LEYENDA: Parte de la transcripción está marcada de acuerdo con el siguiente código de colores:
El color rojo sirve para destacar los elementos que tratamos. Pon atención, te ayudarán a aprender.
El color azul sirve para señalar los errores que comete el alumno-locutor en relación con el tema tratado.
El color verde sirve para los errores que comete el alumno-locutor, pero que no se relacionan con el tema tratado.
(P) Profesor/a
(A) Alumno/a
P: Hola, ¿qué tal? Aquí comienza EN SINTONÍA CON EL ESPAÑOL. Hoy nos acompaña Marina, ¿qué tal, Marina?, ¿cómo va todo?
A: Hola, estupendo.
P: Bueno. Pues hoy Marina nos va a ayudar a reflexionar sobre una de las cuestiones más difíciles de corregir, un problema de pronunciación que se relaciona con el acento extranjero al hablar español. Hay que recordar que el acento extranjero es algo que permanece a lo largo de todo el aprendizaje, es prácticamente imposible conseguir el acento español cuando uno ha empezado a aprender la lengua extranjera en la edad adulta. El acento extranjero es un asunto complejo y hay multitud de aspectos que podrían tratarse… y lo haremos, pero hoy nos vamos a concentrar en la pronunciación de las vocales en español. A veces, al hablar, no conseguimos una pronunciación adecuada y eso es, en buena medida, porque las vocales a, e, i, o, u no tienen ese color español. ¿Cómo las pronuncias tú, así, aisladamente, Marina?
A: A, e, i, o, u.
P: Bien. Fíjate, las vocales españolas se organizan fonéticamente en torno a tres grados de apertura de la boca: máxima, como la a, media, como la e y la i, y mínima, o semicerrada, como la o y la u. Es decir, si las pronunciamos en el orden que acabamos de escuchar, vamos cerrando progresivamente la boca. Yo lo hago y tú me sigues, nuestros oyentes también lo pueden intentar. A ver, a, e, i, o, u.
A: A, e, i, o, u.
P: Muy bien. ¿Conseguido, amigos? Eso espero. Ahora vamos a intentar practicar aumentando paulatinamente el contexto fonológico, a ver si pensando en la apertura de la boca y practicando un poco conseguimos ese color deseado. Yo digo una palabra y vosotros la repetís, ¿de acuerdo?
A: Sí, vamos.
P: Vamos allá: Marta.
A: Marta.
P: … es…
A: … es…
P: … francesa.
A: … francesa.
P: Estupendo, ahora de un tirón: Marta es francesa.
A: Marta es francesa.
P: Muy bien. Seguimos: París.
A: … París…
P: … es la capital…
A: … es la capital…
P: … de Francia.
A: … de Francia.
P: Bien, ahora de un tirón: París es la capital de Francia.
A: París es la capital de Francia.
P: Muy bien, vamos a dar un paso más; otro ejemplo: No todos…
A: … No todos…
P: … los emigrantes españoles…
A: … los emigrantes españoles…
P: … vuelven pronto…
A: … vuelven pronto…
P: …a España.
A: a España.
P: Ahora de nuevo de un tirón, despacio y cuidando esas vocales: No todos los emigrantes españoles vuelven pronto a España.
A: No todos los emigrantes españoles vuelven pronto a España.
P: ¿Qué tal? Creo que ya podéis ir percibiendo en vuestra producción ese color y esa apertura gradual de las vocales. Hemos utilizado ejemplos para nuestra práctica que se relacionan con el tema de la crónica de hoy. Pero antes de escucharla, es conveniente que recordemos que al hablar es muy importante prestar toda la atención posible a nuestra pronunciación. De algún modo, todo nuestro aparato fonador, la boca, la lengua y los demás órganos deben acostumbrarse al español.
A: Sí, hay que acostumbrarse. Me gustaría apreciar esto en la crónica de hoy.
P: Pues no esperemos más. Escuchad las vocales del español.
(R) reportero/a
Con un billete de ida en el bolsillo, una maleta con ropa de abrigo y alguna foto, seguramente en blanco y negro, en la cartera, millones de españoles dejaban su país para encontrar una vida mejor. A lo largo del siglo XX, Argentina, Venezuela, Francia o Alemania fueron los destinos de nuestros tíos, tías, abuelos y abuelas. Hoy ellos son el espejo en que nos miramos en esta nuestra Crónica del siglo XX.
La inmigración está de actualidad. España es uno de los miembros de la Unión Europea con mayor índice de inmigrantes. Son numerosos los problemas que quedan por resolver. Estos hombres y mujeres, los que han conseguido quedarse en nuestro país, ya forman parte de nosotros, nos enriquecen con sus diferencias y nos plantean enormes desafíos. Generalmente, cuando hablamos de estas personas nos referimos a cómo han llegado a España o cómo viven y, en ocasiones, sobreviven aquí. Hoy nos interesa plantear el retorno, la vuelta a su país. Para ello, buscaremos el reflejo del retorno en nuestros propios emigrantes. Qué ha sido de ellos, especialmente qué ha sido de aquellos que emigraron en la década de los sesenta y que tuvieron como puerto de destino Francia.
