Los alumnos con los que vamos a trabajar, en este caso inmigrantes, son los protagonistas y auténticos destinatarios del proceso de enseñanza y aprendizaje. Han de ser el centro de atención del curso y de ellos obtendrá el profesor una información muy valiosa para proponer actividades, elegir y diseñar materiales para la clase.
La programación que se propone está pensada para grupos reducidos, multilingües y pluriculturales, de personas adultas, alfabetizadas, principiantes absolutos y recién llegados a España. Aunque lo más frecuente son las clases heterogéneas con presencia de distintas nacionalidades, destrezas y niveles —lo que supone una riqueza—, sería conveniente que los grupos compartieran características homogéneas en cuanto a la formación y a la competencia de lectoescritura, para favorecer su proceso de aprendizaje.
Es difícil establecer un perfil general de nuestros alumnos, dada la diversificación de los lugares de procedencia, las lenguas que hablan y la formación que poseen, la variedad cultural y religiosa, el sexo, la edad y los estilos de aprendizaje de cada uno. Sin embargo, a todos les une el deseo de aprender nuestra lengua como vehículo de inserción en la nueva sociedad.
Para fijar los criterios y los objetivos de la programación, nos hemos basado en la experiencia de docentes que trabajan con grupos de estudiantes inmigrados o refugiados. Desde el reconocimiento de la enseñanza centrada en el alumno, hemos partido de sus necesidades y expectativas para diseñar una programación que les ayude a resolver situaciones de la vida cotidiana y a establecer contactos en el ámbito laboral y profesional.
El objetivo fundamental es que los alumnos logren, mediante el aprendizaje de la lengua española, orientarse y evolucionar positivamente hacia una integración en la sociedad. Para ello se plantean los siguientes fines generales:
La programación está estructurada en nueve ámbitos1 que contemplan tanto aspectos lingüísticos como socioculturales. Se han seleccionado contenidos comunicativos que el alumno necesitará emplear como usuario de la lengua en situaciones reales. En cada ámbito se ha integrado una serie de componentes relacionados entre sí: las funciones, la gramática, el léxico y el conocimiento sociocultural necesario para realizar los actos de habla.
Para el alumno inmigrante es prioritario aprender la lengua para fines sociales y laborales, por lo que se ha dado preferencia al ámbito público (la vivienda, las compras, la tramitación de permisos) y al profesional (la búsqueda de empleo y el entorno laboral).
Los nueve ámbitos seleccionados forman una programación en espiral en la que se reciclan y se retoman los contenidos presentados. Los temas se han ordenado en tres fases para establecer una continuidad y una progresión.
| Ámbitos | Objetivos globales |
|---|---|
| 1. Presentarse y dar datos personales | Al finalizar este ámbito, el alumno podrá usar el español para saludar, presentarse y desenvolverse en situaciones donde tenga que aportar sus datos personales. |
| 2. Conocer la ciudad, el barrio o el pueblo | El alumno podrá utilizar el español para localizar lugares de interés en su localidad. |
| 3. Utilizar el transporte público | El alumno será capaz de utilizar el español para desplazarse en el transporte público de su entorno. |
| 4. Hacer compras | El alumno podrá utilizar el español para realizar la compra de los productos más comunes. |
| 5. Ir al médico | El alumno será capaz de utilizar el español para solicitar consejo o asistencia médica. |
| 6. Buscar una vivienda para alquilar | El alumno estará capacitado para utilizar el español en la bísqueda de una vivienda en alquiler. |
| 7. Buscar empleo | El alumno podrá utilizar el español para buscar un empleo. |
| 8. Empezar a trabajar | El alumno será capaz de utilizar el español para empezar a desenvolverse en un puesto de trabajo. |
| 9. Tramitar papeles y hacer gestiones | El alumno podrá utilizar el español para desenvolverse con cierta autonomía en sus primeras gestiones y trámites burocráticos. |
En cada uno de los nueve ámbitos se han integrado los siguientes componentes2:
Se ha seleccionado un repertorio reducido de funciones, que consideramos imprescindibles para que el alumno pueda realizar las transacciones de la vida cotidiana y cubrir sus necesidades comunicativas inmediatas: saludar y despedirse; dar y pedir indicaciones para llegar a un lugar; deletrear, pedir un billete de viaje, preguntar el precio de un artículo, hablar de síntomas y dolencias, etc.
