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Historias de debajo de la luna

Entrevista

«Sin tantas preocupaciones concentraría mis energías en aprender español»

[Fotografía] Luba Ioussoupova.

Luba es una mujer culta y preparada. Es rusa. Trabajaba en Kazán, una ciudad de Kazajistán, como psicoterapeuta y había creado un servicio para ayudar a suicidas.
Profesionalmente le iba bien, pero no tenía ilusiones y en su país veía el futuro algo confuso. Entonces decidió tentar al destino y se vino a España en enero de 2000. Aquí está intentando construir una nueva vida para ella y sus hijos.
En esta entrevista nos habla de cómo han sido esos primeros momentos en nuestro país y de los obstáculos que ha encontrado en el camino. Nos habla también de cómo ha aprendido español y de las dificultades que todavía tiene con una lengua que es tan diferente a la suya. Y nos confiesa que, de momento, tan solo se está adaptando a vivir en España.

En la entrevista Luba contesta a las preguntas que aparecen en cada uno de los recuadros. Si quieres conocer sus respuestas pincha sobre ellos.

  1. Antes de venir a España, ¿cómo era tu vida en Rusia? ¿Por qué elegiste España y no otro país?
  2. ¿Cómo te sentiste al principio de establecerte en España? Cuando hablas de dificultades de adaptación, ¿a cuáles te refieres en concreto?
  3. Antes de venir, ¿qué sabías de España? ¿Qué te llamó la atención de España y de los españoles?
  4. ¿Crees que los españoles conocemos tu país y tu cultura? ¿Qué similitudes y qué diferencias existen entre los españoles y los rusos?
  5. ¿Te ha resultado fácil o difícil aprender español? ¿Crees que tu situación ha podido influir en cómo aprendes español?

«Vine a España porque no veía demasiadas opciones de futuro en mi país, ni para mí, ni para mis hijos»

—Antes de venir, ¿cómo era tu vida en Rusia?

Soy médico. Soy psiquiatra y estoy especializada en homeopatía. En los últimos años estuve trabajando allí y creé un servicio para tratar con psicoterapia a las personas que se intentan suicidar. Llevaba la Consulta Social Psicológica.

¿Por qué decidiste salir de Rusia?

—La razón principal es que tengo dos hijos, entonces tenían 17 y 18 años, estaban en edad de ser militarizados. Y yo no estaba dispuesta a verlos partir para luchar en la guerra de Chechenia, en una guerra que no tiene sentido. Además no veía demasiadas opciones de futuro en mi país, ni para mí, ni para mis hijos. Mi marido y yo trabajábamos muy duro, todo el día, desde las 6 de la madrugada hasta las 10 de la noche, sin parar y sin tener nada. Estudiábamos, trabajábamos, pero ¿para qué? Mi marido se ha quedado en Rusia. Y es quien me mantiene. Él también es psiquiatra, cura a drogodependientes, es bastante conocido en nuestro país y gracias a él podemos vivir aquí.

¿Por qué elegiste España y no otro país?

—Una causa es que mi sobrina vivía aquí, ella había pasado unas vacaciones en España, le gustó mucho y decidió venir. Además a mí me gustaba la cultura española, conocía a Lorca, Picasso, Cervantes —al que los rusos conocemos desde la escuela—... y me llamaba la atención España. Primero decidí venir como turista. Conocí Madrid, me gustó, vi que podría adaptarme, que somos parecidos... Pregunté en el Ministerio de Educación para ver si podía convalidar mi título y ejercer aquí mi profesión y me dijeron que era posible, aunque llevaría tiempo. Pero que era posible. Volví a Rusia, preparé todo y me vine. Me instalé primero en casa de mi sobrina y cuando unos meses más tarde vino mi hijo pequeño, alquilamos un piso en Moratalaz.

¿Has vuelto a Rusia desde que has venido?

—No, no he podido, no tengo derecho. Si vuelvo tendré en mi pasaporte algo malo. Mi madre tiene 83 años y sí... tengo prisa por volver.

«[Establecerme en España] fue y es todavía difícil. Todavía estoy intentado adaptarme»

¿Cómo te sentiste al principio de establecerte en España?

—Fue difícil porque no sabía el idioma. El dinero no era un problema. Y tenía un sitio donde podía alojarme porque mi sobrina estaba aquí. Eso me facilitó las cosas. Además sabía cómo era esto, qué podía esperar aquí, tenía ilusiones, pero no sin fundamento, sin ilusiones no se puede vivir, pero siempre he sido realista. Estaba preparada para lo que iba a encontrar. Pero fue y es todavía difícil. Todavía estoy intentando adaptarme. Trabajo en lo que me va saliendo y estudio español. Pero no sé cuánto tiempo va a llevarme esta preparación... no tengo ni idea.

