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Géneros discursivos y productos textuales. Introducción

El enfoque adoptado en el desarrollo del inventario de géneros discursivos1 y de sus manifestaciones textuales —en la línea de las consideraciones apor-tadas por el Marco común europeo de referencia para las lenguas (MCER, en lo sucesivo)2— se sitúa en relación con las investigaciones más recientes realizadas sobre la estructura discursiva dentro del ámbito de la didáctica de lenguas y, en particular, en la perspectiva del análisis del género aplicada a la didáctica de los textos3. Dicha perspectiva permite, por una parte, trabajar los textos en el aula tanto desde un enfoque global como en sus aspectos formales más concretos e individualizados; por otro lado, la evidencia de que todas las culturas disponen de géneros para comunicarse de un modo rápido y eficaz permite partir de un concepto común —universal— que puede manifestarse de formas muy diversas en función del contexto en el que se emplee.

Se entiende por «género», en un sentido amplio, una forma de comunicación reconocida como tal por una comunidad de hablantes; en consecuencia, restringiendo este sentido al ámbito de la comunicación por medio de la lengua, se pueden definir los «géneros» como clases de textos identificados por el hablante como tales a lo largo de la Historia. Se trata, pues, de una realidad de carácter sociocultural sujeta a variación, tanto intercultural como intracultural, si bien dentro de una comunidad cada género comparte unos rasgos que lo hacen reconocible y que permiten su descripción y análisis. Esta perspectiva parte de la consideración de «texto» como un fragmento de lengua utilizado para llevar a cabo un acto o acontecimiento comunicativo de tipo discursivo. Cuando dicho texto presenta una serie de características en particular, se puede decir que pertenece a un determinado género. Estas características son las siguientes:

  • Una determinada estructura esquemática del discurso (estructura textual global)4. Es el esquema organizativo del texto. Permite la anticipación de contextos, la lectura selectiva en busca de una información concreta y la interpretación de las intenciones del autor dentro de la comunidad discursiva, tres características fundamentales para lograr una comunicación rápida y eficaz. La estructura textual global se divide en: estructura primaria, compuesta por secciones, que son, en su manifestación textual más esquemática, la introducción, el desarrollo y la conclusión; y estructura secundaria, compuesta por movimientos, que son las partes integrantes y diferenciadas de cada sección y que cumplen una función concreta dentro de ella5.
  • Limitaciones en cuanto a las posibilidades de desarrollo temático. Por ejemplo, dentro del campo de los negocios, el género «carta comercial» difícilmente tratará temas científicos, del mismo modo que el género «artículo científico» no se ocupará de la gestión empresarial.
  • Condicionamientos de registro (microestructura). La disposición y las características de los elementos que componen el texto oral o escrito le proporcionan cohesión y coherencia, y lo convierten en un mensaje que reconoce la comunidad discursiva a la que va destinado. Son precisamente esos elementos (el léxico, la gramática, la oración y sus relaciones) los que permiten diferenciar un escrito de otro dentro de una determinada estructura textual global.
  • Cumplimiento de una función concreta dentro de la comunidad en la que se utiliza. Los textos tienen muchas funciones diferentes en la vida social, lo que conlleva las diferencias correspondientes en forma y sustancia. Por ejemplo, para realizar la función concreta de «solicitar una tarjeta de crédito» se utilizan los textos correspondientes al género «formulario».

El género permite una interacción rápida y eficaz entre los individuos que conocen sus características, ya que una vez identificada su estructura y función tanto el emisor como el receptor pueden anticipar gran parte de las intenciones de su contenido, lo que facilita la posibilidad de acceder al objetivo comunicativo previsto.

Las muestras de cada género en concreto pueden presentar diversos patrones, pero serán similares en cuanto a función, estructura, registro, contenido y audiencia prevista. El género, entendido de esta forma, constituye una categoría universal, ya que todas las culturas disponen de una gran cantidad de géneros entre los que pueden elegir para comunicarse, adaptándolos a las circunstancias concretas de uso. De modo que podría decirse que los géneros son la forma en que se manifiestan las lenguas, su «existencia», ya que para expresarnos hacemos uso continuo de esquemas discursivos.