Las funciones están relacionadas con los demás componentes de la programación: la gramática, el léxico, tipos de texto., para que, mediante la práctica oral o escrita, el alumno adquiera las destrezas y habilidades que necesita para comunicarse.
La agrupación de las funciones incluidas en los ámbitos está realizada según el uso que el estudiante tiene que hacer de la lengua en actos concretos. Por ejemplo, hemos asociado a la función concertar una cita por teléfono unas formas lingüísticas (expresiones y elementos morfosintácticos) que se utilizan para expresar esa función. En este caso, las formas llamaba para. (uso del imperfecto de cortesía), ¿podría.? (condicional de cortesía) son los exponentes de la función concertar una cita por teléfono.
Entendemos que la gramática debe integrarse de manera natural en el aprendizaje de la lengua para posibilitar la comunicación. Las actividades de gramática que propongamos en clase deberán tener un objetivo comunicativo práctico y estar relacionadas con los demás componentes y tareas de los ámbitos.
Las muestras reales de lengua que se propongan en las actividades nos permitirán realizar las prácticas y llegar a las reglas gramaticales. Pero una vez más, ha de ser el profesor el que decida qué proceso tiene que seguir para que el alumno aprenda gramática y la use de forma competente.
La propuesta gramatical recoge las estructuras lingüísticas básicas para expresar las funciones comunicativas de la programación y contempla el uso de elementos sintácticos y morfológicos básicos (ver apartado C, págs. 29-78).
El léxico aparece interrelacionado con la morfología y la sintaxis y está también integrado en las funciones comunicativas. El léxico que empleemos en las actividades (referido a situaciones, personas, lugares, tanto en los textos hablados como escritos) será semejante al que el alumno pueda encontrar en sus intercambios comunicativos.
En cualquier caso, la selección de los elementos léxicos dependerá de los alumnos, de sus necesidades y de las situaciones en que van a desenvolverse. La programación ofrece sugerencias para simplificar o cambiar elementos léxicos y adaptarlos a las características del grupo.
Para la adquisición del léxico se sugiere trabajar con actividades amenas que ayuden al alumno a mejorar su fluidez, partiendo de contextos similares a las situaciones que viven los propios hablantes de español. Los ámbitos de la programación están graduados, de modo que sea necesario retomar y utilizar el léxico presentado anteriormente. Así, por ejemplo, en el ámbito 6, dedicado a la búsqueda de vivienda, necesitaremos utilizar las locuciones adverbiales aparecidas en el ámbito 5 y el léxico relacionado con las direcciones que se practica en el ámbito 2.
Los rasgos que caracterizan el modo de vida de un grupo de personas están intrínsecamente unidos a la lengua, de modo que cuando enseñamos lengua estamos enseñando cultura. Para ayudar al estudiante a reconocer las similitudes y diferencias culturales del nuevo país, podemos plantear actividades en las que se trabajen esos aspectos.
En la programación hemos incluido algunos contenidos socioculturales con el fin de informar de la vida cotidiana, las normas, costumbres y hábitos de nuestro país, para que los estudiantes adquieran este tipo de conocimientos que favorecen la comunicación. Aspectos culturales relacionados con la vivienda, el barrio, las distintas formas de saludo y despedida, normas y costumbres en los transportes públicos, las compras, los horarios, etc., están integrados en los contenidos de cada ámbito.
Para la presentación de los temas culturales, podemos servirnos de fotos, objetos, música, vídeos, etc., así como de muestras de habla que incluyan aspectos de la sociedad española. Una buena manera de tratar estos aspectos es manifestar interés por las costumbres de sus países de origen para favorecer el intercambio de ideas y de información, y como medio de enriquecimiento de la propia cultura.
