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¿Quién es?

Luba Ioussoupova: «Empezar una nueva vida a los cuarenta y tantos»

[Fotografía] Luba Ioussoupova.

Lioubov Ioussoupova es rusa y tiene 44 años. Nació en Kazán (Tatarstán), una ciudad en la que ha vivido casi toda su vida. Tan solo estuvo fuera de ella el tiempo necesario para estudiar Psiquiatría, en la Universidad de Kazajistán, y ahora, el año y medio que lleva viviendo en España. Luba, como la llaman todos sus amigos, tenía una buena posición social en Rusia. Trabajaba como psiquiatra y homeópata en Kazán, una ciudad de dos millones de habitantes, en donde su marido, también psiquiatra, es jefe de un servicio de asistencia a drogodependientes. ¿Por qué, entonces, decidió venirse a España? «Fue una mezcla de varias cosas», explica. «Por un lado, allí no veía ningún futuro para mí, ni, sobre todo, para mis hijos. Los salarios no son buenos y, para poder vivir bien, mi marido y yo nos teníamos que pasar el día entero trabajando. La situación es mala, la gente no tiene esperanza, y hay mucha violencia. Además, mis hijos están en una edad —17 y 18 años— en la que podían ser llamados para ir a la guerra de Chechenia. Y yo no estaba dispuesta a verlos partir para luchar en una guerra que no tiene sentido».

Así que la familia se dividió. Su marido se quedó en Kazán. Su hijo mayor partió para Moscú, en donde está estudiando Economía Mundial. Luba tenía familia en EE.UU. y en España. Lo que le hizo elegir nuestro país fue lo que le contaba su sobrina, que ya por entonces vivía en España, del carácter español: «Ella me decía que los españoles y los rusos somos muy parecidos: cuando estamos trabajando, trabajamos, pero, cuando no, disfrutamos. Dejamos el alma en lo que hacemos». En enero de 2000 llegó a España. Al principio vino sola, y se instaló en casa de su sobrina. Luego, en septiembre de ese mismo año, llegó su hijo pequeño, consiguieron alquilar un piso en Madrid y desde entonces viven en el barrio de Moratalaz.

De momento, Luba está simplemente adaptándose. El dinero que le manda su marido le llega, por lo general, para que se mantengan ella y su hijo. Asiste a clases de español e intenta ver cómo es posible convalidar sus estudios y ejercer aquí su profesión. Su sueño es conseguirlo en uno o dos años. De momento en España solo puede trabajar como voluntaria. Ocasionalmente, se ha visto obligada a coger pequeños trabajos en los que, por su formación, se siente muy a disgusto: limpieza por horas en casas, o cuidado de enfermos.

Su hijo, que se ha adaptado más rápido que ella, ha hecho este año la selectividad  y ha empezado a estudiar Dirección y Administración de Empresas en la Universidad Complutense de Madrid. Otra ocupación importante de Luba ha sido solucionar sus papeles, que espera conseguir ya muy pronto.

Luba nos comenta que muchos inmigrantes de Europa del Este están en su misma situación. Son gente formada y preparada que tiene que trabajar de cualquier cosa. Pero es que las cosas están muy mal allí. «En Rusia, un médico puede ganar 30 dólares al mes (unos 36 euros). No se puede vivir solo con eso. Todos tienen que buscarse algo fuera de su trabajo legal».

¿Cómo se siente Luba en España? Depende. Nos cuenta que cuando tiene dinero y se relaciona con sus amigos españoles, tiene esperanza. Si le falta dinero o deja de ver a la gente durante un tiempo, se desespera. «Los rusos estamos acostumbrados a convivir, a no vivir cerrados. Somos personas abiertas. Mucho. Más que los españoles. Los españoles no son tan abiertos como parecen. Al menos, no en una gran ciudad como Madrid».

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