Cuando sonríe, Laura se parece un poco a Platero, ese animal al que el poeta Juan Ramón Jiménez dedicó su libro Platero y yo y del que dice que es tan suave que parece de algodón. Y, como Platero, a nosotros nos parece que Laura tiene mucho de algodón, y sobre todo de sensibilidad y de calidez, y eso se nota en la manera en que nos recibe y nos atiende.
Pero dejemos atrás las citas literarias, que por otra parte tanto le gustan a Laura, y pasemos a hablar de ella. Laura se define a sí misma como una chica algo tímida e insegura —pero quién no lo ha sido a su edad, a los diecisiete años—. Sí que es cierto que algo de timidez se aprecia en su carácter y que al principio cuesta un poco saber de ella, pero a medida que avanza la entrevista se relaja y nos permite compartir muchos detalles de su vida.
Pudimos contactar y saber de Laura porque sus profesores nos hablaron de ella. Marta y Pablo la conocieron hace apenas tres años cuando ella, natural de Rumanía, se matriculó en el instituto Humanejos de Parla (Madrid) y empezó a estudiar 3.º de ESO. Pablo fue su profesor de Lengua y Literatura y Marta su profesora en las clases de apoyo. Probablemente fueron estos dos profesores los que más acompañaron emocionalmente a Laura en esos primeros momentos de familiarización con la nueva lengua a la que ella se enfrentaba, pero no son los únicos profesores de entonces que la recuerdan. Queremos destacar en este punto que Laura, además del rumano y ahora español, habla inglés, francés y ha empezado a estudiar portugués.
Con todas las informaciones que conseguimos reunir sobre ella podemos construir el retrato de Laura: reservada, algo tímida, muy exigente consigo misma y con unas ganas de aprender sorprendentes para una chica de su edad (prueba de ello es que el primer año de estudios en España sacó un sobresaliente en Lengua y ya habla español como si fuese prácticamente nativa). Pero si hay algún rasgo de su carácter que destaca entre otros es el de su sensibilidad. Por ello, después de conocerla un poco, no nos extraña la anécdota que nos contó Marta sobre Laura: «Es la primera alumna que se ha emocionado en mis clases al oír recitar unos versos de un poema en español, que ella asoció a la poesía tradicional de Rumanía, y también es a ella a la primera alumna a la que yo me he atrevido a regalar un libro de poemas de Garcilaso».
Laura llegó a España con su hermana en 2001. Primero, dos años antes, lo había hecho su padre, ingeniero de profesión, y con él en seguida se reunió su madre. Vinieron aquí porque querían asegurar un futuro para sus hijas. Encontraron relativamente pronto trabajo, aunque no sin dificultades (él como tornero y ella como dependienta en una tienda), y prepararon la llegada de sus hijas.
Ahora, tres años después de su llegada a nuestro país, Laura y su familia hacen una valoración positiva de su experiencia y de su estancia en España: «Estamos contentos de estar en España y pensamos quedarnos… ¡No vamos a empezar ahora a aprender el idioma de otro país!».
Pero cuando a Laura se le pregunta por su país no puede evitar recordar con nostalgia las montañas de Transilvania y la vida más tranquila que llevaba en la zona rural donde vivía. Y por supuesto a sus amigos, a los que nos muestra en distintas fotografías que ha hecho este verano, la primera vez que ha vuelto a Rumanía desde que en 2001 ella y su familia se instalaron en España.
Laura vive ahora en Parla, una población situada en el sur de la provincia de Madrid. Tiene a su familia como apoyo y abrigo contra el calor de Madrid, al que todavía no se ha acostumbrado. Y se esfuerza cada día para cumplir uno de sus deseos, que es el de ir a la universidad a estudiar algo relacionado con la biología o la química. Y sabe que el día que aparezca allí, en la facultad, con su apariencia de Platero, será, sin duda, un gran día para ella.