Conviene que la elaboración de los textos se adecue a los objetivos de las actividades y que las muestras de lengua que seleccionemos, ya sean orales o escritas, se presenten en contextos reales y vinculados a las situaciones de comunicación que los alumnos necesitan en cada fase del programa.
Un mismo texto puede servirnos de modelo para sucesivas actividades de comprensión y expresión (oral o escrita), para la entonación y la pronunciación. Además, el texto ofrece, entre otras, las siguientes posibilidades:
Deberíamos comenzar con la presentación de textos sencillos y breves y cuidar la progresión de dificultad de acuerdo con el proceso de desarrollo de las competencias de los alumnos.
Nos parece interesante y motivador que el profesor prepare textos basados en las experiencias de los alumnos o sobre hechos ocurridos en el aula y los incorpore a las actividades de la clase.
Entre otros, se sugieren los siguientes tipos de textos para las actividades de comprensión y expresión:
Todas las personas somos hablantes competentes de nuestra lengua materna, hacemos uso de modo inconsciente de una serie de técnicas y contamos con una competencia estratégica cuando realizamos cualquier intercambio comunicativo. En cambio, cuando aprendemos una lengua extranjera, no siempre hacemos uso de nuestra competencia estratégica y a veces necesitamos que nos pongan de relieve la posibilidad de utilizar una serie de estrategias para rentabilizarlas.
El Marco común europeo de referencia (págs. 60-61) define así las estrategias:
Las estrategias son un medio que utiliza el usuario de la lengua para movilizar y equilibrar sus recursos, poner en funcionamiento destrezas y procedimientos con el fin de satisfacer las demandas de comunicación que hay en el contexto y completar con éxito la tarea en cuestión de la forma más completa o más económica posible, dependiendo de su finalidad concreta.
Hemos considerado importante incorporar las estrategias e integrarlas como una parte más de la programación, ya que en estos primeros niveles el estudiante puede necesitar más recursos para aprender mejor y paliar carencias lingüísticas. Sugerimos propuestas sencillas, que pueden ser retomadas con otras funciones a lo largo de todo el programa.
Enseñar estrategias está estrechamente relacionado con el enfoque comunicativo que hace del alumno el centro de atención y fomenta que éste sea responsable de su aprendizaje y desarrolle su autonomía. Hemos considerado las estrategias de aprendizaje (el aprender a aprender) y de comunicación (aprender a comunicarse mejor) como un objetivo más del programa para ayudar a poner en práctica y a mejorar las competencias individuales del alumno:
La presencia de varias culturas en el aula, y en la sociedad en general, ha llevado a considerar el hecho de la comunicación intercultural como un aspecto que debe ser tratado en los programas de enseñanza y aprendizaje de lenguas. La interculturalidad debe ser considerada como una cuestión más allá de la transmisión de conocimientos y de contraste entre usos o comportamientos de la cultura del alumno y del país de acogida. El objetivo fundamental de integrar la interculturalidad en la enseñanza de español como segunda lengua es fomentar en los alumnos el desarrollo de los conocimientos, habilidades y actitudes necesarios para desenvolverse en situaciones de contacto con la nueva realidad social.
Abordar situaciones de comunicación intercultural con los hablantes de la lengua que se está aprendiendo implica tener un conocimiento declarativo, unos conocimientos socioculturales, pero también habilidades para:
En la programación hemos optado por tratar el aspecto intercultural con propuestas integradas con el resto de contenidos. En el nivel inicial de nuestros alumnos, se puede trabajar puntos de vista sobre la sociedad y la cultura del profesor y la de los alumnos (cómo nos vemos y cómo nos ven), analizar los estereotipos y realizar actividades que fomenten la comunicación intercultural dentro y fuera del aula.
La formación de nuestros alumnos no quedaría completa si no se tuvieran en cuenta los valores interculturales, por eso debemos favorecer el reconocimiento de lo que es distinto y semejante entre su cultura de origen y la de este país. Además de la fluidez lingüística, debemos cuidar que se produzca la comunicación intercultural realizando en el aula actividades que permitan establecer comparaciones que marquen las particularidades, las diferencias y analogías entre culturas.
