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Plan Curricular

Norma lingüística y variedades del español

La extensión geográfica del mundo hispánico y su elevado número de hablantes hacen necesario tener en cuenta su complejidad a la hora de describir la lengua común y la comunidad cultural hispánica. Estos presupuestos han sido considerados a la hora de seleccionar el material lingüístico que aparece en el Plan curricular del Instituto Cervantes y sus Niveles de referencia para el español y que corresponde preferentemente a la norma culta de la variedad centro-norte peninsular española. La selección de esta variedad se sustenta en los rasgos comunes que comparte con las restantes normas cultas del mundo hispánico y en su proyección dentro del modelo estandarizado prestigioso de la lengua para la propia comunidad hispánica, a lo que habría que añadir la propia adscripción de la institución encargada de elaborar el Plan curricular.

El español tiene la cualidad de ser una lengua que cuenta con varias normas cultas que pertenecen a diferentes localizaciones geográficas; la correspondiente a la norma centro-norte peninsular española es sólo una de ellas. De ahí que, como no podía ser menos, sean anotadas y comentadas especificaciones de considerable extensión en las que la norma central descrita no coincide con amplias zonas lingüísticas del mundo hispánico. Esta flexibilidad en el inventario compensa la restricción que supone describir preferentemente una de las muchas variedades del español y enriquece la representatividad del corpus.

Las especificaciones de otras variedades del español responden a varias consideraciones. Primeramente, están en relación con rasgos que les sirven de referencia y que son particulares —entiéndase, casi exclusivos— de la variedad elegida y que, por lo tanto, no se comparten con otras variedades del español; lo cual recomienda anotar la diversidad de realizaciones lingüísticas (gramaticales, fonéticas, nocionales…), siempre atendiendo de manera preferente a la representación de la norma culta de todas las variedades. También estas realizaciones no coincidentes han cumplido ciertos requisitos para que su inclusión sea recomendable en unos inventarios destinados al aprendizaje del español como segunda lengua o lengua extranjera. Por un lado, son suficientemente generales y de fácil percepción para el aprendiente, además de tener un área de uso y validez amplia. Por otro lado, son actuales y aportan una información útil para su competencia comunicativa. Su inserción en el inventario ha sido planificada según la propia graduación interna por niveles y responde a su relación lingüística con los contenidos descritos. En la presentación de estos rasgos siempre están anotadas las áreas geográficas de uso.

Los inventarios culturales se han elaborado con principios semejantes y en ellos se reflejan ámbitos propios de las realidades nacionales y regionales. Aquí se debe matizar la importancia y frecuencia de la presencia de elementos referentes a Hispanoamérica. La sección de contenido sociocultural, al requerir información muy específica e imposible de abarcar para todo el mundo lingüístico, auque se centra en la realidad española, no deja de incorporar referencias a otras cotidianidades hispánicas y ha parecido oportuno no marcar ninguna distinción en el caso de la conciencia intercultural (Habilidades y actitudes interculturales). De todo ello resulta un conjunto de inventarios rico y plural que abarca la realidad de una lengua rentable, común y extensa, y de la diversidad cultural de la comunidad de hablantes a la que corresponde, que los estudiantes no pueden desconocer.

Los inventarios descritos permiten al docente de español como segunda lengua o lengua extranjera graduar la importancia que debe otorgar y el detenimiento con que ha de tratar los diferentes rasgos geolingüísticos y de diversidad cultural en su planificación curricular concreta (que atenderá a su contexto didáctico, comunidad hablante de inserción, intereses y perspectivas de los aprendientes). A ello habría que añadir el hecho de que el profesor de español muy posiblemente, y de modo inevitable si es hablante nativo de esta lengua, pertenecerá a una de las variedades del español y deberá atender a que sus propios rasgos sean explicados y comprendidos por el aprendiente.

Para la demostración de los rasgos de las variedades deben utilizarse muestras reales de lengua oral y/o escrita —o, al menos, verosímiles en su coherencia lingüística— y cuyos portadores sean hablantes de nivel sociocultural medio y medio-culto. Su presencia debe responder a una proporción adecuada en relación con las muestras del modelo de la variedad que se describe y el incremento de dominio de la lengua que se supone con el nivel de estudio. Se recomienda a los docentes aprovechar, hasta donde sea posible, la variedad de acentos y procedencias de los hablantes de español para demostrar también la validez del modelo que se describe y enseña (común y neutro).

La visión de que el español es una lengua plural y diversa debe apoyar el planteamiento de que esta diversidad no impide el mutuo entendimiento de sus hablantes y que puede enseñarse y aprenderse para conseguir una comunicación satisfactoria con cualquiera de ellos.

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