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Habilidades y actitudes interculturales. Introducción

El inventario de Habilidades y actitudes interculturales constituye, junto con el de Referentes culturales y el de Saberes y comportamientos socioculturales, la dimensión cultural de los Niveles de referencia para el español. El desarrollo de esta dimensión en los tres inventarios mencionados requiere el tratamiento de los conocimientos, las habilidades y las actitudes que conforman la competencia intercultural. Esta competencia, junto con la de gestión y control del aprendizaje y las propiamente lingüísticas conforman un modo de competencia superior o integrada que trasciende el enfoque tradicional de la competencia comunicativa y se aproxima a la competencia plurilingüe y pluricultural del Marco común europeo de referencia para las lenguas: aprendizaje, enseñanza, evaluación (MCER, en lo sucesivo)1.

En el inventario de Habilidades y actitudes interculturales se presenta una relación de procedimientos que, al ser activados de forma estratégica, permitirán al alumno aproximarse a otras culturas, y particularmente a las de España y los países hispanos, desde una perspectiva intercultural. En esta perspectiva, la comunicación trasciende el mero intercambio de información para abarcar la comprensión, la aceptación, la integración, etc., de las bases culturales y socioculturales comunes que comparten los miembros de las comunidades a las que accede el alumno: la memoria histórica, las formas de vida, los valores, las creencias, etc., que a menudo impregnan la literatura, el cine, las artes plásticas, etc.

La competencia intercultural supone, en cierto modo, una ampliación de la personalidad social del alumno, que puede desarrollar una capacidad de adaptarse y desenvolverse con éxito en distintas situaciones en las que se relaciona con personas de comunidades diferentes a la suya o interpreta hechos y productos culturales propios de estas comunidades. Ello requiere el desarrollo y la capacidad de uso de una serie de conocimientos, habilidades y actitudes que le facultarán para lo siguiente: observar e interpretar, desde diferentes perspectivas, las claves culturales y socioculturales de las comunidades a las que accede, al margen de filtros o estereotipos; desenvolverse con éxito en nuevos entornos sociales y culturales, aun sin el fondo común que comparten los miembros de las comunidades con las que interactúa; actuar como intermediario entre los miembros de diferentes culturas, tendiendo puentes que permitan superar los eventuales malentendidos, atenuando las emociones y reacciones características del contacto intercultural y neutralizando, cuando sea posible, situaciones de posible conflicto. Todo ello permitirá conformar una personalidad social capaz de convivir de forma eficaz y productiva en un clima de tolerancia y cooperación, que el propio alumno contribuye a fomentar, enriquecer y mantener.

Se trata en definitiva de que el alumno, en el transcurso de sus experiencias interculturales, active de forma estratégica distintos factores. En primer lugar, el conocimiento de otras comunidades, particularmente las de España y los países de Hispanoamérica, que se irá integrando gradualmente en su propia experiencia de aprendizaje (hechos y productos culturales y saberes y comportamientos socioculturales). En segundo lugar, su conciencia intercultural, es decir, el conocimiento, la percepción y la comprensión de las similitudes y las diferencias entre su mundo de origen y el de las comunidades de España y de los países hispanos, en toda su diversidad y libre de estereotipos. En tercer lugar, las destrezas necesarias para establecer relaciones entre culturas, interactuar con personas, hechos y productos culturales, así como la capacidad de hacer de intermediario cultural entre miembros de diferentes comunidades y, por lo tanto, de afrontar con eficacia malentendidos culturales en situaciones conflictivas. En cuarto lugar, la orientación de sus motivaciones, creencias, valores, emociones, sentimientos, etc., hacia la empatía, la apertura, el interés, la atenuación de emociones negativas, etc. Y, finalmente, aunque no menos importante, la capacidad de incrementar progresiva e indefinidamente su capital de conocimientos, destrezas y actitudes, a partir de su participación reflexiva (planificación, ejecución, evaluación, reparación y ajustes) en las tareas que requieran las experiencias interculturales en las que participe.

Los contenidos que presenta el inventario en sus diferentes apartados pertenecen a dos categorías diferentes: habilidades y actitudes. En ambos casos, las especificaciones son de naturaleza procedimental, es decir, consisten en operaciones que el sujeto puede realizar de forma consciente, controlada y reflexiva con el fin de desarrollar estrategias interculturales. El uso estratégico de las operaciones que se denominan en el inventario habilidades interculturales permite al alumno captar, elaborar, interpretar, etc. la información a la que se encuentra expuesto sobre hechos y productos culturales, lo que le permitirá desarrollar una capacidad de actuación durante las experiencias interculturales. Por su parte, los procedimientos que se denominan actitudes interculturales permiten establecer el control consciente de la predisposición del alumno en sus dimensiones cognitiva (estructuras de conocimiento, ideas, creencias, valores...), emocional (reacciones, sentimientos...) y conductual (actuaciones, comportamiento...). Esta predisposición determina y condiciona sus respuestas ante el entorno cultural y sociocultural durante los encuentros interculturales en los que participe.

Las competencias que precisan ser activadas durante la realización de tareas en las que se produce la interacción o la mediación cultural son de naturaleza muy diversa, tal y como se ha puesto de manifiesto más arriba. Su desarrollo, a través del uso, remite directamente a los procedimientos de aprendizaje con los que se vinculan las habilidades y actitudes interculturales. Los conocimientos, habilidades y actitudes que se activan, en virtud de la naturaleza de las tareas y de las actividades que conllevan, son tanto lingüísticos como no lingüísticos. De hecho, el alumno será más competente interculturalmente cuanto más haya desarrollado e integrado los saberes culturales y los comportamientos socioculturales correspondientes. El conocimiento y capacidad de uso de las tácticas y estrategias pragmáticas, así como de los géneros que maneja, capacitará al alumno para actuar lingüísticamente con corrección y adecuación a la situación, a sus interlocutores, al tipo de texto, etc. Por otra parte, a medida que el alumno progresa en los niveles del currículo, irá diversificando el abanico de exponentes nocionales y funcionales y perfeccionando el uso de las reglas morfológicas y sintácticas que le permiten formar oraciones correctas. Todo ello le irá dotando de la versatilidad necesaria para dar respuesta lingüística a las situaciones interculturales en las que tome parte.