Es importante fomentar el respeto a la diversidad como elemento enriquecedor a través del conocimiento de las formas de pensar y de vivir de los demás. Desde este reconocimiento podremos llegar a la interpretación de los hechos y romper con los estereotipos y tópicos que prejuzgan conductas. Se trata de profundizar en el conocimiento de la cultura distinta para evitar el etnocentrismo y las actitudes negativas, como la discriminación y el prejuicio, que dificultan la comunicación intercultural.
La programación, que ha sido pensada para desarrollarse en un entorno lingüístico de inmersión, sería conveniente impartirla en un plazo de dos semanas. Las clases serían presenciales, de lunes a viernes, con tres sesiones diarias de unos 60 minutos por sesión (siempre de acuerdo con las características de los alumnos), y su duración total sería de unas 30 horas. Se propone un descanso a la mitad de las sesiones.
Cada ámbito precisa de tres horas de trabajo; al ser nueve ámbitos, restan tres horas de las 30 previstas, que pueden utilizarse para hacer pruebas de autoevaluación o actividades de repaso.
Para completar la programación, además de las sesiones de clase, el alumno tendrá que dedicar unas dos horas diarias a realizar, fuera del aula, las actividades complementarias que proponga el profesor.
Dado que las personas inmigradas pueden necesitar cambiar de residencia con cierta frecuencia, los cursos intensivos y de corta duración favorecen la continuidad, pueden ser finalizados más fácilmente y suelen ser un estímulo para el estudiante que se implica en su aprendizaje y percibe el progreso logrado en cortos periodos de tiempo.
Desde la práctica de un enfoque comunicativo centrado en el alumno, entendemos que debe ponerse especial atención en estimular su interés por el aprendizaje y en ayudarle a desarrollar su capacidad comunicativa mediante la realización de tareas que le pongan en contacto con la vida cotidiana.
En las primeras sesiones de clase es importante crear un clima de confianza y un espíritu de cooperación en el que se comparta la experiencia de aprender una lengua. Conviene ser especialmente sensible y tener en cuenta algunas consideraciones para detectar las convicciones y el modelo de aprendizaje de los estudiantes y no correr el riesgo de provocar el desánimo entre los no habituados a la metodología que intentemos aplicar.
Corresponde al profesor detectar las formas en que el alumno aprende mejor y prestarle todos los apoyos para que se sienta involucrado en su propio proceso de aprendizaje, siempre desde el respeto a su individualidad, sus convicciones, sus puntos de vista, sus intereses y sus carencias. Cuando el alumno inicia el aprendizaje dispone de unas experiencias previas de aprendizaje y un conocimiento del funcionamiento de su propia lengua que suponen una valiosa contribución y, al tiempo, determinan sus preferencias por un tipo de prácticas en el aprendizaje y uso del español.
La negociación y la consulta con los estudiantes respecto a las decisiones que se adopten a lo largo del curso permitirán al profesor seleccionar procedimientos metodológicos más acordes con las preferencias y estilos de aprendizaje. Los contenidos, la metodología y los procedimientos de evaluación no están nunca totalmente determinados de antemano, sino que deberán ser negociados entre el profesor y los alumnos a lo largo del curso.
El contacto con una cultura y una lengua nuevas suele ocasionar estados de ánimo que pueden repercutir negativamente en el aprendizaje. La atención y la energía que ponemos para comprender los mecanismos de lo cotidiano y del funcionamiento de la nueva lengua exigen un esfuerzo que en ocasiones nos produce estados de ansiedad. Creemos que la dimensión afectiva y el apoyo emocional deben reflejarse en los contenidos de cualquier programación de una segunda lengua pero especialmente en la metodología que se aplique para que el alumno refuerce y desarrolle su autoestima y su valoración personal.