Cuando hablas de dificultades de adaptación, ¿a cuáles te refieres en concreto?

—Estoy esperando la regularización de mis papeles. Ya los he presentado varias veces anteriormente, pero no lo he conseguido. Hasta entonces no podré trabajar en España. Solo hago trabajos que me van saliendo. He cuidado de un enfermo, he trabajado por horas en limpieza, pero no me gusta, soy incapaz de servir, no puedo, no tengo costumbre, es duro, porque estoy acostumbrada a trabajar intelectualmente. Pero bueno, a veces trabajamos donde podemos, no donde queremos, porque solo gastar no tiene sentido. Es muy difícil ganar dinero en mi país y muy fácil gastarlo aquí. Por eso, a veces, trabajo, empiezo a trabajar, pero después estoy agotada.

A veces pienso que si pudiera soportar, si pudiera seguir y meter todo lo mío dentro, creo que tendría más de lo que tengo ahora, pero no puedo, mi carácter es que tengo dignidad... No es mi situación solo, aquí hay muchas otras personas que en sus países trabajaban como ingenieros, médicos, jefes... pero la vida cambia y cambia nuestra vida.

¿Cómo imaginas tu vida en España cuando estés más asentada?

—Cuando consiga arreglar mis papeles empezaré la convalidación de mis estudios, que me va a llevar más tiempo, y mi deseo es poder algún día ejercer como médico en España. De momento voy a empezar a colaborar como voluntaria en alguna ONG.

¿Qué tal se está adaptando tu hijo?

—Parece que bien. En ocho meses ha podido estudiar español y ha conseguido entrar en la universidad. Ha aprobado la selectividad con una nota alta, aunque las convalidaciones no le han ayudado mucho. Ha conseguido el permiso de residencia por estudios en la universidad. Estoy contenta por ello.

«Aquí en España podemos pasear toda la noche sin miedo, sin preocupaciones. Solo tienes que guardar tu bolso para que no te lo roben»

Antes de venir, ¿qué sabías de España?

—Ya te he comentado que había leído a Lorca, que conocía a Picasso y que en la escuela había estudiado a Cervantes. Además, allí en Rusia, en nuestra imaginación, España se ve como un país lleno de enigmas, de misterios, con algunas costumbres interesantes. Mi sobrina me había hablado de España, ella ya vivía aquí.

Cuando llegaste a España, ¿la imagen que tenías de nuestro país se corroboró?

—Sí, cuando llegué me pareció que los españoles y los rusos somos pueblos que se parecen un poco. Si trabajamos, trabajamos; si estudiamos, estudiamos y si descansamos, descansamos. Siempre sabemos dedicarnos con toda el alma a las cosas que hacemos. Y en eso creo que nos parecemos a los españoles.

Antes has mencionado las costumbres españolas, ¿qué te llamó la atención de España y de los españoles cuando llegaste?

—La forma de divertirse de la gente. Tengo otra sobrina que vive en Nueva York y cuando vino a visitarme también ella se quedó asombrada. Aquí en España podemos pasear toda la noche sin miedo, sin nada, sin preocupaciones y eso me encanta. Solo tienes que guardar tu bolso para que no te lo roben. Y es curioso que eso no se pueda hacer en Nueva York o en Rusia. En mi país da miedo salir después de las 9 de la noche. Los jóvenes aquí hacen mucho ruido, gritan mucho, pero no son violentos... Es su costumbre, su forma de divertirse...

Cuéntanos alguna otra cosa que te llamara la atención de España.

—Me sorprendieron mucho las tradiciones religiosas... las celebraciones de Semana Santa me impresionaron no como religión, sino como espectáculo. Eso es parte de la magia de España.

«A veces me preguntan si puedo leer o escribir... Y te sientes insultado porque no se te conoce»

¿Crees que los españoles conocemos tu país y tu cultura?

—Creo que poco, los españoles se asombran cuando se enteran de algo de mi país. Me dicen: «¿Y tenéis esto?», «¿Conocéis esto?» (risas) Tenemos muchas cosas...

¿Qué imagen crees que tiene un español de Rusia?

—Creo que piensan que estamos poco formados. Cuando me explican cosas tan sencillas, tan evidentes... me quedo asombrada.

Por ejemplo, ¿qué te han explicado que te haya sorprendido?

—Cómo funciona un frigorífico... (risas). Me han dicho... «esto se abre así...» A veces me preguntan si puedo leer o escribir... Y te sientes insultado porque no se te conoce. Pienso que la culpa es de mi gobierno. Es una de las causas de mi marcha de Rusia, el estado no puede representarnos internacionalmente.

¿Cómo definirías a tu país en pocas palabras?