En la actualidad, según el último censo, hay unos 400.000 emigrados españoles en Francia, en su mayor parte mujeres y casi todos mayores de 50 años. Los emigrados españoles se han integrado en la sociedad francesa y hoy una amplia mayoría tiene esa nacionalidad.
El deseo de volver a España se mantiene como una constante a lo largo de sus vidas, sin embargo, a menudo, la situación familiar ha impedido, en muchos casos, el retorno a casa. Los hijos de aquellos que marcharon masivamente a Francia son franceses y han hecho su vida allí, de tal manera que para los padres es muy difícil volver a España y separarse de ellos. El otro factor que ha pesado sobre ellos a la hora de considerar su vuelta ha sido de tipo económico: en muchos casos, poseer una vivienda o una estabilidad laboral les ha hecho cuestionar un regreso que podía convertirse en volver a empezar de cero. Por ello, muchos de los emigrantes españoles en Francia han vuelto solo tras su jubilación.
En 2007 treinta y cinco mil emigrantes españoles hicieron las maletas de vuelta. El 80 por ciento de los que han decidido volver a España ya se han jubilado en sus países de residencia o están a punto de hacerlo, y el otro 20 por ciento son sus descendientes. Es decir, los hijos de éstos que han nacido en el extranjero y que buscan una nueva vida en España; 16.000 de ellos proceden de Latinoamérica, sobre todo de Venezuela y Argentina, unos 4.000 emigrantes españoles hicieron las maletas de vuelta en Suiza y unos 3.000 en Francia.
¿Podrán los inmigrantes marroquíes, ecuatorianos o nigerianos de España volver, en un futuro no muy lejano, a sus países? ¿Llegarán, como nuestros emigrados, a jubilarse en España? ¿Podrán traer a sus familias a España si así lo desean y evitar el desarraigo familiar? ¿Habrá trabajo para todos?
Con estos y otros muchos interrogantes, les dejamos por hoy en Crónica del siglo XX.
(P) Profesor/a
(A) Alumno/a
(P) ¿Qué te ha parecido nuestra crónica de hoy? Yo creo que es muy interesante reflexionar sobre la emigración porque hoy en día España es un país que recibe a muchos inmigrantes, pero que tiene un pasado emigrante de mucha importancia. A veces se nos olvida que nuestros abuelos también tuvieron que marcharse para encontrar una vida mejor…
(A) Sí, es verdad. Mi padre me contaba que aún la Unión Soviética, la parte de que formaba Ucrania, acogía a los españoles inmigrados en los treinta. Además los niños: muchos de ellos se quedaron sin ver sus familias más y solo al acabar con el régimen soviético unos de ellos son más probable sus descendientes buscaban el camino para volver.
(P) Sí, es una historia triste. En fin, vamos a practicar un poco más la pronunciación de las vocales. Nuestros oyentes pueden intentar repetir estas breves frases extraídas de la crónica anterior.
A lo largo del siglo XX, Argentina, Venezuela, Francia o Alemania fueron los destinos de nuestros tíos, tías, abuelos y abuelas.
La inmigración está de actualidad.
Son numerosos los problemas que quedan por resolver.
El deseo de volver a España se mantiene como una constante a lo largo de sus vidas.
Por ello, muchos de los emigrantes españoles en Francia han vuelto solo tras su jubilación.
¿Habrá trabajo para todos?
(A) He encontrado bastante difícil este ejercicio.
(P) Sí, lo comprendo, pero tenemos que recordar que para mejorar nuestra pronunciación y, en último término, nuestro acento al hablar español es muy importante practicar de manera continua, reforzando aquellos aspectos que, por influencia de nuestra lengua materna en ocasiones, resultan muy difíciles de superar. Hay que ser constante, aprender una lengua es algo que se consigue progresivamente, con el tiempo. ¿Tú no has notado cómo mejora tu pronunciación a medida que usas más y más el español?
(A) Sí, pero mejora más aún si me fijo en cómo digo las cosas.
(P) Claro, seguro que a muchos de nuestros oyentes les pasa lo mismo. Oye, ¿te apetece que repasemos el color de las vocales para terminar?
(A) Me parece perfecto.
(P) Pues vamos allá. Repetid conmigo: Muchos emigrantes españoles…
(A) Muchos emigrantes españoles…
(P) … tienen nacionalidad francesa…
(A) … tienen nacionalidad francesa…
(P) … hoy en día.
(A) … hoy en día.
(P) ¿La repetimos completa? Muchos emigrantes españoles tienen nacionalidad francesa hoy en día.
(A) Muchos emigrantes españoles tienen nacionalidad francesa hoy en día.
(P) Muy bien, vamos con otra: El deseo de volver…
(A) El deseo de volver…
(P) … siempre está ahí.
(A) … siempre está ahí.
(P) Y de un tirón: El deseo de volver siempre está ahí.
(A) El deseo de volver siempre está ahí.
(P) Estupendo. ¿Os ha servido este ejercicio? Esperamos que sí y que os haya servido de ayuda para mejorar vuestro español.
(A) Yo voy a seguir practicando, ahora tendré más cuidado cuando hablo.
(P) Muy bien, hasta la próxima, amigos.
(A) Hasta pronto.
Agradecemos la colaboración a las siguientes personas, que han cedido sus voces para ESE 7: Marina Puziy y Lina Uriarte.