Hay textos que se adscriben fácilmente al género al que pertenecen: el informe, el discurso público, la entrevista, el artículo científico, la noticia periodística. También se pueden identificar macrogéneros, conjuntos de géneros con base común y objetivos diferentes —pero también comunes dentro de cada unidad diferenciada—, como el macrogénero «carta» (de pedido, de solicitud de trabajo, de agradecimiento...) o el macrogénero «entrevista» (periodística, laboral, médica...). Finalmente, hay textos que el hablante identifica y nombra con una referencia concreta, pero que parecen no presentar las características enunciadas al principio de esta introducción —al menos en lo que se refiere a los criterios de predictibilidad estructural, secuencial y funcional—, como es el caso de la conversación informal, a la que no podríamos, en rigor, calificar como género, pero que podría denominarse protogenéro, dado que existe como texto —constituye la base dialógica de la comunicación— y es el soporte en que se asientan otras conversaciones que sí se ajustan a las convenciones del género, como la transaccional, por ejemplo.

El tratamiento de los textos desde el punto de vista del género al que pertenecen facilita que el alumno perciba de forma global, y en sus distintos componentes, la función comunicativa que cumplen en el contexto social para el que fueron creados. Un texto perteneciente a determinado género no es un modelo que hay que reproducir esquemática y lingüísticamente de forma exacta, salvo en casos concretos de textos administrativos o jurídicos. La pertenencia de un texto a un determinado género permite adaptar la propia necesidad o creatividad a las expectativas de la audiencia a la que va dirigido. Este aspecto adquiere relevancia en la didáctica de lenguas en cuanto que los alumnos poseen sus propios esquemas de géneros, que han desarrollado por medio de la interacción en su lengua materna, de modo que se parte de un concepto familiar para ellos. Este hecho que, en principio, puede facilitar el aprendizaje, podría dificultarlo si el alumno desconoce las convenciones socioculturales de la nueva comunidad discursiva en la que se va a desenvolver durante su proceso de aprendizaje de la nueva lengua y se limita a trasladar a esta los conocimientos que tiene en su lengua materna. Por otra parte, la perspectiva holística que ofrece el género permite trabajar todos los recursos de la lengua desde distintos puntos de vista (funcional, nocional, gramatical, pragmático), haciendo hincapié en el aspecto lingüístico que se adecue a la situación de aprendizaje sin perder la perspectiva global de su uso en contexto.

La aplicación del análisis del género a la didáctica de los textos presenta un amplio campo de posibilidades, dada la flexibilidad de integración y fragmentación de sus componentes: texto completo, diferentes secciones y movimientos que componen la estructura textual global, secuencias discursivas o macrofunciones por medio de las cuales se desarrollan los movimientos y secciones mencionados y, finalmente, elementos de lengua constituyentes de la microestructura que permiten desarrollar las secuencias. Dicho de otro modo, a partir del género se puede trabajar de lo general a lo particular y viceversa, manteniendo en todo momento una perspectiva contextualizada de la lengua. Además, el análisis del género facilita el tratamiento individual de cada uno de los componentes textuales, que pueden, de este modo, trabajarse en el aula de forma particular y en profundidad, aunque en la producción real de la lengua tales componentes actúan siempre de forma simultánea y relacionada.

Organización del inventario

El inventario de géneros incluye tres apartados. Al comienzo del primer apartado se presenta una relación de los géneros que corresponden a cada uno de los niveles en dos listas ordenadas alfabéticamente: la primera lista recoge los géneros de transmisión oral y la segunda, los géneros de transmisión escrita; a continuación se presenta un inventario basado en las listas alfabéticas anteriores, que incluye una indicación de los géneros (orales y escritos) que han de ser capaces de producir los alumnos y aquellos otros que solamente han de comprender. En el segundo apartado se presentan muestras o ejemplos de géneros analizados a partir de los elementos que constituyen la estructura textual global de cada uno de ellos. Y el tercer apartado incluye un desarrollo de los elementos constitutivos de las diferentes macrofunciones (descriptiva, narrativa, expositiva y argumentativa).