La urgencia por aprender y la necesidad de comunicación pueden crear cierta inseguridad que se manifiesta en la vacilación y en los errores que cometemos cuando intentamos utilizar la lengua. El profesor tendrá que valorar en qué momento y de qué forma aborda el error sin dañar la confianza del alumno. Debe entender el error como un factor que permite al alumno ensayar hipótesis del funcionamiento de la lengua que adquiere y, por tanto, tratarlo como un elemento importante en su proceso de aprendizaje.
La situación de recién llegado y desconocedor del entorno hace que la clase de lengua se convierta para el alumno inmigrante en el nexo con la nueva cultura. El aula cobra así una doble importancia: se convierte en el espacio facilitador donde el alumno adquiere y aprende la lengua, y, en ella, además, realiza sus primeros ensayos de comunicación. Es importante que el profesor le anime a contactar con nativos y con el entorno lingüístico para ayudarle a integrarse y conocer mejor la comunidad.
Creemos que la enseñanza de la lengua debe fundamentarse en las necesidades de los alumnos, en el uso que tienen que hacer del sistema lingüístico para afrontar sus realidades inmediatas. Desde esta perspectiva comunicativa entendemos que la enseñanza de la lengua no debe limitarse a su sistema formal exclusivamente, sino a que el alumno adquiera las destrezas comunicativas necesarias para desenvolverse en la vida real.
La lengua es el vehículo de comunicación que el alumno aprende a manejar para participar activamente en intercambios comunicativos, por lo que en el aula no podremos trabajar exclusivamente con estructuras formales. Elegiremos muestras de lengua en contextos de la vida real y propondremos actividades cercanas a la realidad en la que el alumno va a desenvolverse para que mediante la práctica y el uso de la lengua en situaciones comunicativas auténticas, próximas a su realidad, pueda adquirir el uso de las estructuras formales.
La participación del alumno es fundamental para potenciar su autonomía y su responsabilidad en el propio proceso de aprendizaje. Otro aspecto esencial es la negociación entre el profesor y el alumno en relación con las decisiones que se tomen en el aula, puesto que ésta le permitirá al docente conocer aspectos individuales (afectivos, cognitivos y sobre estilos de aprendizaje) que influirán positivamente en el aprendizaje y contribuirán a crear un clima de confianza.
Mediante el proceso de enseñanza de la lengua, debemos proporcionar al alumno los distintos componentes que necesita para lograr una competencia comunicativa, entendida ésta como la serie de competencias relacionadas entre sí que el alumno necesita desarrollar para comunicarse:
Se puede considerar que la competencia comunicativa comprende varios componentes: el lingüístico, el sociolingüístico y el pragmático. Se asume que cada uno de estos componentes comprende, en concreto, conocimientos, destrezas y habilidades3.
A partir de la enseñanza centrada en el alumno y en su proceso de aprendizaje, se puede considerar que el papel fundamental del profesor es crear las condiciones adecuadas para que el aprendizaje se produzca de forma eficaz. Deberá participar en todo lo que ocurra en la clase, preparar las actividades y tareas dentro y fuera del aula y atender al desarrollo y seguimiento del programa.
Este planteamiento establece otras relaciones entre los miembros del grupo, fundamentadas en la interacción, la negociación o la cooperación. Desde esta perspectiva, la función del profesor no se limita a ser un mero transmisor de conocimientos académicos, sino que, entre otras muchas funciones, al profesor le corresponde:
El profesor es uno de los factores fundamentales en el proceso de enseñanza y aprendizaje, y de él dependen en gran medida los resultados de un curso. Creemos, pues, que la enseñanza a alumnos inmigrantes debería estar en manos de profesores interesados en aprender y mejorar constantemente sus conocimientos y habilidades docentes y abiertos a nuevas propuestas metodológicas para que su actuación sea más eficaz.
Las actividades que preparemos deberán ajustarse a los objetivos de nuestro programa y deberán permitir poner en juego los contenidos y los procedimientos de evaluación. Tendremos, pues, que determinar qué contenidos lingüísticos (gramaticales, funcionales, etc.) de la programación elegimos para nuestras actividades y cómo los relacionamos con el resto de componentes.
