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Año Europeo de las Lenguas

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VII. Los niveles de instrucción de los estudiantes inmigrantes

En cuanto al nivel de instrucción de los estudiantes inmigrantes, se suele partir de la creencia estereotipada de que se trata de personas de bajo o nulo nivel de formación, en muchos casos, analfabetos. En este sentido, Lourdes Miquel (1995) señala cómo esta visión implica que se haga más énfasis en lo que desde una perspectiva eurocéntrica se consideran carencias, que en aquellos rasgos que facilitan el aprendizaje de una L2.

Por otra parte, cabría definir qué se entiende por analfabeto y qué implicación puede tener este hecho en la enseñanza de español a estas personas.

Algunas de nuestras creencias sobre los inmigrantes

¿Afecta nuestra visión de los/las inmigrantes y refugiados/as al proceso de enseñanza/aprendizaje de E/LE? En muchas ocasiones, desde la perspectiva de nuestro conocimiento del mundo, de nuestra posición económica o desde nuestra posición intelectual o cultural, vemos a los inmigrantes como marginados, los desvalidos, las personas sin conocimientos, las personas sin recursos económicos, etc. y esa visión negativa, basada en lo que no tienen, nos impide ver su auténtica realidad.

[…] Solemos presuponer siempre un bajo nivel de formación y, sin embargo, podemos encontrar, sobre todo entre los refugiados, pero también entre algunos inmigrantes (del Magreb, por ejemplo), algunos universitarios que aquí trabajan en la construcción o graduados escolares dedicados, en el mejor de los casos, a la venta ambulante. Pero cuando, efectivamente, nos encontramos con individuos no alfabetizados, los profesores tendemos a verlos, erróneamente, como personas que, primero, tienen que acceder a un universo cultural —es decir que tienen que alfabetizarse— para, poder, luego, aprender la lengua. ¿Los/las inmigrantes tienen un bajo nivel de formación? Si miramos las cosas bajo otro prisma, deberemos considerar que los/las inmigrantes adultos, tengan o no una formación académica, tienen un rasgo fundamental que hay que tener en cuanta y que va a ser una de las claves de todo nuestro proceder didáctico: son hablantes de su lengua materna y, en muchos casos, hablantes competentes de dos o más lenguas (la materna y la de la colonia, por ejemplo) que han adquirido, en la mayor parte de los casos, fuera del mundo académico. Y, además, tenemos que considerar que tienen una visión del mundo organizada a través de su lengua y a través de su cultura. Eso quiere decir, en otras palabras, que disponen de unos conocimientos, de unos mecanismos, de unas categorizaciones, de unos recursos cognitivos y estratégicos, en suma, que, a pesar de no tener formación académica, les permiten incorporar nuevos conocimientos, incluidos los de una lengua extranjera.

Miquel, L. (1995): «Reflexiones previas sobre la enseñanza de E/LE a inmigrantes y refugiados», en Actas de las Jornadas sobre la enseñanza del español para inmigrantes y refugiados, Madrid, Didáctica n.º 7, Universidad Complutense de Madrid, pág. 244.

¿Cómo afecta esa visión al proceso de enseñanza-aprendizaje de español: en los contenidos, en la selección de material, etc.?

¿Se puede aprender una lengua sin saber leer y escribir?

¿Qué entendemos por analfabetismo?

En primer lugar, el analfabetismo es un concepto dinámico y relativo que sirve para definir una situación en un momento determinado y, por lo tanto, sujeta a cambios. Pero también se puede establecer con relación a conocimientos, formas y medios de expresión… Así hablamos de analfabetismo informático, mecánico, escritor… Aunque en realidad es uno de esos conceptos globales en los que todo cabe e, incluso, sin darnos cuenta, hasta nosotros mismos, que podríamos ser considerados analfabetos si tenemos que leer informaciones en otras grafías (Kanji, Kana, cirílico…) o en otras lenguas que desconocemos. En ambos casos, aunque pudiésemos identificar letras, incluso leerlas, no entenderíamos su significado.

En segundo lugar, hablar de analfabetismo supone ya una cierta valoración negativa.

Villalba, F. y Hernández, M.ª T. (2000): «¿Se puede aprender una segunda lengua sin saber leer?: Alfabetización y aprendizaje de una L2», en La comprensión lectora en el aula de E/LE, Carabela n.º 48, Madrid, SGEL, pág.86.

A partir de las ideas expresadas en este texto, ¿cómo se podría definir el concepto de analfabetismo? ¿A quién se le puede considerar, realmente, analfabeto? ¿Cómo podemos detectar esta situación en el aula de español?

En las situaciones en las que en un mismo grupo hay estudiantes analfabetos y alfabetizados en su lengua materna ¿qué decisiones debemos tomar para que la participación de todos sea posible?

¿Se debe agrupar a alumnos alfabetizados y analfabetos que tienen un nivel de competencia oral similar? Participe en el debate.

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