
Diccionario de términos clave de ELE
En fonología y en didáctica de la pronunciación constituyen un par mínimo dos palabras que coinciden en todos los fonemas, salvo en uno que permite distinguirlas entre sí: /lío - río/.
El concepto de par mínimo deriva del binarismo propio de la fonología, tanto estructuralista como generativa. En ambos casos se trata de establecer oposiciones fonológicas entre cualesquiera unidades de la misma categoría; p. ej., una vocal anterior frente a una posterior /i - u/, una consonante sorda (tensa) frente a una sonora (laxa) /p - b /, una sílaba acentuada frente a una inacentuada /saltó - salto/ (recordemos que nos referimos al acento prosódico, no al gráfico), una curva melódica interrogativa frente a una declarativa /¿Catalina? - Catalina./, etc.
La hipótesis del par mínimo también es objeto de estudio y de debate en el ámbito de la adquisición de primeras lenguas, donde se confronta a hipótesis antagónicas. En efecto, algunos estudios experimentales parecen indicar que el sistema fonológico de la L1 no se aprende mediante una comparación de pares mínimos, sino mediante unos procesos de categorización y distribución de los sonidos que el bebé va oyendo. Al parecer, el ser humano nace con la capacidad de clasificar los sonidos del lenguaje en categorías universales. Dado que a partir de los seis meses de edad, un individuo ya empieza a categorizar las vocales y a partir de los ocho o diez meses, las consonantes, y dado que a esa edad su vocabulario lo componen sólo unas decenas de palabras, sin apenas casos de pares mínimos, la hipótesis de la adquisición basada en la categorización parece más sólida.
Cabe recordar que los ejercicios de pares mínimos son típicos del Método audiolingüe. En la práctica didáctica, un modo corriente de proceder es comenzar por un Análisis contrastivo entre la L1 (cuando esta es común a los alumnos del grupo) y la LE; a continuación, seleccionar contenidos problemáticos, p. ej., si se trata de alumnos francohablantes, lusohablantes, italohablantes o germanohablantes, se pueden abordar contrastes del tipo /cazar - casar/; y, por último, diseñar actividades didácticas para trabajar los contrastes en cuestión, tanto en la pronunciación como en el significado. Trabajando simultáneamente el nivel fonético y el semántico, se enseña en la práctica el valor de un fonema, cuáles son los fonemas del sistema fonológico de la LE y, al mismo tiempo, la importancia de percibir y pronunciar debidamente cada sonido para asegurar la inteligibilidad del mensaje.
Como es sabido, la oposición fonológica entre los dos fonemas que permite distinguir cada par mínimo conlleva una diferencia en el significado: /o/ frente a /u/ distinguen /rosa/ de /rusa/. De hecho, es precisamente esa capacidad de distinción u oposición semántica o significativa la característica esencial del fonema, que constituye la unidad fonológica mínima en el sistema de una lengua.
Justamente por ese potencial de contraste semántico entre unas y otras palabras, y por las repercusiones directas de esos contrastes en la comunicación oral, los ejercicios de pares mínimos siguen siendo usuales en la actualidad. Existen diferentes tipos de ejercicios. Un ejemplo típico consiste en presentar a los alumnos una lista de pares mínimos (1.- a] poso,1.- b] pozo; 2.- a] seta, 2. b] zeta; 3.-... ]), y hacerles escuchar una grabación en la que aparecen, en cada caso, una de las dos opciones [1.- Cayó en un pozo muy profundo. 2.- Confundía la ese con la zeta. 3.- .], de modo que cada alumno elija la que cree haber oído. Cuando las palabras se hallan contextualizadas en enunciados, el alumno decide guiándose tanto por la pronunciación como por el contexto lingüístico.
Además de las cuestiones semánticas y fonológicas acabadas de esbozar, mediante los ejercicios de pares mínimos también se pueden trabajar cuestiones fonéticas más sutiles, tales como las diferencias entre dos alófonos de un fonema. Recordemos que por alófono se entiende «cada una de las variantes que se dan en la pronunciación de un mismo fonema, según la posición de este en la palabra o sílaba, según el carácter de los fonemas vecinos, etc.» (DRAE). Queda claro que el empleo de uno u otro alófono de un mismo fonema no comporta en ningún caso un cambio de significado, ya que, de ser así, se trataría de dos fonemas distintos. Sin embargo, el empleo de alófonos inadecuados a lo largo del discurso es uno de los factores que caracteriza el denominado acento extranjero. Pensemos, por ejemplo, en los alófonos aproximantes [β, δ , γ] con que un hispanohablante nativo pronuncia, respectivamente, las letras (grafemas) subrayadas en estos ejemplos [labio, hada, mago], frente a los alófonos oclusivos [b, d, g] con que pronuncia, respectivamente, los grafemas subrayados en estos otros ejemplos [ámbar, senda, venga]. Recordemos que los sonidos aproximantes son parecidos a los fricativos, pero pronunciados con un esfuerzo menor (mayor relajación articulatoria), de modo que carecen de fricación. Pues bien, si se atiende a la pronunciación de determinados aprendientes extranjeros, se observará que tienden a articular como oclusivos incluso los que son aproximantes.
Otra variante habitual consiste en practicar con «tríos mínimos», seleccionados tras comparar el sistema fonológico de la L1 de los aprendientes y el del español; he aquí un par de ejemplos adecuados para hablantes de chino o de japonés: /pala - para - parra/, /laxo, laso, lazo/.
Comprensión auditiva; Expresión oral; Interacción; Transferencia.