En la medida de lo posible, intentaremos que las actividades propuestas sean un reflejo de las que se realizan en el mundo exterior, para que el alumno pueda transferir a su realidad cotidiana lo aprendido. Recogemos a continuación algunos ejemplos de actividades de la lengua que realizamos en nuestra vida cotidiana y que podrían tener cabida en la programación.
| Actividades de expresión oral | Actividades de expresión escrita |
|---|---|
Representar un papel ensayado. |
Escribir un mensaje breve. |
Dirigirse a otros para presentarse. |
Escribir un anuncio. |
Cantar. |
Tomar notas. |
| Actividades de comprensión auditiva | Actividades de comprensión lectora | Actividades de comprensión audiovisual |
|---|---|---|
Escuchar avisos. |
Leer indicaciones y señales. |
Utilizar un CD-ROM. |
Escuchar instrucciones. |
Leer mensajes breves. |
Ver un fragmento de vídeo con subtítulos. |
Escuchar conversaciones. |
Leer etiquetas y letreros. |
Comprender un texto breve leído en voz alta. |
| Actividades de interacción oral | Actividades de interacción escrita |
|---|---|
Participar en una entrevista informal. |
Responder a un correo electrónico. |
Saludar y responder a un saludo. |
Responder a un intercambio de notas o mensajes breves. |
Interactuar en presentaciones. |
Completar un formulario. |
Participar en una conversación informal. |
|
| Actividades de mediación oral | Actividades de mediación escrita |
|---|---|
Interpretación informal de intercambios comunicativos con otros extranjeros o compañeros de clase. |
Traducción de partes de un contrato. |
Interpretación informal de señales o anuncios. |
Resumen, en español, de un texto en lengua materna. |
Las sugerencias que hemos incluido en cada ámbito de la programación son orientativas y corresponde al profesor la elección y adaptación de las que presente en el aula, en función de las características, los intereses, las necesidades y las inquietudes que haya detectado en sus alumnos.
Es conveniente disponer de una amplia gama de actividades para hacer más atractivas las prácticas de clase. Es precisamente la práctica de estas actividades de carácter comunicativo que el alumno realiza durante su aprendizaje en el aula lo que le va a permitir usar el español con seguridad en las situaciones diarias en las que tenga que desenvolverse.
Hay que procurar secuenciar las actividades y dar instrucciones claras, preferiblemente breves, para que el alumno sepa lo que tiene que hacer en cada momento. Conviene tener en cuenta que las actividades sean significativas:
A la hora de preparar las actividades que llevemos a clase, tendremos que elegir muestras de lengua presentadas en ejemplos contextualizados y con una secuencia didáctica que contenga actividades de diversos tipos:
Los libros de texto son una herramienta de gran utilidad y suponen una valiosa ayuda para el profesor en la medida que proporcionan ejercicios y actividades que se pueden adaptar o modificar según las necesidades de los alumnos y del programa del curso.
Entendemos por material didáctico el conjunto de materiales que, elaborados con un objetivo pedagógico, intervienen en el proceso de enseñanza-aprendizaje para facilitarlo. Son elementos de gran utilidad para presentar contenidos, para motivar y dinamizar las tareas del aula, para estimular la interacción y para ampliar los conocimientos de los estudiantes. Asimismo, facilitan la actividad docente y despiertan el interés del alumno.
Según el Diccionario de las Ciencias de la Educación4, «son varios los términos usados con una significación similar: ayudas didácticas, recursos didácticos, medios educativos.».
Resulta de gran utilidad disponer de un banco de materiales didácticos elaborados por los profesores del centro: fichas con actividades, textos, pasatiempos, cuestionarios, etc., que esté a disposición de los alumnos y de todos los profesores.
Además, como complemento y para enriquecer los materiales didácticos, es conveniente llevar a clase libros, postales, fotos, música, etc. Para las actividades que se sugieren en esta programación pueden servir como importante apoyo fotografías, tarjetas o dibujos, carteles, mapas, impresos oficiales, material publicitario, periódicos, revistas. Por otra parte, aquellos materiales que los propios alumnos aporten también pueden ser de utilidad para conocer las culturas presentes en el aula.