Inventario de géneros de transmisión oral y escrita

El criterio de clasificación seguido para establecer las listas alfabéticas de géneros ha sido la forma a través de la cual se transmite la lengua (oral, escrita); incluso en el caso de los géneros mixtos —aquellos que no son solo orales o escritos— se ha tenido en cuenta la vía por medio de la cual llegan a la audiencia. Por ejemplo, hay géneros para los que se emplea en exclusiva la lengua oral, como la conversación, y otros en los que solo se utiliza la lengua escrita, como las cartas; sin embargo, en ciertos casos los textos no son orales puros, porque están basados en un escrito previo, o escritos puros, porque son reflejo de un texto oral. Por ejemplo, se puede encontrar un texto6:

  • Escrito para ser dicho como si no fuera escrito (anuncios publicitarios en radio y televisión, guiones de películas…).
  • Escrito para ser dicho (discursos políticos, informativos radiofónicos…).
  • Dicho para ser leído (entrevistas y discursos publicados en periódicos).

Sin olvidar que en ese tipo de textos, que conforman diversos géneros, se produce una combinación de lo oral y lo escrito en diferentes grados7. Para establecer la clasificación se ha tenido en cuenta, como se señalaba más arriba, solo el medio por el que se transmite la lengua a la audiencia, con el fin de presentar una lista sencilla, informativa y manejable.

Otra clasificación posible de la lista que se presenta consistiría en distribuir los géneros en función del ámbito social (personal, público, profesional y educativo) en el que se producen, dado que ese ámbito es determinante en el desarrollo del texto oral o escrito que se utilice en cada caso. Por ejemplo, el género «instrucciones», aun con la misma función comunicativa, no se manifiesta de la misma forma en los cuatro ámbitos sociales contemplados por el MCER. No obstante, dado que, por un lado, parte de esos géneros (la anécdota, la conversación, las instrucciones, etc.) pueden aparecer dentro de los cuatro ámbitos recogidos por el MCER y, por otro, son fácilmente reconocibles por el hablante y, en consecuencia, clasificables dentro del ámbito que les corresponde en cada caso, se ha obviado ese tipo de clasificación por las mismas razones expuestas en el párrafo anterior.

Los textos que se generan dentro del entorno virtual requieren una mención específica debido al progresivo incremento de la comunicación a través de Internet. Estos textos se transmiten por medio del canal escrito debido a la situación distante de los interlocutores; sin embargo, participan —en mayor o menor medida según el tipo de escrito— de ciertos rasgos de la interacción oral, como la inmediatez de respuesta o la espontaneidad de la expresión. También hay que tener en cuenta la iconicidad presente en estos escritos. Los iconos (o emoticones) están sujetos a un código acordado por los interlocutores y representan —de forma económica, rápida y eficaz— acuerdo o desacuerdo, emociones, sentimientos o estados de ánimo. En los iconos se refleja igualmente la combinación de los dos canales —oral y escrito— dominante en este ámbito de la comunicación, ya que los signos se transmiten por medio de la escritura, pero su objetivo consiste en lograr un efecto inmediato en el interlocutor, similar al que podrían producir las palabras, los gestos, las miradas o la postura del cuerpo en una conversación cara a cara; sin olvidar que en la interacción «en presencia» esa información contextual la emite el hablante, en la mayoría de los casos, de forma espontánea y no controlada, mientras que en la conversación virtual, por ejemplo, el emisor dispone de cierto margen de tiempo para pensar en lo que va a transmitir y, además, lo hace de forma expresa.

