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Historias de debajo de la luna

Entrevista

«Laura, un ejemplo de superación, ya en 1.º de Bachillerato»

[Fotografía] Laura Mihaela Stoian.

Parla (Madrid, diciembre, 2003)

Laura es una estudiante de 1.º de Bachillerato, pero una estudiante excepcional que lleva tan solo tres años en España y ha conseguido en ese tiempo convertirse en un ejemplo para otros muchos chicos y chicas que, procedentes de otros países, entran en las aulas de los centros escolares e institutos de España.

En esta entrevista nos habla de sus experiencias en España, de su país, Rumanía, y de cómo ha vivido ese proceso de integración en un nuevo contexto escolar en el que se habla una lengua de la que ella apenas sabía unas palabras cuando empezó sus estudios de 3.º de ESO.

En la entrevista Laura contesta a las preguntas que aparecen en cada uno de los recuadros. Si quieres conocer sus respuestas pincha sobre ellos.

  1. ¿Qué sabías de España antes de venir? ¿Qué te habían contado?
  2. Laura, en España, ¿cuántos cursos has hecho ya en el instituto? ¿Te gusta el instituto? ¿Qué recuerdas del primer día de clase?
  3. ¿Ha cambiado mucho tu vida y la de tu familia desde que estáis en España? ¿Has hecho amigos en España?
  4. ¿Cómo has aprendido español? ¿Cómo te han ayudado a aprenderlo las clases de apoyo?

«En España, Rumanía se relaciona con Drácula o con deportistas como Szabo. En clase hicimos una actividad para localizar Rumanía en el mapa»

—¿Qué sabías de España antes de venir? ¿Qué te habían contado?

―De las clases de geografía de mi país conocía cuál era la capital de España y qué se cultiva aquí… Mis padres me habían hablado del calor y de las posibilidades para estudiar (en Rumanía para estudiar en la universidad tienes que tener mucho dinero). Relacionaba España con imágenes de las telenovelas de la tele rumana, que eran en español con subtítulos en rumano.

―¿Es España como te imaginabas?

―Creía que España tenía muchos árboles (en Rumanía hay muchos y todo está lleno de campo) y eso me sorprendió… Por lo demás, España es un lugar parecido a mi país.

―¿Te gusta España? ¿Qué es lo que más te gusta de España? ¿Y lo que menos?

―Sí. Lo que más me gusta son las fiestas. También me gusta que aquí se viaja mucho. He hecho excursiones con el instituto y con mis padres. Ahora voy a ir a Italia con mis compañeros. Lo que menos me gusta… el calor del verano porque es muy sofocante.

―¿Qué es lo que más echas de menos de tu país?

―La nieve… a mis amigos (Florentina, Elena, Violeta…) y a mis abuelos.

―¿Qué se sabe en España de Rumanía?

―En general, poco. Se relaciona con Drácula o con deportistas como Szabo. En clase hicimos una actividad para localizar Rumanía en el mapa… y ahora ya saben dónde está porque antes tenían dudas. No me gusta que se relacione a todos los rumanos con los gitanos rumanos de mi país… En general, no me gusta la imagen que de los extranjeros se da en la televisión, porque siempre se generaliza.

―¿Los españoles en general sienten interés por tu cultura?

Sí; me preguntan por el paisaje y el tiempo. A mis compañeros les gusta que hable en rumano con Cristina (otra chica rumana del instituto) y a veces entienden algo.

―¿Qué similitudes y diferencias encuentras entre la cultura de ambos países?

No veo muchas diferencias. Bueno… una es que nosotros en Rumanía no reconocemos la figura del Papa. Lo demás es igual. La vida diaria es parecida, aunque allí se trabaja más en el campo y en las casas hay una parte de terreno o de huerta.

―Dinos una de las fiestas más importantes de tu país.

―El día en que se celebra la muerte de Cristo y su resurrección se pintan de rojo huevos cocidos y se juega a hacerlos chocar unos con otros para romperlos diciendo que Jesús ha resucitado. El color rojo simboliza la sangre de Cristo.

―¿Y una tradición cultural popular?

