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Diccionario de términos clave de ELE

Prueba de progreso

Se entiende por prueba de progreso (‘evaluación del aprovechamiento’, en la terminología del Marco Común Europeo de Referencia) la que tiene como finalidad determinar hasta qué punto un estudiante ha alcanzado los objetivos específicos de aprendizaje fijados para un periodo determinado (una unidad didáctica, un mes, un trimestre, etc) en el marco de un curso de lengua. Este tipo de evaluación implica una perspectiva interna, porque se evalúan los conocimientos lingüísticos de un candidato y las posibilidades que tiene de desenvolverse en situaciones comunicativas a las que puede tener que enfrentarse en el mundo real, aplicando lo que ha aprendido.

La diferencia entre una prueba de progreso y una prueba de rendimiento puede ser mínima y referirse al periodo de tiempo que abarca la prueba, o a una parte o a la totalidad del programa del curso del que se trate. Esto es así porque en ambos casos se evalúa el aprovechamiento que demuestra el estudiante del aprendizaje realizado en el aula. De ahí la importancia de que estas pruebas estén integradas en el proceso de enseñanza y aprendizaje y se constituyan en parte del mismo. Esto por un lado implica que deben ser un reflejo del tipo de actividades y de lengua que se trabaja en la clase y por otro tener como objetivo que los estudiantes puedan demostrar lo que saben hacer, lo que han aprendido, de forma que el resultado de la prueba los motive para avanzar en el aprendizaje de la lengua.

La prueba de progreso puede enmarcarse en el ámbito de una evaluación continua y en este sentido sus resultados forman parte de la evaluación sumativa o final de un curso, que se resumen en una calificación. Pero también puede formar parte de un proceso de evaluación formativa, que implica una recogida continua de datos sobre el aprendizaje que dé cuenta de los puntos débiles y fuertes de cada estudiante con el fin de que el profesor pueda, por un lado, realizar una retroalimentación que ayude a la mejora del aprendizaje del estudiante, y por otro, introducir en la planificación del curso los cambios necesarios para ajustarse al proceso que siguen sus alumnos

Tanto en la evaluación continua como en la evaluación formativa el estudiante tiene, o puede tener, un papel evaluador mediante la autoevaluación de sus actuaciones en clase, o de los trabajos y proyectos realizados a lo largo del curso, participando de esta forma, junto con el profesor, en la evaluación de su proceso de aprendizaje

Las pruebas de progreso suelen estar constituidas por tareas de corrección objetiva y tareas de corrección subjetiva. El contenido de cada prueba es una muestra significativa de la parte del programa del curso que se ha trabajado en clase y el estudiante debe demostrar tanto sus conocimientos lingüísticos como su capacidad de actuar en situaciones de la vida real.

En la elaboración de estas pruebas se deben tener en cuenta los conceptos básicos que deben inspirarlas: validez, es decir, adecuación a aquello que la prueba pretende evaluar, y que por lo tanto facilitará una representación exacta del dominio lingüístico de los candidatos; y fiabilidad, que implica consistencia y estabilidad en la obtención de resultados. Para ello, en el diseño de las pruebas se deberá recurrir a unas especificaciones de examen, a la realización, en la medida de lo posible, de ensayos previos y a análisis estadísticos, aunque sean básicos, que permitan validar la bondad de los ítemes que las conforman

Si el profesor ha planteado la evaluación en el aula como un proceso de evaluación continua y/o de evaluación formativa puede optar, bien por tomar la decisión final a partir de los datos recogidos a lo largo del curso, o bien por añadir esos datos a los que le suministra la prueba de rendimiento. En este último caso la evaluación del proceso de aprendizaje del estudiante, realizada a través de pruebas de progreso, debe coincidir con la evaluación final representada por la prueba de rendimiento. Si esta coincidencia se produce se refuerzan mutuamente ambas pruebas, la de rendimiento y las de progreso, porque los resultados obtenidos por el estudiante en las distintas pruebas realizadas a lo largo del proceso de aprendizaje generan unas expectativas que la prueba de aprovechamiento debe confirmar. Esto será así siempre que ambos tipos de pruebas estén bien construidas, es decir, se basen en los conceptos de validez y fiabilidad, antes citados.

Otros términos relacionados

Examen; Pruebas de corrección objetiva; Prueba de corrección subjetiva; Prueba de norma de grupo; Prueba de criterio establecido; Análisis de ítemes.

Bibliografía básica

  1. Consejo de Europa (2001). Marco común europeo de referencia para las lenguas: aprendizaje, enseñanza y evaluación. Madrid. Ministerio de Educación, cultura y deporte, Subdirección General de Cooperación Internacional y Grupo Anaya, 2002. Capítulo 9.
  2. Harris, M. y McCann, P. (1994). Assessement. Oxford: Heinemann.

Bibliografía especializada

  1. Ebel, R. L. y Frisbie, D. A. (1991). Essentials of Educational Measurement. Englewood Cliffs, New Jersey: Prentice Hall (5.ª edición).
  2. Tagliante, C. (1993). L’evaluation. París: Clé International.
  3. Weir. C. J. (1993). Understanding and Developing Languages Test. New York: Prentice Hall.
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