Dentro de los textos de uso más frecuente en la red, la conversación virtual o chat es el que reproduce en mayor medida las peculiaridades de la oralidad en la escritura (enunciados y palabras incompletas; emoticones transmisores de estados de ánimo, emociones o sentimientos). Los textos insertos en las páginas web también participan de características propias de la oralidad, como la condición efímera de los datos que presentan, lo que se traduce en que la información haya de ser puesta al día constantemente para que el texto sea eficaz. Hay que tener en cuenta, además, las limitaciones que impone el soporte de lectura de estos textos. Todo ello conduce a que su extensión sea breve y su contenido relevante. Finalmente, los mensajes electrónicos comerciales son los escritos enviados por medio de la red que se acercan en mayor medida a las cartas comerciales prototípicas enviadas por correo ordinario, ya que presentan características semejantes y pueden cumplir funciones similares, aunque difieren en la presentación de los datos y en las posibilidades de transmitir información. Por ejemplo, el mensaje electrónico permite enviar documentos adjuntos de índole diversa (archivos de texto, vídeo, voz o imágenes), la velocidad de transmisión de los datos es mayor y el coste menor que el del correo ordinario; sin embargo, el riesgo de falta de confidencialidad puede limitar el uso de este medio de comunicación, en algunos casos, en beneficio de la carta.

Muestras de géneros

Con el fin de ofrecer una idea clara del modo en que se concreta la estructura textual global de los géneros, se han elegido algunos, a título de ejemplo, a partir de criterios basados en la selección de canal, registro, ámbitos y rentabilidad. Las muestras se presentan analizadas de forma pormenorizada mediante la especificación de los elementos que componen la estructura primaria (secciones) y secundaria (movimientos) de cada uno de ellos. Así, por ejemplo, las cartas incluyen una sección de encabezamiento, otra de introducción, otra de desarrollo y otra de cierre y, según los tipos, pueden incluir también una sección de anejos y otra de posdata. A su vez, cada una de las secciones presenta una serie de movimientos. Por ejemplo, la sección de introducción de la carta de solicitud de trabajo presenta los siguientes movimientos: 1. Presentación de la persona o empresa; 2. Presentación del motivo específico de la carta; 3. Anticipación del contenido del escrito.

Con la intención de aportar algunos datos complementarios de carácter general que podrían despejar posibles dudas sobre la interpretación de ciertos aspectos parciales o globales de estas muestras de géneros, se ha incluido en algunos casos el apartado de «consideraciones». En él se pueden encontrar, por ejemplo, recomendaciones ortotipográficas, indicaciones sobre diferentes posibilidades de desarrollo de un texto u orientaciones sobre la función que puede desempeñar un movimiento dentro de un escrito.

Los ejemplos desarrollados presentan un análisis que se puede aplicar globalmente al resto de los textos pertenecientes a cada género, siempre teniendo en cuenta las particularidades que los diferencian. El muestrario incluye ejemplos de conversación transaccional (niveles A2 y B1), presentaciones públicas (niveles B1, B2, C1 y C2), cartas (niveles B1, B2 y C1) y trabajos escolares y académicos (niveles B1, B2 y C1).

Macrofunciones

Las macrofunciones son categorías para el uso funcional del discurso hablado o del texto escrito que consisten en una secuencia (a veces ampliada) de oraciones. Las diferentes categorías incluidas dentro del grupo de las macrofunciones del MCER8 se pueden sintetizar, con las particularidades propias de cada tipo, en las cinco secuencias discursivas prototípicas que se manejan en el ámbito del análisis del discurso: descripción, narración, argumentación, exposición y diálogo9. Se ha de señalar que dentro de las macrofunciones desarrolladas en este módulo no se encuentra la secuencia dialogal, debido a la imposibilidad de llevar a cabo, de cara al aula, la sistematización de todos los componentes de la conversación informal por la doble perspectiva desde la que ha de describirse: secuencial y jerárquica. Como se ha señalado previamente, este tipo de texto oral es identificado y nombrado por el hablante sin ninguna dificultad; no obstante, su versatilidad constante en cuanto a estructura y función impiden predecir la secuencia de su desarrollo. En consecuencia, habrá que esperar a que este denominado protogénero, que es la base del diálogo, esté totalmente sistematizado por los especialistas para incluirlo como una secuencia textual de estructura predecible.

El concepto de macrofunción o secuencia discursiva también está presente en todas las culturas, y, por las mismas razones que las expuestas en el caso del género, los conocimientos previos del alumno pueden facilitar o interferir de forma negativa en el aprendizaje de la nueva lengua. Por ello, parece adecuado desarrollar las macrofunciones conforme a los distintos niveles de progresión del currículo, de forma que puedan abordarse en clase ordenada y sistemáticamente. Las macrofunciones que se desarrollan en el inventario son la descriptiva10, la narrativa, la expositiva y la argumentativa.