La Nochebuena no se celebra, pero el día de Navidad sí. Se pone el árbol y se dan los regalos. Allí no hay día de Reyes. Y el 31 de diciembre no hay uvas… la gente sale de las casas a ver fuegos artificiales.

―¿Y una comida representativa o típica de las fiestas familiares?

―El Sarmale. En las fiestas también se come carne de cerdo.

―¿Una música representativa o un instrumento musical?

―La batería y el acordeón.

―¿Un paisaje irrepetible en otro lugar del mundo?

―Las montañas de Transilvania. El paisaje y sus montañas, y los castillos.

―Un color con el que identifiques tu país. ¿Por qué?

Los colores de la bandera: rojo, verde y blanco. Son los colores del equipo de fútbol.

―Tres adjetivos para definir a las gentes de tu país.

Agradables, amistosos, familiares.

«[El primer día de clase] Estaba nerviosa así que [para presentarme] me levanté y me senté varias veces hasta que Tania me hizo un gesto para indicarme que me sentara y que me estuviera en mi sitio, que aquí no era así. Sentí que había hecho el ridículo»

―Laura, en España, ¿cuántos cursos has hecho ya en el instituto?

3.º y 4.º de ESO. Ahora estoy en 1.º de Bachillerato.

―¿Te gusta el instituto? ¿Qué cosas son diferentes en el instituto en España?

―Sí, me gusta mucho. Hay diferencias, pero no muchas. Allí decoramos las clases entre todos y traemos cosas de casa (por ejemplo, un reloj, flores, etc.). También organizamos las fiestas con el tutor (hacemos una lista de lo que necesitamos, ponemos dinero entre todos y compramos las cosas). También le hacemos un regalo al tutor cuando es su cumpleaños y cuando es el tuyo llevas bombones y caramelos… Y esas cosas aquí en España no se hacen. Luego, las asignaturas son más o menos las mismas, pero van separadas (Física y Química, Historia y Geografía van separadas) y por eso hay más. Además, en Rumanía se va al instituto por la tarde, se tiene que estudiar cada día porque preguntan todos los días y esas notas orales cuentan como las de un examen. Pero las clases son parecidas. Yo creo que es más fácil estudiar en mi país porque lo hacemos todos los días y luego en los exámenes no hay que hacer tanto esfuerzo. Aquí, salvo en Matemáticas, lo que hacemos es subrayar los apuntes y para el día del examen hay que estudiar mucho.

―¿Qué recuerdas del primer día de clase?

―Había llegado a España dos semanas antes de empezar el curso. Esos días había aprendido los números, a sumar y a restar en español y algunos saludos y palabras. Encarna, la jefa de estudios del instituto, me presentó a Tania, una chica española. En la primera clase, me acuerdo… era de Tecnología… tuve que presentarme delante de todos y no sabía cómo hacerlo. Como me daba vergüenza hablaba muy bajito y tuve que repetir lo que decía varias veces. Allí en Rumanía, cuando un alumno habla se levanta y eso era lo que yo estaba haciendo… Me levantaba para hablar y claro no era eso lo que todos esperaban… Yo estaba nerviosa así que me levanté y me senté varias veces hasta que Tania me hizo un gesto para indicarme que me sentara y que me estuviera en mi sitio, que aquí no era así. Sentí que había hecho el ridículo. Y luego cuando me presenté les dije que mi nombre era Stoian Laura Mihaela (así es el orden en rumano), pero aquí el orden normal, el que tenía que haber dicho, es Laura Mihaela Stoian [se ríe]. Fueron unos cinco minutos, pero a mí ese tiempo me resultó mucho mucho más. Después en el recreo no estuve sola, estuve con Tania y sus amigos… ¿Qué más?… De ese día recuerdo que aprendí lo que tenía que traer. Los libros y eso, porque en mi país eso es diferente. En Rumanía solo en Matemáticas necesitamos un cuaderno de trabajo. Aquí puedes utilizar el mismo cuaderno o carpeta para todas las asignaturas… claro, con distintos apartados. Y yo no sabía qué cuaderno comprar porque en Rumanía utilizamos cuadernos pequeños y aquí se utilizan grandes.

―¿Qué más recuerdas de los primeros días de clase?