—Que leemos mucho, que los rusos actualmente estamos bastante formados, sabemos mucho de otros países, leemos mucho a otros escritores, nos gusta la música clásica. Somos bastante generosos y no somos tan violentos como se piensa de nosotros y siempre estamos dispuestos a hacer amigos.

¿Qué similitudes y qué diferencias existen entre los españoles y los rusos?

—Nosotros estamos acostumbrados a celebrar todo en las casas, a invitar a casa a mucha gente, amigos... Salimos a bares y a restaurantes menos que aquí. Aquí celebráis todo fuera de casa.

En vuestras fiestas siempre hay una persona que es la que hace los brindis...

—Sí, elegimos a un hombre o una mujer que anima la fiesta. Es la persona que tiene más humor... y es la que dirige los brindis, comenta si la comida está rica...

¿Qué otra cosa diferencia a los rusos y a los españoles?

—Los españoles hacéis mucho ruido, nosotros no tanto, solo cuando la gente está borracha. En España puedes gritar y hacer todo lo que quieras porque no se nota. Todo el mundo grita, todo el mundo ríe, todo el mundo hace algo con gestos. Los rusos son un poco estirados como personas, puede ser que tengamos más complejos, por la dictadura comunista, porque todos teníamos que ser iguales, no podíamos mostrar algo propio. Cuando algún grupo de gente salía fuera de Rusia de vacaciones, como turista, siempre existía una persona que les vigilaba durante el viaje a otro país para que no hicieran algo raro, para que no tuvieran relaciones con los extranjeros.

Otra cosa que veo diferente es que los rusos estamos acostumbrados a comunicarnos, no vivimos cerrados. Somos más abiertos que los españoles. Sí, al principio parece que los españoles son muy abiertos, pero luego no es tanto.

«Sin esas preocupaciones, concentraría mis energías en aprender español»

¿Te ha resultado fácil o difícil aprender español?

—Bastante difícil.

¿Crees que esa situación de no sentirte a gusto del todo ha podido influir en cómo aprendes español?

—Sí, por supuesto, por supuesto. Si pudiera trabajar en una clínica como ayudante, como enfermera, aunque no hubiera sido como médico, sería más fácil aprender el idioma, porque en este caso me comunicaría más con la gente.

¿Crees que tu situación ha podido influir en cómo aprendes español?

—Sí, a veces estoy preocupada en cómo gasto este dinero que hemos ganado durante toda nuestra vida y ahora solo gasto, gasto, gasto... Sin esas preocupaciones concentraría mis energías en aprender español.

¿Te sientes motivada para aprender español?

—Es que tengo ganas, es que me interesa. Pero no es simple interés en aprender español, es que vivo en este país y quiero seguir viviendo en este país. Pero todavía a veces me da vergüenza hablar porque no hablo del todo correcto, creo que es mi miedo.

Pero sabes más de lo que crees...

—Puede ser, pero siempre tengo que buscar en mi cabeza, siempre tengo que pensar antes de hablar, nuestros idiomas son muy diferentes.

Busca una palabra para definir el español.

—Depende de la persona que lo hable. La lengua suena bastante suave, como melódico. Pero a veces no puedo oír a los jóvenes porque gritan y su lengua no tiene armonía, no tiene suavidad, no tiene nada.

¿Para aprender español has ido a clase?

—Sí, a varias escuelas.

¿Te gustaban las clases?

—Sí, mucho.

¿Cómo eran las clases?

—Es que estudiábamos todo, y la gramática y hablábamos bastante y jugábamos para aprender. Nuestros profesores usaban todos los métodos que se puede imaginar.

¿Qué aspectos del español te resultan más fáciles?

—La gramática me resulta fácil, usarla es más difícil. Aprenderla, entenderla es más fácil para mí. Sin embargo hablar es complicado. Después de una conversación a veces lloraba porque cuando después haces análisis entiendes que falta en la frase algo muy simple... y piensas «cómo he podido hacerlo», «cómo he podido decirlo»...

¿Te acuerdas de alguna anécdota que te haya ocurrido por confundir alguna palabra?

—Sí, una vez una señora me preguntó: «¿Cuál es tu estado civil? ¿Estás soltera, casada, divorciada, separada...? » y yo muy seria le dije: «Sí, estoy divertida». Enseguida me di cuenta del error, quería decir «divorciada», pero pareció que quería decir otra cosa.

¿Te ha pasado alguna situación curiosa porque no hayas conocido alguna realidad cultural?

—No, es que mi sobrina ya estaba aquí y cuando he tenido alguna duda siempre le he preguntado, qué es esto, cómo puedo hacer esto, dónde puedo hacer esto. Se nota mucho que la gente aquí en España está acostumbrada a conversar con extranjeros y la gente te ayuda cuando no puedes expresar algo.

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