Respecto de cada una de las macrofunciones se presenta un análisis detallado a partir del siguiente esquema conceptual:

  • Proceso prototípico. Se presenta el desarrollo secuencial de cada macrofunción atendiendo a la estructura interna comúnmente aceptada dentro del ámbito del análisis del discurso a partir de las propuestas de Adam11.
  • Inserción de secuencias. Con el fin de ilustrar el hecho de que las macrofunciones o secuencias textuales no suelen aparecer en el discurso de forma pura o aislada, se insertan unas dentro de otras a modo de ejemplo.
  • Elementos lingüísticos. El desarrollo de las distintas secuencias implica poner en juego una serie de elementos lingüísticos. Para garantizar la coherencia, se ha intentado presentar en las distintas macrofunciones la misma serie de aspectos lingüísticos (deixis, tipos de verbo, campos semánticos, marcas de la enunciación, etc.) dado que son relevantes en todas ellas. En cada macrofunción, y junto a cada uno de los aspectos en particular, se presentan las oportunas referencias a los epígrafes pertinentes de otros inventarios, especialmente a los de Gramática, Tácticas y estrategias pragmáticas, Nociones generales y Nociones específicas.

En lo que se refiere a los elementos no estrictamente lingüísticos que forman parte de la comunicación, se ha de señalar que la aparición de dichos elementos no es constante, lo que significa que es solo predecible si se atiende a todas las variables presentes en cada realización concreta de cada género, de ahí que se hayan tenido en cuenta en las muestras de géneros del segundo apartado y que, sin embargo, no aparezcan incluidas en el desarrollo pormenorizado de cada una de las macrofunciones.

  • (1) Calsamiglia Blancafort, H. y A. Tusón Valls, Las cosas del decir, Barcelona, Ariel, 1999. volver
  • (2) «No puede haber un acto de comunicación por medio de la lengua sin un texto. […] Los textos tienen muchas funciones diferentes en la vida social, lo que conlleva las diferencias correspondientes en forma y sustancia. […] Por consiguiente, los textos pueden clasificarse en distintos tipos de texto que pertenecen a distintos géneros». Consejo de Europa (2001), Marco común europeo para las lenguas: aprendizaje, enseñanza, evaluación, Madrid, Secretaría General Técnica del MEC, Anaya e Instituto Cervantes, 2002, p. 91. volver
  • (3) Swales, J. M., Genre Analysis. English in Academic and Research Settings, Cambridge, Cambridge University Press, 1990. En la misma línea se sitúan los trabajos de otros autores como Bhatia; Berkenkotter y Hukin, Moreno, Alcaraz y Salager-Meyer. volver
  • (4) Se utiliza la expresión «estructura textual global» en el mismo sentido en que Alcaraz (El inglés profesional y académico, Madrid, Alianza, 2000, p. 135) emplea el término macroestructura del género. Este concepto es semejante, por otro lado, al de la superestructura de Van Dijk dentro de su teoría sobre la tipología del texto. volver
  • (5) Por ejemplo, la «contextualización general del tema que se va a tratar» en un escrito formal es un movimiento dentro de la sección introductoria (estos movimientos se pueden dividir, a su vez, en unidades inferiores denominadas submovimientos o pasos). volver
  • (6) Cassany, D. (1987 y 1988), Describir el escribir. Cómo se aprende a escribir, Barcelona, Paidós, 1989. volver
  • (7) E incluso en ciertos casos aparecen otros componentes como la imagen o la música —por ejemplo, los anuncios en vallas, radio o televisión—; componentes a los que se dará el debido tratamiento sociocultural en el aula. volver
  • (8) Consejo de Europa, ibídem. volver
  • (9) Adam, J. M., Les textes: types et prototypes. Récit, description, argumentation, explication et dialogue, París, Nathan, 1992. volver
  • (10) Por razones de claridad en la presentación, la descriptiva aparece desglosada en tres: descripción de personas, descripción de objetos y descripción de lugares. volver
  • (11) Adam, ibídem. volver
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