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En Sintonía con el Español

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LEYENDA: Parte de la transcripción está marcada de acuerdo con el siguiente código de colores:

El color rojo sirve para destacar los elementos que tratamos. Pon atención, te ayudarán a aprender.
El color azul sirve para señalar los errores que comete el alumno-locutor en relación con el tema tratado.
El color verde sirve para los errores que comete el alumno-locutor, pero que no se relacionan con el tema tratado.

(P) Profesor/a
(A) Alumno/a

P: ¡Hola! ¿Qué tal? Bienvenidos de nuevo a esta nueva entrega de EN SINTONÍA CON EL ESPAÑOL. ¡Hola Marina! ¿Preparada?

A: ¡Hola! ¡Hola! Sí, preparadísima, Alicia. ¿Qué vamos a revisar hoy?

P: Pues mira, hoy toca echar un vistazo a una oposición muy interesante en español, entre el futuro imperfecto y el condicional simple. ¿Qué te parece?

A: Pues... si me pones un ejemplo...

P: Claro, aquí va. Vamos a empezar por lo más básico de este contraste entre tiempos. Al hacer predicciones, hipótesis, yo puedo, por ejemplo, decir algo como: Juan no me habla hoy, y un amigo me replica algo como: Estará enfadado. ¿Lo ves? Utilizo el futuro imperfecto (estará enfadado), para formular hipótesis sobre algo probable, un supuesto. Bien, pero si digo: Juan no me dirigió la palabra ayer, ¿qué responderías tú, Marina?

A: Pues diría: Estaría enfadado, claro, como es pasado, pues uso el condicional.

P: Sí, sí, eso es; para hacer suposiciones en presente, usamos el futuro imperfecto (estará enfadado), pero si son sobre el pasado, entonces usamos el condicional (estaría enfadado). Yo creo que esto es fácil y claro, ¿no?

A: Cien por cien.

P: Vamos a hacer otro ejemplo juntas, y de este modo podemos practicar un poco más el asunto de presente, con futuro, y pasado, con condicional. A ver, yo te digo: Oye, ¿sabes? Hoy no ha venido Julien a clase, ¿qué le pasará o qué le habrá pasado?

A: Se habrá levantado muy tarde.

P: Muy bien. Pero me extraña porque la semana pasada, el jueves, tampoco vino y le pregunté qué le había pasado pero no me dijo nada, ¿qué le pasaría?

A: Estaría deprimido por haber estado rechazado por una chica.

P: ¡Oh, pobre! Esperemos que no. Bueno, ahora sí tenemos que dar un pasito más. A ver, a veces, en español, usamos este contraste futuro/ condicional para cuestionar lo que otros dicen. Como es lógico, cuestionamos algo dicho en presente con el futuro, y algo dicho o referido al pasado, con el condicional. Por ejemplo, alguien me dice: David está enfadado contigo porque no le dejas el mando a distancia de la televisión. Yo puedo cuestionarlo y decir, así, con este tono y las manos en la cintura: No le dejaré el mando a distancia, pero él me tiene harta porque solo quiere ver el fútbol. ¿Ves? Lo que hago es tomar una información, (no le dejo el mando), como si fuera un supuesto (no le dejaré el mando) y así, utilizando el futuro, pongo en duda esa información.

A: ¡Ah, vale! Yo, si por ejemplo, discuto con mi pareja y dice algo [con] lo que no estoy del todo de acuerdo le puedo repetir lo que ha dicho pero en futuro...

P: Sí, sí; si lo que dice afecta al presente. ¿Se te ocurre algún ejemplo?

A: Bien. Si me reprocha que no friego los platos, le contestaría: ¡Yo nunca fregaré, pero tú tampoco tocas la lavadora!

P: Muy bien.

A: Porque si afecta al pasado, uso el condicional, pero ¿cómo sería?

P: Pues, mira, siguiendo con el conflicto del mando a distancia, imagínate que tu pareja te dice: Oye, Marina, ¡no pude ver el partido la semana pasada porque no me dejaste cambiar de canal, cogiste toda la tarde el mando! Tú, ¿qué le responderías?

A: No verías el partido porque no querrías, si me hubieras pedido el mando, te lo hubiera dejado.

P: Sí, y ahí empezaría, seguramente, una fuerte discusión. Esto del mando tiene gracia: parece que, hace poco, una compañía de aparatos electrónicos hizo una encuesta en la que se reflejaba que las parejas españolas son las que más discuten por tener el control del mando a distancia. Nada menos que el 46% de las parejas discuten, según esta encuesta, por la posesión del mando. ¿Será verdad?

