
Diccionario de términos clave de ELE
La velocidad de habla o tempo de elocución es la rapidez con que una persona articula las palabras a lo largo de su discurso. Para determinar la velocidad, se computa la cantidad de palabras que emite en un periodo de tiempo. El resultado se expresa, generalmente, en palabras por minuto; en español se calcula que una velocidad normal oscila entre las ciento cincuenta y las doscientas palabras por minuto. El concepto es objeto de investigación en varias disciplinas: en Didáctica de las lenguas —primeras, segundas y extranjeras—, en Lingüística computacional (tecnología del habla), en Traducción e interpretación (p. ej., en la subtitulación de películas), en Ciencias empresariales, etc.
La conciencia de la importancia de la velocidad de habla en la comunicación es probablemente tan antigua como el propio lenguaje humano. Como es sabido, cualquier hablante tiende a adaptar su discurso a las posibilidades de comprensión auditiva de su interlocutor. Como ejemplos comunes, tanto en el habla de los mayores con los niños de corta edad (en inglés, baby talk) como con los extranjeros de niveles básicos (en inglés, foreigner talk), se pueden citar las siguientes tendencias: un esmero en la articulación y vocalización, un aumento de la intensidad de la voz (volumen), una ralentización de la velocidad de habla y pausas más abundantes y más largas.
Estas y otras muchas modificaciones (simplificación léxica, gramatical, etc.), ya sean realizadas de un modo intuitivo o planificadas de modo consciente, también están presentes en las aulas de LE. En algunos métodos de enseñanza se instruye explícitamente al docente en torno a estas cuestiones. Generalmente, se recomienda que la velocidad de habla, tanto del profesor como de los alumnos, sea normal, esto es, aproximadamente como la de las conversaciones entre hablantes nativos, con el fin de preparar a los aprendientes para interacciones reales en la lengua meta. Ello no es óbice para que, cuando surgen dificultades fónicas —tanto perceptivas como productivas— se reduzca provisionalmente la velocidad.
La velocidad de habla es uno de los fenómenos que configuran la prosodia. Junto con las pausas y la intensidad (volumen), es un factor decisivo en la caracterización del ritmo; también es importante en el análisis de la entonación. Por ejemplo, una aceleración de la velocidad (especialmente en un registro tonal alto), acompañada de un aumento de la intensidad, pueden ser indicios de enfado o de impaciencia; por el contrario, una velocidad lenta (especialmente en un registro bajo) puede transmitir tristeza.
Ciertamente, existen diferencias de velocidad entre unos y otros hablantes de una lengua (y lo mismo ocurre en la velocidad lectora); por ejemplo, según algunas investigaciones, las mujeres suelen hablar más rápido que los hombres. En la medida en que un hablante se aleja de la velocidad considerada normal, pueden surgir problemas en la comunicación: un habla demasiado rápida tiende a dificultar la comprensión, mientras que un habla excesivamente lenta puede llegar a aburrir al interlocutor.
La cuestión de la velocidad de habla se aborda en varias disciplinas, dadas sus repercusiones en la comunicación, tanto en el caso de la lengua materna como en el de una lengua segunda o extranjera. Un ejemplo lo constituyen los estudios empresariales, en los que la voz se considera un recurso muy importante, p. ej., en las negociaciones o en las presentaciones de ventas. Con el fin de mantener la atención del interlocutor (cliente, empleado, etc.), se procura impregnar la voz de entusiasmo y adaptar al interlocutor la velocidad de habla.
Ejemplos como el anterior tienen una aplicabilidad plena y directa a la enseñanza de una lengua segunda o extranjera, dado que sea quien sea el interlocutor del aprendiente de una lengua meta —no sólo un cliente o un empleado, sino cualquier otra persona: un profesor, un amigo, un desconocido, etc.—, es importante que cada uno siga con atención y entienda bien el discurso del otro. Si bien en algunos modelos didácticos tradicionales se da prioridad a la corrección, en la actualidad es habitual trabajar con la misma atención la fluidez. Ésta asume un papel relevante en el ámbito de la prosodia: un uso adecuado del tempo, de las pausas y del ritmo contribuye sustancialmente a mantener un canal de comunicación fluido. A medida que el aprendiente va desarrollando su competencia comunicativa y automatizando el uso de la lengua, su velocidad de habla se va aproximando a la normal en la lengua meta.
Análisis de la conversación; Competencia discursiva; Comprensión auditiva; Enfoque oral; Expresión oral; Método audiolingüe.