El centro docente o los profesores deberán ocuparse de llevar al aula y de poner al alcance de los alumnos y del equipo docente los recursos técnicos que puedan servir de apoyo para la explotación de las actividades y de los materiales que facilitan el aprendizaje:
Ya hemos mencionado antes que algunas propuestas pueden chocar con las expectativas de los estudiantes y no coincidir con su modelo de aprendizaje. La falta de costumbre a la hora de realizar ciertas actividades puede dificultar su aprendizaje, por lo que el profesor tendrá que graduarlas y esperar a que los alumnos se acostumbren a la nueva metodología. No todos los alumnos responden con naturalidad, por ejemplo, a las propuestas de interacción, y corresponde al profesor detectar las preferencias y estilos de aprendizaje de los estudiantes para introducir gradualmente las nuevas propuestas.
No es tarea fácil encontrar el procedimiento metodológico más adecuado a los estilos de aprendizaje de los alumnos y en general requiere una gran flexibilidad y sentido práctico por parte del profesor. Por medio de consultas informales durante la clase, la observación de sus hábitos de aprendizaje o cuestionarios, el profesor podrá negociar con ellos el tipo de actividades que les gusta realizar, las formas en que quieren trabajar, los grupos con los que están más cómodos, etc., y tomar decisiones que encajen con sus estilos de aprendizaje.
Para fomentar su participación y activar el aprendizaje se pueden emplear diferentes técnicas, procedimientos y dinámicas que permitirán experimentar los contenidos lingüísticos y culturales y ayudarán a detectar los gustos e intereses de los alumnos:
Son muchas las ventajas de introducir procedimientos pedagógicos en el aula como:
Otros procedimientos permiten actividades de interacción oral y, si los acompañamos de textos escritos de apoyo, permiten la comprensión oral. Es el caso de:
Está previsto que, para completar este programa, los alumnos tengan que dedicar tiempo a realizar algunas tareas fuera del aula:
Los trabajos de refuerzo que realicen en casa pueden asignarse de forma individualizada cuando no necesiten cubrir las mismas necesidades todos los alumnos.
Contemplamos la evaluación como un elemento imprescindible e integrado en el proceso de enseñanza y aprendizaje y proponemos un tipo de evaluación continua que abarque todo el proceso de formación y contribuya a la evaluación final del curso. Este proceso permite al alumno ser consciente de sus avances o sus necesidades y al profesor le aporta datos para juzgar su actuación, valorar los aciertos o detectar los errores. Puede aplicarse en diferentes momentos:
Al comienzo del curso (evaluación diagnóstica): para clasificar los grupos con características de aprendizaje y niveles educativos semejantes, mediante una entrevista individual (donde se puede recurrir a una lengua vehicular) para determinar las experiencias previas de formación de los alumnos, el conocimiento de lenguas que poseen, la edad, profesión, sus intereses, expectativas y necesidades. Este procedimiento aporta una información valiosa para adecuar el programa a las demandas de aprendizaje de los estudiantes.
A lo largo del proceso (evaluación formativa): en cualquier etapa y en la producción diaria. No evalúa solamente los conocimientos, sino las posibles dificultades, las actividades, los materiales, la interacción, las estrategias de aprendizaje y la actitud docente en general.
Al final del curso (evaluación sumativa): para determinar el aprovechamiento y comprobar si el alumno ha alcanzado los objetivos previstos y el nivel de las competencias comunicativas. Permite también medir la efectividad de la enseñanza, de los materiales y del programa. Puede estar basada en la interacción entre profesor-alumno o entre dos alumnos, a partir de situaciones reales semejantes a las realizadas en el curso.
La autoevaluación: supone una motivación para el aprendizaje del alumno, le proporciona autonomía y lo hacen responsable de su propio proceso. Se puede proponer a los alumnos que rellenen formularios y que lleven un cuaderno con anotaciones del seguimiento del curso. También el profesor puede autoevaluar su propia actuación a partir de los resultados obtenidos por los alumnos.