
Diccionario de términos clave de ELE
En didáctica de las lenguas el término «pronunciación» se usa en dos sentidos: en el más restringido se refiere a la vocalización o articulación de los sonidos de una lengua; en otro sentido más amplio abarca también el componente prosódico (acentuación, ritmo y entonación), por lo que equivale a «producción fónica». Otros términos estrechamente relacionados son ‘ortología’ y ‘ortoepía’, con los que se designa la habilidad de pronunciar correctamente, así como ‘ortofonía’, que es el estudio de los medios para corregir o mejorar la pronunciación.
La pronunciación y su enseñanza se vienen asociando tradicionalmente con la fonética (articulatoria y correctiva) y la fonología. De hecho, las primeras descripciones de los sonidos del lenguaje humano ―en la gramática hindú de Pānini (siglo IV o V a. C.), así como en la gramática árabe de Abū Halim (siglo VIII d. C.)― se acometieron con el fin de ofrecer modelos de pronunciación correcta, es decir, con un carácter prescriptivo.
La importancia atribuida a la pronunciación en las clases de lenguas extranjeras ha ido variando a lo largo de la historia. En algunas etapas ha alcanzado un puesto importante. En otras etapas, por el contrario ha sufrido una cierta marginación, por motivos muy diversos: la falta de confianza de algunos profesores en su propia formación fónica; la creencia de que la adquisición de la pronunciación es un proceso automático, del que no hay que preocuparse; el papel marginal de la pronunciación en algunos materiales didácticos, etc. El tratamiento que recibe la pronunciación a lo largo de la historia reciente de la didáctica de las lenguas extranjeras es, en síntesis, el siguiente:
De entre los métodos diseñados para la didáctica y corrección de la pronunciación, cabe destacar el Método verbo-tonal y el Método fono-articulatorio. Los tres principios básicos de este segundo método son: adquisición consciente de la pronunciación, por ejemplo, palpando los movimientos del aparato fonador durante la producción del habla; práctica fónica con los ojos cerrados y en voz baja; y adquisición de la entonación debidamente contextualizada.
El hecho de que los adultos no suelan alcanzar una pronunciación en la lengua extranjera equiparable a la de los hablantes nativos no se debe exclusivamente a factores fisiológicos ―lateralización cerebral, merma de la sensibilidad perceptiva o de la capacidad sensorio-motriz, etc.―, sino también a otros muchos factores: estilo cognitivo, calidad y cantidad de aducto lingüístico, motivación por adquirir una buena pronunciación... Es, precisamente, en el nivel fónico de la lengua extranjera donde se ponen más de manifiesto los fenómenos de transferencia de la lengua materna, tanto en la vertiente perceptiva como en la productiva; en el segundo caso, dan lugar al característico acento extranjero.
El Instituto Cervantes en el apartado «Lengua y sistema: contenido gramatical» de su Plan Curricular especifica los contenidos fónicos previstos para cada nivel: inicial, intermedio, avanzado y superior; por ejemplo, en el nivel inicial se centra la atención en la identificación y producción de las vocales (solas y combinadas entre sí) y las consonantes (solas y en grupos consonánticos) y ya se empieza a trabajar la prosodia (acento, ritmo y entonación). Por otro lado, en la Guía para la Obtención de los Diplomas de Español de cada uno de los DELE (Diploma de Español como Lengua Extranjera) se especifican también los requisitos para superar las pruebas: en el Certificado Inicial de Español (CIE) se evalúa la fluidez, pero no la corrección fonética; en el Diploma Básico de Español (DBE) se acepta que el alumno presente dificultades fónicas, siempre y cuando estas no bloqueen la comunicación; y en el Diploma Superior de Español (DSI) se requiere que tenga un «dominio completo de la pronunciación».
Para la mayoría de los aprendientes de una lengua extranjera, la adquisición de una buena pronunciación, cuando menos, inteligible, es un objetivo importante, ya que esta facilita la comunicación oral fluida y eficaz. En consecuencia, parece razonable que la enseñanza de la pronunciación se incluya en el proceso instructivo ya desde el inicio. Una vez que el alumno alcanza una buena pronunciación y es consciente de ello, se siente más motivado para practicar la lengua extranjera, lo que le permite seguir mejorando no solo en la pronunciación, sino en todos los aspectos de la lengua extranjera: sociocultural, discursivo, pragmático…
Comprensión auditiva; Conversación; Currículo; Diálogo; Expresión oral; Interacción.