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Ortografía. Introducción

La Ortografía se ha definido tradicionalmente como la escritura correcta de las palabras. La conforman una serie de normas que regulan la escritura de una lengua. Esta naturaleza prescriptiva ha sido la causa de la reticencia de muchos profesionales de la enseñanza de lenguas a incluirla de forma integrada en las programaciones y en la práctica de aula. En numerosas oportunidades se despacha con breves alusiones al uso correcto de la puntuación y con criterios de acentuación en forma de reglas, que carecen de toda rentabilidad pedagógica. Si bien en los últimos años han comenzado a aparecer propuestas de análisis y de trabajo con contenidos ortográficos en diferentes contextos y foros relacionados con la didáctica de lenguas extranjeras, se podría decir que su presencia en el aula es prácticamente inexistente.

El inventario de Ortografía obedece no solo a la necesidad de ofrecer al alumno los conocimientos necesarios para que sea capaz de utilizar las convenciones ortográficas en sus producciones de lengua. El tratamiento de los contenidos incluidos en el inventario ha perseguido en todo momento huir de la rigidez que pudiera imponer un listado de reglas y normas, para lo cual se ha partido de una visión integradora de la comunicación en español, con el criterio de la rentabilidad pedagógica como referencia. En este sentido se ha tenido muy presente el hecho de que tanto las normas de uso de los grafemas como los elementos no alfabéticos están estrechamente vinculados con otros niveles de lengua, como el morfosintáctico, el léxico, el pragmático o el textual.

Así, por ejemplo, oposiciones paradigmáticas entre grafemas del tipo b/v o s/c permiten, en contextos fonológicos neutralizantes, señalar diferencias en el nivel morfológico (tubo / tuvo) o discriminar semánticamente unidades léxicas en la lectura (casa / caza). Del mismo modo, las mayúsculas entroncan con el nivel textual, en cuanto que tienen funciones demarcativas en el inicio de un enunciado, y también con el nivel morfológico, pues en su oposición con las minúsculas permiten distinguir un nombre propio de otro común (Rosa / rosa). Las marcas de puntuación también están vinculadas con otros niveles de la lengua. Hay, por ejemplo, signos que tienen valor modalizador (signos de interrogación y exclamación); otros, como las comillas, marcan, en el nivel pragmático, los procedimientos de cita en estilo directo.

Sirvan estos ejemplos para ilustrar la visión no reduccionista de este inventario. La concepción de la lengua como comunicación, presente también en los otros inventarios de los Niveles de referencia para el español, permite dar una nueva luz al tratamiento de los contenidos ortográficos, de modo que tanto las entradas mismas como su nivelación responden a las necesidades comunicativas del alumno y entroncan con cuestiones tratadas en otros inventarios. Esta es la razón por la que algunos contenidos se presentan de forma atomizada, repartidos en varios niveles, en función de la aparición en un nivel determinado de otros contenidos lingüísticos, pragmáticos, textuales que requieren el conocimiento de una regla ortográfica. Por ejemplo, no se introducen todas las posiciones de las letras en el nivel A1, como parecería lógico -puesto que en ese nivel se presenta el alfabeto-, sino solamente aquellas combinaciones que son adecuadas, desde un punto de vista pedagógico, a los objetivos de aprendizaje del alumno en ese nivel. Así, la letra c aparecerá en posición final de sílaba en el nivel A1, pero no en posición final de palabra, pues las necesidades comunicativas del alumno (en este caso, su dominio del repertorio léxico) no requerirán su conocimiento hasta alcanzado un nivel B1.

No se trata, pues, de identificar conocimientos declarativos en forma de reglas ortográficas, sino de adecuar su presentación y su nivelación a las necesidades comunicativas del alumno, al desarrollo de su proceso de aprendizaje y a la relación entre los elementos ortográficos y los otros niveles de estructuración lingüística.

Organización del inventario

El inventario está estructurado en cuatro grandes bloques:

El primer epígrafe, «Ortografía de letras y palabras», recoge las relaciones que se establecen entre el sistema grafemático y el fonológico, entre los grafemas y sus sonidos. También se ofrecen cuestiones de ortografía léxica: unión y separación de palabras, uso de mayúsculas y minúsculas, expresión de cantidades, etc.

El segundo epígrafe, «Acentuación gráfica», incluye cuestiones relacionadas con el sistema acentual y ofrece, niveladas, reglas generales de acentuación y de uso de la tilde diacrítica.

El tercer epígrafe, «Puntuación», se centra en la ortografía de la puntuación y comprende el análisis del tipo de relaciones que se establecen entre sintagmas y oraciones, así como aspectos de ordenación del texto, tanto lo relativo a las repercusiones que los signos de puntuación tienen en la estructuración jerárquica de las unidades textuales como en lo referente a la cohesión semántica de los enunciados.

Por último, en el cuarto epígrafe, «Abreviaturas y siglas», se encontrará una relación de abreviaturas, siglas, acrónimos y símbolos (alfabetizables y no alfabetizables). La lista que se presenta no pretende, por supuesto, ser exhaustiva. Tan solo quiere servir de ilustración del tipo de conocimiento que el alumno necesitará, en cada nivel de aprendizaje, para la comunicación en español.

Para la elaboración del inventario se han tomado como base principal de referencia la Ortografía de la lengua española1 de la Real Academia Española y el Diccionario panhispánico de dudas2. Si bien la colaboración de todas las Academias de la lengua española asegura una ortografía panhispánica, se han recogido algunas tendencias (en el sentido de hábitos lingüísticos) de amplio uso, específicas de determinadas zonas de Hispanoamérica, cuyo conocimiento puede ser útil para el alumno de español. Cuando se da el caso, se señalan las zonas en que ocurre el fenómeno.

La segmentación de elementos que requiere un inventario organizado por niveles de progresión curricular implica asumir relaciones complejas entre ellos. Por esta razón, como sucede en otros inventarios, un mismo componente puede aparecer en varios puntos del inventario con un tratamiento distinto. Cuando esto sucede se han establecido referencias desde determinados contenidos a otros apartados, del mismo inventario o bien de otros inventarios, en los que se puede encontrar información complementaria o concomitante.

  • (1) Real Academia Española, Ortografía de la lengua española, Madrid, Espasa Calpe, 2002. volver
  • (2) Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española, Diccionario panhispánico de dudas, Madrid, Santillana, 2005. volver
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