―Tuve que hacer muchos tests para ver cuál era mi nivel. En Matemáticas y en Inglés me fue bien. En Lengua no tuve que hacer ningún examen, directamente empecé a ir a clases de apoyo por la mañana y después por las tardes daba más clases de español. Al final del curso, tuve sobresaliente en Lengua… ¡No me lo podía creer!

―¿Qué es lo más importante que crees que haces en el instituto?

―Aprender en general, y también aprender mucho español. Lo que estudio de otras asignaturas me lo aprendo en español y eso me ayuda a seguir avanzando en español.

―En la clase, ¿hay algunos alumnos de otros países como tú?

―Sí, de otros países somos cinco: Alex, que es estadounidense; Leidy, que es de Colombia; Cristina, que es de Rumanía y Jaime, que es de otro país, pero no sé de cuál.

―¿Te gustaban al principio las clases? ¿Te gustan ahora?

―Sí, ahora sí. Al principio no tanto… No sabía responder, faltaba a muchas clases porque iba a clases de apoyo y por eso, cuando había un examen, no sabía casi nada.

―Cuando explican los profesores, ¿entiendes todas las palabras? ¿Y al principio?

―Todavía no entiendo todas las palabras, pero por el sentido de la frase más o menos lo comprendo. En 3.º de la ESO durante el primer trimestre, no entendía casi nada.

―¿Qué hacías en clase? ¿Tareas especiales? ¿Y ahora?

―Al principio en Lengua tenía dos profesores. El de la clase normal, Pablo, y la profesora de apoyo, Marta. Marta me encargaba las tareas especiales. Solo al principio, en las clases de Pablo (las normales), hacía las tareas que me había mandado Marta, pero luego, después del primer trimestre, ya podía hacer las tareas de los demás. En el resto, más o menos, siempre he hecho las mismas tareas. Por ejemplo, este año en Literatura he podido leer como el resto de los chicos españoles a Gonzalo de Berceo, y Cristina y Alex, como llevan menos tiempo en España, han leído una versión de Romeo y Julieta.

―¿En clase te preguntan igual que al resto? ¿Tienes tiempo para responder?

―Me preguntan más o menos como al resto. Ahora sí me da tiempo para contestar, pero al principio no… Tenía que pensar mucho y no podía responder tan rápido.

―¿Qué es lo más importante que haces o has hecho en las clases?

―Ahora aprender las asignaturas. Pero antes, las clases, más que para aprender la asignatura, me servían para aprender español. Por ejemplo, en Inglés o en Matemáticas o en Física y Química yo ya había estudiado esas cosas, y en las clases no aprendía sobre esa materia… Más bien, me servía para aprender español.

«El primer día […] Tania me dijo “Sígueme y ven conmigo a todos los sitios” y así estuve una semana. Yo iba donde ella y me presentaba a toda la gente»

―¿Ha cambiado mucho tu vida y la de tu familia desde que estáis en España?

―Ahora estamos más tiempo juntos. En Rumanía mi padre tenía un sueldo pequeño y trabajaba por las noches a veces. Mi madre estaba en casa y ahora aquí trabaja como dependienta. En Rumanía vivíamos en el campo y aquí en la ciudad, en Parla. Me gusta ver tiendas y gente todo el día en la calle, pero prefiero el campo, el aire limpio…

―¿Te ha resultado fácil adaptarte a la nueva vida? ¿Has hecho amigos en España?

―Normal. He hecho amigos, pero no sé si son muchos o pocos. Casi todos son del instituto. A Tania la conocí el primer día de clase y ella me presentó a más gente: Leidy, que es de Colombia; Fiorela, que es de Perú; Mónica, otra chica española…

―¿Sales con ellos fuera del instituto o quedas con ellos los fines de semana?

―En general, no, aunque a veces salgo con Tania. Cuando salgo, salgo con mis padres.

―¿Qué te pareció Tania el primer día? ¿Te gustó?

―Me pareció muy simpática. Ella ha sido quién más me ha ayudado a relacionarme. El primer día, después de salir de clase me dijo «Sígueme y ven conmigo a todos los sitios» y así estuve una semana. Yo iba donde ella y me presentaba a toda la gente.