A: No me lo creo, la verdad.

P: Pues a mí no me extraña, porque también se dice en este estudio que los españoles tenemos nada menos que cuatro mandos a distancia de media por hogar.

A: ¡Vaya, cuatro!

P: Sí. No sé, estaría... me pregunto si estaría bien establecida la muestra de informantes. Yo no creo que los españoles estemos tanto tiempo viendo la televisión. Esto es perjudicial para la vida en pareja, ¿no?

A: ¿No estarás diciendo que no se puede ver la televisión en pareja?

P: No, no, ni mucho menos, pero es que, cuatro mandos a distancia por casa... no sé, yo tengo... ¡Horror! ¡Tengo cuatro! ¿Pero no creerás que me paso todo el día viendo la tele?

A: No, yo tengo tres. Te pasará como a mí, contarás los del vídeo, del DVD, de la tele, el del aparato de música...

P: Sí, sí, claro, eso hago. ¡Jo! Si el número de mandos respondiese a la cantidad de horas que ves la tele al día, estaríamos todos divorciados....

A: Sí, sí, hay que tenerlo en cuenta.

P: Sin duda. Bien, ahora vamos a practicar un poco esta oposición. Mira, Marina, yo te cuento una idea y tú la cuestionas; recuerda cuestionarla en futuro si me refiero al presente, y en condicional si lo hago en pasado, al pasado. ¿Estás preparada?

A: Sí.

P: Venga. ¿Tienes las manos en la cintura?

A: Sí.

P: Vale, es que esta es una estupenda manera de mostrar indignación en la cultura española...

A: Y en mi cultura también.

P: ¿Ah, sí? Vale. Seguimos con David y su chica, que es nuestra pareja modelo. Veamos, David le pide a su novia el mando a distancia porque juega su equipo de fútbol en ese momento, y ella puede responderle, visto lo visto...

A: Jugará tu equipo, pero empieza mi programa favorito y te quedas sin mando.

P: La novia, a la que llamaremos Conchita, después de decirle eso, añade algo un poco cruel como: La semana pasada no estuviste tan pendiente del partido y se te pasó, así que no te importará tanto. A ello, David, tan sufrido, le podría contestar: A mí se me pasaría el partido, pero lo que tiene delito es que tú te acordaras y no me lo dijeras. ¡Madre mía! ¡Qué pareja! Menos mal que esto es solo un supuesto.

A: Yo diría que muy cerca de la realidad.

P: Bien, quizás, bueno. Como vamos viendo, generalmente al cuestionar una información que otro nos da, a continuación añadimos otro reproche, o una amenaza, fíjate: Jugará tu equipo, pero empieza mi programa favorito y te quedas sin mando. O: A mí se me pasaría el partido, pero lo que tiene delito es que tú te acordaras y no me lo dijeras. ¿Lo ves claro, Marina?

A: Sí, lo veo muy bien.

P: Bueno, con esta pequeña dosis de buen humor, vamos a escuchar la siguiente entrevista a una pareja media española que nos va a permitir, no solo oír algunos ejemplos más de la oposición que estamos tratando, sino también reflexionar sobre lo que hace que una pareja tenga una convivencia en armonía.

A: Cosa nada fácil.

P: Cierto es, escuchemos.

(R) Reportero/a
(E1) Mujer entrevistada
(E2) Hombre entrevistado

R: ¡Hola a todos y todas! Oyentes fieles de EN SINTONÍA CON EL ESPAÑOL. Bienvenidos un día más a nuestro espacio A debate. Hoy traemos a nuestros micrófonos, a Pilar y a Javier, una joven pareja con la que intentaremos reflexionar sobre las consecuencias que tiene en la convivencia la incorporación de la mujer al mercado laboral, el cambio de roles que esto supone y el modo en como hombres y mujeres nos adaptamos a estos cambios. Saludamos ya a Pilar. ¡Hola Pilar! ¿Cómo estás?

E1: Muy bien, encantada de estar con vosotros. Os sigo siempre.

R: ¡Vaya, muchas gracias! Al otro lado del teléfono está Javier, su pareja, con quien Pilar convive desde hace unos cinco años, ¿no es así? Hola, Javier.

E2: ¡Hola! Sí, sí, cinco años hace ya dentro de poquito. Por cierto, que también os sigo, me encanta el programa y siento no poder estar con vosotros, es que hoy tengo un viaje...

