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Año Europeo de las Lenguas

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V. Inmigración y aprendizaje de segundas lenguas: el problema de la lengua de instrucción en el contexto escolar

Una vez que el niño o joven inmigrante ha alcanzado un nivel mínimo de competencia comunicativa habría que intentar detectar los problemas con los que se va a encontrar para seguir con normalidad las clases del resto de áreas curriculares en la L2. Los siguientes textos tratan esta cuestión.

¿Lengua para entenderse o lengua para seguir una clase?

Que el niño inmigrado que al llegar a la escuela desconoce o conoce mal la lengua del país de acogida está en condiciones de inferioridad respecto a sus compañeros autóctonos que la tienen como primera lengua y la hablan desde la infancia es evidente. Sea cual sea la fórmula que se elija para compensar este déficit, clase de acogida o educación compensatoria, el déficit seguirá existiendo en mayor o menor medida y perjudicando sus resultados escolares. La «clase de acogida» propone una solución radical, no se incorpora a la clase normal hasta que no domina la lengua de enseñanza, pero esto no significa ni mucho menos que por ello esté en condiciones de igualdad con sus compañeros. Pero a esto se añade que los inmigrados a los que me estoy refiriendo, los inmigrados «económicos», pertenecen a un medio social económica y culturalmente débil y la experiencia de todos los países muestra que los alumnos que proceden de estos niveles sociales presentan resultados escolares inferiores a la media de la población.

Siguán, M. (1998): La escuela y los inmigrantes. Barcelona. Paidós Educación, pág. 23.

[…] La lengua es un importante predictor escolar y está en el centro de las evaluaciones escolares, formales e informales, y también de los juegos de competencia que se establecen entre los chicos. Tiene un destacado papel en las expectativas que los profesores desarrollan sobre el potencial escolar de los alumnos. A la oposición, frecuentemente utilizada en la escuela, entre el nivel de lengua «para entenderse» y el nivel «para seguir la clase» subyace una oposición más fundamental, propia de la concepción escolar de la lengua: la que yuxtapone el aprender a «hablar» al aprender una «lengua». A nadie se escapa que la enseñanza —y la valoración— escolar de los usos de la lengua está presidida por la gramaticalidad, o lo que es lo mismo, por la reflexión sobre sus leyes de funcionamiento. La orientación escolar hacia la lengua se contrapone radicalmente al aprendizaje del lenguaje tal como acontece en la vida ordinaria, un aprendizaje que no necesita saber de reglas para expresarlo todo y es indisociable de situaciones concretas, de los sentimientos y los actos en los que la inmersión en el lenguaje se produce.

Franzé, A. (1998) «Lo que sabía no valía». En Ofrim/Suplementos. Diciembre 1998, pág. 131.

¿Consideras que el factor económico-social de los niños y jóvenes inmigrantes, ¿es tan determinante a la hora de hablar de fracaso escolar o se deberían considerar también otros factores?

¿Crees que los niños y jóvenes inmigrantes adquieren en las clases de Compensatoria el nivel de competencia en la «lengua de instrucción» que necesitan para seguir las otras clases?

«Lo que yo sabía no valía…»

La escolarización y el aprendizaje de la nueva lengua pueden llegar a convertirse en una experiencia frustrante en los primeros momentos de llegada al país. A este respecto, Adela Franzé recoge el testimonio de una niña marroquí:

Franzé, A. (1998) «Lo que sabía no valía». En Ofrim/Suplementos. Diciembre 1998, págs. 129-130.

Participe en el debate ¿Puedes compartir en este foro algún otro testimonio de niños o jóvenes inmigrantes que vivan situaciones semejantes a la de Naima?

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