―¿Cómo te comunicabas con Tania y con los demás esos primeros días?

―Utilizaba algunas palabras en inglés, hacíamos gestos y muchos dibujos.

―Y ahora para relacionarte con otros compañeros, ¿cómo lo haces?

―Ahora es fácil. Me acerco a ellos y empezamos a hablar de estudios o de lo que sea.

―¿Al principio, cómo te sentías cuando te relacionabas con ellos? ¿Y ahora?

―Pasaba mucha vergüenza porque no me enteraba de lo que me decían. Me sentía rara, pero bueno, conseguía comunicarme… A veces evitaba acercarme a otros compañeros. Ahora me siento bien cuando me relaciono con ellos.

―Al principio, ¿querías parecerte a tus compañeros de clase? ¿En qué? ¿Y ahora?

―Claro, quería ser tan segura como eran ellos porque yo me sentía insegura. Ahora ya no me siento así, pero me gustaría ser menos tímida.

―¿Y en qué crees que los chicos de tu clase deberían parecerse a ti?

―Yo soy muy exigente conmigo misma. Me gusta tener muy ordenados los apuntes de clase… y los chicos españoles, en general, no le dan tanta importancia a estas cosas.

¿Te gusta que haya chicos y chicas de diferentes países en el instituto? ¿Te relacionas más con ellos que con los chicos españoles? ¿Por qué?

―A mí me gusta que haya chicos de otros países, así no soy yo la única. Creo que es bueno ser de distintos lugares… Eso nos hace aprender más de otras culturas. Tengo también amigos españoles, por ejemplo, Tania, pero sí es cierto que mis amigos más cercanos son de otros países. Hemos vivido experiencias parecidas y eso acerca. Tengo buena relación con Alex, un chico estadounidense que vino este año en un programa de intercambio. Le ayudo con las asignaturas, le explico las cosas y le paso fotocopias de mis apuntes. Él lleva menos tiempo que yo en España. Vino este curso con un programa de intercambio. También conozco a Leidy, que es de Colombia, a Jaime (que la verdad, no sé de dónde es…) y a Cristina, una chica rumana que ha venido este año al instituto.

¿Te gustaría que fuesen más chicos de Rumanía a tu instituto?

―No… Si somos muchos rumanos, nos íbamos a relacionar entre rumanos y creo que tenemos que relacionarnos con todos, no solo entre nosotros. Yo prefiero relacionarme con chicos y chicas de todos los sitios, de aquí de España y de otros lugares.

¿Qué diferencias hay entre los chicos españoles y los de tu país?

―Los chicos y las chicas nos parecemos mucho. No importa de dónde seamos. Una diferencia… los chicos españoles hablan de las cosas más abiertamente. En Rumanía solo hablas de tus cosas con los amigos más cercanos del instituto. Más cosas diferentes… Allí en el instituto no puedes maquillarte y tienes que llevar las uñas muy cortas. Además está prohibido fumar. Aquí esas cosas no tienen tanta importancia.

¿Qué crees que piensan los padres de tus compañeros de los inmigrantes?

―A algunos no les gustan. Deberían acercarse a conocernos como personas. Los chicos que antes pensaban así, cuando nos conocen, ya no hacen esos comentarios.

¿Qué piensan tus padres de los españoles?

―Quieren que me relacione con todos y con los españoles.

«[Me gustaban mucho las clases de español, pero ir a ellas me gustaba] por una parte sí y por otra no. Aunque no me enteraba de todo, si faltaba [a las clases normales] me enteraba menos. Lo ideal sería hacer todo: clases normales y clases de apoyo»

―Ahora, ¿qué te gusta más hablar, español o rumano? ¿Por qué?

―En España, me gusta mucho más hablar español. Cuando este verano he vuelto a Rumanía, al hablar en rumano me faltaban algunas palabras los primeros días…

―¿Tus padres hablan español?

―Sí, en el trabajo, pero en casa hablamos en rumano mezclado con el español. Si tengo que explicar las cosas que hago en las clases, hablo en español. Las cosas de la familia las hablamos en rumano. Si en casa vienen amigos rumanos hablamos en rumano y si es gente española hablamos en español.