R: No hay problema, el trabajo es el trabajo. Me alegro mucho de que también nos sigas, Javier. El tema que nos trae hoy aquí está íntimamente relacionado con la ideología democrática, lo que supone reconocer igualdad de derechos y de obligaciones tanto a hombres como a mujeres. Este principio de igualdad implica, creo yo, poner en cuestión la tradicional jerarquía de sexos y, estaréis de acuerdo conmigo, la redistribución de las obligaciones que cada miembro de la pareja asume en la vida cotidiana. Pilar:

E1: Sí, yo creo que los principios los tenemos todos muy claros, a priori, pero el problema surge cuando hay que poner los pies en la tierra y dividirse las tareas, por ejemplo, en casa.

R: Sí, las tareas domésticas son uno de esos ámbitos espinosos y difíciles. Javier:

E2: Pues yo creo que todo es cuestión de organizarse, quiero decir, que no tiene por qué haber problemas si uno se organiza bien con la pareja.

E1: Ya, la pareja se organizará tan bien como quiera, pero la verdad es que hay ciertas cosas que... que puede no llegar a hacer bien. Por ejemplo, podemos decidir que en casa plancha uno y... y que otro cocina, pero si el que plancha no lo hace bien, por muy organizados que estemos, lo acabará haciendo el otro.

E2: ¿No estarás diciendo que yo no plancho bien?

E1: Era un ejemplo...

E2: Ya, ya...

R: A mí me parece evidente, también por mi propia experiencia, que en general a los hombres en España, en nuestra generación al menos, no os han enseñado vuestras madres a cumplir con las tareas de la casa, por eso probablemente necesitáis aprender y en eso creo que las mujeres, que sí hemos aprendido desde muy jóvenes, os podríamos ayudar, ¿no Pilar?

E1: Sí, claro, estamos de acuerdo, venimos de educaciones diferentes, pero la verdad es que... es complicado el día a día, porque podrás poner la mejor voluntad en enseñar a tu pareja, pero lo cierto es que no siempre tu pareja pone la mejor voluntad en aprender, esto... esto también es un problema.

E2: Dirás que yo no pongo buena voluntad en aprender...

E1: Pues, hombre, en algunas cosas... no.

E2: ¿En qué cosas?

E1: Con los cristales, por ejemplo, la semana pasada pondrías muy buena voluntad, pero los resultados fueron terribles.

E2: Bueno, reconozco que odio limpiar los cristales.

R: Eso ocurre a menudo, no importa el sexo, hay personas a las que ciertas tareas les cuestan mucho trabajo; yo, por poner un caso, odio planchar.

E1: Pero si tienes que hacerlo, lo haces. Creo que la clave es que a veces los hombres no consideran las tareas como obligaciones, a menudo les da igual que algo esté limpio o sucio.

E2: ¿No querrás decir que los hombres no somos aseados? Ese discurso es sexista.

E1: No, no quería ofender, es solo una impresión.

R: Bueno, la verdad es que hay diferentes maneras de concebir la limpieza entre las personas. Planteemos ahora un supuesto que forma parte de la vida cotidiana: si los dos miembros de la pareja trabajan, y un hijo de ambos cae enfermo, ¿quién ha de faltar al trabajo para llevarlo al médico? No dirás, Pilar, que eso lo hacen mejor las mujeres.

E1: No, no, supongo que dependerá —porque nosotros no tenemos hijos— de cómo sean los trabajos, la posibilidad de tomarse el día libre, ¿no?

E2: Estoy de acuerdo, dependerá del tipo de trabajo, porque creo que eso lo podemos hacer muy bien ambos, es más, ambos deberían hacerlo, según se dé la ocasión.

R: Otro supuesto: si uno de los dos quiere ver la televisión, y el otro dormir y ambos están en la cama, ¿qué hacer, apagar la tele o dormirse con el ruido?

E1: Esto lo va a contestar muy bien Javier, ¿no, cariño?

E2: Ya, ya. Pues en nuestro caso, si uno de los dos quiere ver la televisión lo hace, aunque moleste al otro, siempre se intenta bajar el volumen.

E1: ¡Ya! Te recuerdo que el otro día eran las tres de la mañana y todavía estabas viendo la película. ¡Ni os cuento lo que me costó dormir!

E2: Pues te costaría dormir, pero no me dijiste que te molestaba la tele.

E1: ¡Hombre! Por respeto.

R: Eso es; ahí puede residir una de las claves que permiten una convivencia cómoda, el respeto. Con esta base es fácil que los roces que surjan se solucionen amistosamente. Otras claves, como ya hemos mencionado, son la negociación...

E1: La sinceridad.

E2: Las buenas maneras al negociar.

E1: Eso, eso, no discutir y no gritar.

