. Aquí, cuando hay un caso de corrupción, la gente está muy enterada, y protesta. Allí no. Se nota mucho que los medios de comunicación están controlados por los políticos. Hay mucha corrupción, mucho engaño. La gente no sabe lo que vota. Hay mucha gente analfabeta que vota porque alguien le dice que vote así y cuando alguien intenta luchar para decirle que el voto es importante, cree que no. Lo que interesa es que la gente continúe así, sin cultura ni nada para que no se pierdan votos.

Yo creo que algunos españoles se quejan de muchas cosas, porque yo creo que son poco agradecidos, porque aquí la gente vive muy bien comparado con la mayoría de la gente de allí. Cuando veo a los sobrinos de Fernando, por ejemplo, que dicen que no tienen ganas de estudiar, cuando allí mucha gente no estudia porque no tiene posibilidad... Por ejemplo, allí hay universidad pública, pero solo estudian los hijos de los ricos, que han ido a escuelas privadas y que han conseguido pasar la selectividad. Los otros han ido a escuelas públicas y no consiguen pasar. Y los que lo consiguen lo hacen con mucha dificultad.

«De lo primero que habla la gente es de Copacabana y del carnaval porque eso es lo que sale en la televisión»

—¿Crees que los españoles conocemos tu país y tu cultura?

—Creo que mucha gente conoce los sitios típicos: Río de Janeiro, Salvador, Iguaçú... conocen comidas típicas, el carnaval, el fútbol... Pero la realidad de pobreza y de injusticia del país solo la conoce gente que no va solo a hacer turismo. Cuando se enseña aquí lo que es Brasil, todo es muy bonito. Claro, no interesa enseñar lo feo. Por ejemplo, ahora han prohibido adoptar niños brasileños para que la gente no conozca esa realidad de pobreza. No es que Brasil sea un país pobre. Es muy rico. Pero la riqueza está en manos de unos pocos. Muchos tienen poco y pocos tienen mucho.

—¿Qué tópicos empleamos más los españoles acerca de Brasil?

—De lo primero que habla la gente es de Copacabana y del carnaval porque eso es lo que sale en la televisión.

—¿Qué similitudes y diferencias encuentras entre ambas culturas?

—Hay cosas parecidas. Por ejemplo, algunas músicas folklóricas. Pero la comida y la forma de comer son totalmente diferentes. Aquí se comen dos platos. Allí se ponen varias cosas encima de la mesa y la gente mezcla todo. Los horarios de comida también son distintos. El día acaba mucho más pronto... La gente viste de una forma mucho más informal a causa del calor. A mí me daba apuro ponerme algunas ropas que traje de allí. Algunas señoras me miraban mal a veces, por eso.

«Lo que más me ayudó a aprender español fue la dificultad y la necesidad»

—¿Habías estudiado español antes de venir a España?

Estudiaba con Fernando. Él daba clases de español a unas chicas de Maracás y yo lo aprovechaba. Lo veía muy necesario, porque yo sabía que acabaríamos viniendo a España y si no sabía hablar español, ¿cómo iba a poder ir a clases y entenderme con la gente?

—¿Te ha resultado fácil o difícil aprender español?

—Aprender español no fue lo más difícil.

(Fernando, su marido, interviene: «Antes de casarnos, vinimos aquí en mayo del 98 para que mi familia la conociera y estuvimos aquí un mes y medio. Entonces, María no hablaba español, pero llegó a entender bastante. Cuando luego volvimos a casa estuvo un año asistiendo a clases de español. El haber estado antes aquí la ayudó mucho con el español. También el hecho de que, al principio, no teníamos casa, y vivíamos en el piso de mi madre. Yo trabajaba y María pasaba mucho tiempo con ella. Eso la ayudó mucho con el idioma. Cuando empezó a trabajar, cuidaba a mi sobrino, lo que la obligó mucho»).

—¿Qué fue lo que más te ayudó a aprender español?

—La dificultad y la necesidad. Sabía que tendría que comunicarme y dar clases y trabajar hablando español. Por ejemplo, mi hermana que está aquí ahora no hace esfuerzos por aprender, porque sabe que vuelve para allá. Si se fuese a quedar, ya estaría hablando.

—¿Qué es lo que te parece más fácil del español, lo que menos te ha costado aprender?

—Los nombres de las comidas y las frutas. La música me cuesta todavía mucho entenderla, aunque a veces sucede lo mismo con músicas brasileñas, que resultan difíciles de entender.

—¿Y algo difícil?

—Los verbos son horribles. Son muy difíciles. También los sonidos de la jota y de la erre me resultan muy difíciles. Los confundía mucho. Además son sonidos que no existen en portugués.

—Pero tú, María, ¿cuánto tiempo necesitaste para tener fluidez en español?

—Yo considero que todavía no he aprendido.

—Bueno, lo hablas muy bien.

—Muchas veces me pasa que si estoy hablando y me equivoco en dos o tres palabras seguidas ya no puedo seguir. Aprender yo creo que nunca voy a terminar. Pero cuando vine de allí ya pensaba que no iba a ser tan difícil hablar español. Ya decía cosas en español. Lo que me resulta más difícil es escribir, sobre todo a la hora de estar en clase.

«Me acuerdo de que me llamó mucho la atención que aquí la carne se venda en carnicerías, porque allí carniza significa 'carroña'»

—¿Te ha sucedido alguna anécdota curiosa por el hecho de confundir el significado de alguna palabra del español?

—Bueno, no exactamente, pero sí hay muchas palabras que me llaman la atención. Por ejemplo, en español exquisito es algo bueno, excelente, mientras que en Brasil es lo peor que puede ser. En Brasil se dice que una persona exquisita es alguien maleducado o también se aplica a una comida mala. Otra palabra que me hace mucha gracia es trozo. Allí se dice pedazo siempre, porque trozo allí quiere decir el 'excremento de un animal'. Imagínate cuando alguien dice «dame un trozo de pastel».

A veces le suceden cosas parecidas a los españoles que han ido por allí. Por ejemplo, había un sacerdote que cuando se presentaba a la gente de un pueblo decía que estaba muito gostoso. Quería decir que estaba encantado de estar allí, pero estaba diciendo que estaba muy bueno, que era muy guapo. También la madre de Fernando que fue una vez por allá les decía a las niñas chata. Eso en Brasil quiere decir 'antipático'.

—¿Y alguna anécdota relacionada con alguna costumbre española que te haya parecido especialmente extraña? ¿La forma de hablar, de relacionarse, de comportarse?

—No recuerdo ninguna en especial. (Fernando interviene de nuevo: «Yo creo que es muy diferente, en este sentido, la experiencia de un inmigrante que viene solo de alguien que ya tiene cierto apoyo y que tiene gente que le advierte de las diferencias de costumbres. María ha estado muy arropada, muy acompañada. Cuando empiezas a funcionar solo ya tienes un conocimiento del medio bastante considerable»). Sí, bueno, me acuerdo que me llamó mucho la atención que aquí la carne se venda en carnicerías, porque allí carniza significa ‘carroña’. Entonces, ir a comprar carne a una tienda cuyo nombre te recuerda a una carroña...

(Fernando apunta: «Es como cuando vas allí y ves borracharia. Borracha es ‘goma’, y borracharia es el sitio donde te arreglan los pinchazos del coche, que en las carreteras del interior son bastante frecuentes. Pero, claro, tú piensas que es un bar y piensas que se trata de un nombre demasiado descarado para un bar»).

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