―¿Quién de tus padres habla con los profesores? ¿En qué lengua habla con ellos?

―En general viene mi madre y habla con los profesores en español. Cuando nosotras empezamos el instituto, ellos ya llevaban tiempo en España y hablaban español. Pero ahora hablamos mejor nosotras. Ellos saben más palabras, pero tienen más problemas para hacer frases y relacionarlas. Claro, no siempre están hablando porque pasan muchas horas trabajando y eso es una ventaja para mi hermana y para mí. Mi hermana siempre nos está corrigiendo a todos en casa.

―¿Qué haces para seguir conservando tu lengua?

―He traído libros de Rumanía para leerlos. Mis padres me dicen que tengo que escribir cartas… pero eso no me gusta mucho.

―¿Cómo has aprendido español? ¿Cómo lo aprendes?

―Lo he aprendido en las clases de apoyo. El primer trimestre, cuando hacía 3.º de la ESO tenía seis horas a la semana. Después además con el profe de Lengua hacía dos horas voluntarias por la tarde, y además iba a otro instituto, para hacer dos horas más. Además de las clases, lo más importante ha sido estar usando la lengua. Por ejemplo, ahora estudio inglés, pero no lo hablo porque no estoy en Estados Unidos.

―Cuando empezaste a aprender español, ¿te gustaba hablar en español?

Me sonaba muy rara hablando en español. A veces estaba deseando llegar a casa para hablar en rumano, porque en el instituto estaba obligada a usar el español.

―¿Hay muchas diferencias entre el español y tu lengua? ¿Cuáles?

―Para mí el español es fácil. En rumano hay letras que no existen en español, por ejemplo: â, ă, î, ş, ţ. Pero se entiende más o menos.

―¿Cómo eran las clases de apoyo a las que ibas al principio?

―Solo fui a clases de apoyo en 3.º de la ESO. Éramos unos ocho alumnos. Unos eran de Marruecos, otros de otros sitios...

―¿En cuánto tiempo sentiste que las clases de apoyo te ayudaban a comunicarte?

―Después de tres meses de ir a las clases de apoyo, ya podía hablar para seguir más o menos las clases. Comunicarme con los compañeros lo logré en unas semanas.

―¿Te gustaban las clases de español?, ¿las de apoyo? ¿Cómo eran? ¿Qué hacíais?

―Me gustaban mucho. Al principio eran las que más me gustaban. Hablábamos de nuestra cultura, hacíamos carteles, escribíamos cuentos, hablábamos de nuestras experiencias en el instituto… Hacíamos muchas fichas, juegos para aprender palabras y números, y a hablar… Además hacíamos cosas que me ayudaban para las clases normales, por ejemplo, estudiaba algo de sintaxis. Con Marta aprendí mucho, mucho… y sus clases me gustaban mucho. Pero a veces los trabajos (los que hay que hacer al principio para aprender una lengua, como completar palabras) me parecían tareas de más pequeños. Claro que esas actividades hay que hacerlas para aprender…

―¿Con qué libros estudiáis español en las clases de apoyo?

―No teníamos un libro concreto. Eran fichas que preparaba Marta y estaban muy bien.

―¿Cómo era la clase de español? ¿Cómo estaban las mesas?

―Todas las mesas estaban unidas. En las clases normales, las mesas están separadas, para que no hables. En las clases de idiomas están unidas, para que hables. Trabajábamos en grupo, o en parejas, a veces solos. La clase estaba decorada con fotos, y habíamos colocado dibujos y carteles relacionados con nuestros países. Yo le había enseñado a Marta las notas que sacaba en mi país, y ella las puso en las paredes…

―¿Dónde lo pasabas mejor, en la clase de español o en la clase normal? ¿Por qué?

―En las clases de español. En las demás no me enteraba y además los otros chicos que estaban en las clases de apoyo estaban en la misma situación que yo.

―¿Te gustaba salir de clase para ir a clases de español? ¿Por qué?

―Por una parte, sí, y por otra, no. Aunque no me enteraba de todo, si faltaba a las clases normales me enteraba menos. Lo ideal sería hacer todo: clases normales y clases de apoyo.

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