R: Sí, amigos, también una modalidad de respeto que podríamos denominar cultural. Con este tipo de respeto, el hecho de que la educación que uno ha recibido sea diferente a la del otro, no debería ser objeto de discusión.

E1: Esto es clave para sobrellevar el reparto de tareas en casa, creo yo.

R: Pues eso es.

E2: A mí me gustaría añadir algo más, si me lo permitís...

R: Sí, sí, dinos.

E2: Sí, quería decir que todas estas claves están muy bien, pero es importantísimo, a mi entender, ser generoso con tu pareja; a veces nos comportamos de manera egoísta y eso también es una fuente de problemas.

E1: ¿No estarás insinuando que soy egoísta?

E2: ¡No cariño! ¡Hablo en general!

R: Bueno, amigos, hasta aquí el debate de hoy. Creo que hemos llegado a unas sanas conclusiones sobre principios que permiten hacer la vida cotidiana más habitable en nuestra sociedad democrática e igualitaria. Nos oímos pronto. Pilar, Javier, muchas gracias por vuestras reflexiones; creo que ha sido interesante conocer vuestra opinión.

E1: Gracias a vosotros, al hablar también nosotros podemos pensar mejor en lo que... en lo que es más conveniente.

E2: Sí, gracias y hasta muy pronto.

R: Amigos, el debate está en vuestras casas. ¿Aplicaréis estos sanos principios? Eso esperamos. Hasta la próxima entrega de A debate en nuestro espacio EN SINTONÍA CON EL ESPAÑOL. Adiós.

E1: Adiós.

E2: Hasta luego.

(P) Profesor/a
(A) Alumno/a

P: ¡Qué polémica tan interesante! ¡Es como un espejo en muchas de las cosas que vivimos todos los que tenemos o hemos tenido pareja!

A: Sí, es muy interesante. Además, sigue igual en muchos países.

P: Sí, cierto. ¿Tú crees que será la igualdad una utopía en este contexto? ¿No será quizás más adecuado hablar de equilibrio de fuerzas, no de igualdad?

A: ¿No estarás pensando en la pareja como si fuera un campo de batalla?

P: Mmm, no sé qué decirte, la verdad. Pero, ojo, cuando escuchaste la entrevista, ¿no pensarías que todas las parejas españolas son iguales?

A: ¿Sabes? Hay un refrán en mi país; más o menos suena así: los problemas para todos son iguales, pero cada uno lo complica a su manera.

P: Sí, gran verdad, gran verdad. En fin, vamos a volver ahora sobre los ejemplos de la polémica que acabamos de disfrutar, ¿o no?

A: Claro, claro, disfrutar.

P: Bien, vamos allá.

Ya, la pareja se organizará tan bien como quiera, pero la verdad es que hay ciertas cosas que... que puede no llegar a hacer bien.

¿No estarás diciendo que yo no plancho bien?

Pero la verdad es que... es complicado el día a día, porque podrás poner la mejor voluntad en enseñar a tu pareja, pero lo cierto es que no siempre tu pareja pone la mejor voluntad en aprender, esto... esto también es un problema.

Dirás que yo no pongo buena voluntad en aprender...

Con los cristales, por ejemplo, la semana pasada pondrías muy buena voluntad, pero los resultados fueron terribles.

¿No querrás decir que los hombres no somos aseados? Ese discurso es sexista.

Pues te costaría dormir, pero no me dijiste que te molestaba la tele.

¿No estarás insinuando que soy egoísta?

P: Bien, amigos oyentes, resumamos para finalizar el asunto que nos ha ocupado hoy, ¿te animas, Marina?

A: Sí.

P: ¡Venga!

A: Usamos el futuro cuando cuestionamos lo que otra persona nos dice en presente. Y usamos el condicional cuando nos lo dice en pasado.

P: Muy bien. A lo que hay que añadir que esta oposición sirve, entre otras cosas, para formular hipótesis o suposiciones sobre el presente o sobre el pasado, como hemos visto al comienzo del programa, y con ellas también podemos replicar a nuestro interlocutor y poner así en cuestión una información o una opinión que nos ha dado, como acabamos de ver. ¿Qué pensarán nuestros oyentes de todo esto?

A: Pensarán que esto es muy útil y enriquece la lengua.

P: Eso espero. En todo caso, contádnoslo y no olvidéis que os esperamos en el nuevo programa de EN SINTONÍA CON EL ESPAÑOL.

A: ¡Hasta luego! ¡Buen día!

P: ¡Chao! ¡Adiós!

Agradecemos la colaboración a las siguientes personas, que han cedido sus voces para ESE 11: Amor Charlez, Brenda Vallés, Marcos Bitrián y Marina Puzyi.

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