Como ya se ha adelantado en la Introducción general, el enfoque del inventario de Habilidades y actitudes interculturales es modular y se presenta en una lista única, sin establecer fases o grados como en los otros dos inventarios de la dimensión cultural. Según el MCER, el desarrollo de las competencias pluricultural y plurilingüe presenta generalmente desequilibrio y variabilidad, lo cual implica, entre otras cosas, que el perfil pluricultural pueda diferir del perfil plurilingüe2. El desarrollo del grado de dominio de las competencias comunicativas de la lengua, de naturaleza propiamente lingüística, no necesariamente se corresponde con el desarrollo del conocimiento del mundo, el conocimiento sociocultural, la conciencia intercultural o las destrezas y habilidades prácticas o interculturales. Por esta razón, las habilidades y actitudes interculturales, al igual que los referentes culturales y los saberes y comportamientos socioculturales, no presentan una correlación sistemática con los niveles establecidos para los inventarios de los componentes gramatical, pragmáticodiscursivo y nocional. La distribución que se realice a través de la adecuación curricular en un segundo nivel de concreción dependerá del grado de desarrollo de las competencias interculturales que vayan mostrando los alumnos en cada situación particular de enseñanza y aprendizaje.

Organización del inventario

Las especificaciones del inventario aparecen organizadas en cuatro apartados. En cada uno de ellos se pueden hallar las correspondientes habilidades y actitudes interculturales. Las habilidades se distribuyen en epígrafes que se corresponden con diferentes fases del proceso cognitivo que subyace al procesamiento y asimilación del conocimiento. Las actitudes se organizan en los distintos apartados con arreglo a un mismo esquema (empatía, curiosidad, apertura, distanciamiento, etc.).

El primer apartado, «Configuración de una identidad cultural», recoge las habilidades y las actitudes interculturales que el alumno precisa desarrollar con el fin de disponer de las estrategias necesarias para atravesar las etapas —no necesariamente secuenciales— de un proceso que le capacitará para lo siguiente:

  • tomar conciencia de la carga de filtros y estereotipos cuyas huellas en el discurso, en los juicios de valor, en los comportamientos, en las reacciones, etc. revelan sus percepciones e interpretaciones de otras culturas en clave etnocéntrica o sociocéntrica;
  • percibir la riqueza de matices que presenta el panorama cultural, incluso dentro de la propia comunidad, con el fin de apreciar la diversidad en términos de enriquecimiento mutuo;
  • captar rasgos comunes entre la cultura de origen y las culturas con las que se establece contacto (afinidades, concomitancias, huellas históricas o etnográficas, préstamos lingüísticos, etc.);
  • aceptar las culturas con las que se establece contacto, al margen de sesgos que lleven a concebirlas como variaciones de la cultura de origen, culturas inferiores, etc.;
  • percibir y apreciar las culturas con las que se establece contacto desde diferentes perspectivas y decidir en qué medida se completa la propia identidad cultural con las aportaciones recibidas a partir del contacto con hechos o productos culturales de otras comunidades.

El segundo apartado, «Procesamiento y asimilación de saberes culturales y comportamientos socioculturales», proporciona especificaciones sobre las operaciones cognitivas (habilidades) necesarias para captar, elaborar, interiorizar, integrar en las propias estructuras, ensayar o practicar, y activar estratégicamente el conocimiento (saberes y comportamientos) que se precisa durante las vivencias interculturales. Por otra parte, se especifican los procedimientos necesarios (actitudes) para orientar la propia disposición personal hacia la empatía, la sensibilidad, el interés, la flexibilidad, etc.

El tercer apartado, «Interacción cultural», presenta, en cuanto a las habilidades, una organización que se corresponde con las fases de las tareas en las que se realiza la activación estratégica de competencias con el fin de establecer y mantener contacto con personas, hechos o productos culturales. Se presentan, por consiguiente, las operaciones que podrían ponerse en marcha de cada una de las fases: actualizar, poner en juego, evaluar, corregir o ajustar conocimientos declarativos (culturales, lingüísticos y socioculturales), destrezas (prácticas, pragmáticas e interculturales) y actitudes (empatía, sensibilidad, apertura, etc.).

Finalmente, el cuarto apartado se centra en la mediación intercultural, que supone la realización de tareas en las que el alumno lleva a cabo actividades destinadas a favorecer la negociación de significados, la correcta y adecuada interpretación de hechos y productos culturales, la erradicación de malentendidos o la neutralización de conflictos interculturales. Es, por lo tanto, la tarea y las fases (recurrentes) en las que se desarrolla el eje determinante de los epígrafes en los que se organizan las distintas habilidades: planificación, mediación, evaluación y control, reparación y ajustes.

  • (1) Consejo de Europa (2001), Marco común europeo de referencia para las lenguas: aprendizaje, enseñanza, evaluación, Madrid, Secretaría General Técnica del MEC, Anaya e Instituto Cervantes, 2002. volver
  • (2) MCER, óp. cit., p. 131: «El perfil pluricultural difiere del perfil plurilingüe (por ejemplo: un buen conocimiento de la cultura, pero un pobre conocimiento de su lengua; o un pobre conocimiento de una comunidad cuya lengua predominante, sin embargo, se domina)». volver
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