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Diccionario de términos clave de ELE

Corrección de errores

Por corrección de errores se entiende la labor de rectificar las equivocaciones —desviaciones de las normas lingüísticas, de las convenciones culturales, etc.— que cometen los aprendientes en el proceso de aprendizaje de una LE. Cualquiera de los componentes del lenguaje puede ser objeto de corrección; así, se habla de corrección gramatical, fonética, pragmática, sociocultural, no verbal, etc. Un procedimiento usual de corrección comienza por comparar la versión incorrecta con la correcta, y a continuación aplicar alguna técnica correctiva, realizando actividades ad hoc.

El papel del error en el proceso de aprendizaje de una LE varía considerablemente a lo largo del siglo XX. Tradicionalmente, el error se concibe como un hecho indeseable, como un fallo (del alumno o del método) en el proceso instructivo. Con esa idea en la mente, se intenta crear métodos (p. ej., el Método audiolingüe) en los que se controle estrictamente las estructuras gramaticales que utiliza el alumno; de ese modo se pretende evitar al máximo la comisión de errores. Sin embargo, aun así, los alumnos siguen errando. En contraposición a esa concepción conductista, nace una concepción mentalista, que considera el error como un fenómeno natural, normal e incluso indispensable, ya que en el aprendizaje de una LE el aprendiente va formulando constantemente hipótesis sobre los sistemas de la lengua; luego, es comprensible que no todas sus hipótesis resulten ciertas al ponerlas a prueba en la comunicación real.

Existe un cierto paralelismo entre los procesos de formulación y comprobación de hipótesis del niño en su aprendizaje de la L1 y los de un extranjero en el aprendizaje de la LE. Determinados tipos de errores también son comparables, p. ej., cuando uno u otro, debido a un proceso de sobregeneralización (o hipergeneralización) de las reglas de la conjugación regular del presente de indicativo dicen [*no cabo, *no quero], etc. Sin embargo, la reacción del profesor ante el extranjero en clase suele ser bastante distinta de la reacción de los nativos ante el niño nativo fuera de clase. En el caso del niño se da por sentado que se trata de unas formas incorrectas provisionales que con el tiempo darán paso a las formas correctas definitivas de la L1, aun cuando nadie se esfuerce por corregirlas. En un contexto formal de aprendizaje, muy al contrario, habitualmente el profesor siente la necesidad de corregir, y el alumno, de ser corregido.

Los errores relacionados con el significado del mensaje suelen entorpecer la comunicación tanto o más que los errores relacionados con las formas lingüísticas —género gramatical, conjugación verbal, etc.—. Ello explica que, generalmente, en las conversaciones entre adultos y niños nativos las correcciones tiendan a incidir en el significado. En contraste, los procesos de corrección en el aula vienen orientándose tradicionalmente hacia los aspectos formales.

Los errores pueden clasificarse atendiendo a diversos criterios; así existen, p. ej., errores sistemáticos o habituales frente a errores esporádicos o equivocaciones —los lapsus linguæ (en el lenguaje oral) o los lapsus calami (en el lenguaje escrito)—, errores colectivos frente a errores individuales, etc. A la hora de seleccionar errores para acometer su corrección, se siguen varios criterios; se escogen, p. ej., los relacionados con las cuestiones lingüísticas o culturales que se están trabajando en ese momento, los más frecuentes o sistemáticos y los que más entorpecen la comunicación. En cualquier caso, parece que lo más rentable desde un punto de vista didáctico es centrarse en aquellos errores propios del nivel de LE de los alumnos —dicho sea con otras palabras, los correspondientes a su estadio de interlengua—, o incluso los pendientes de resolver en etapas anteriores de su aprendizaje, pero sin entrar en aquellas cuestiones demasiado complejas que más adelante ya tendrán ocasión de trabajar.

K. Johnson (1988) enumera las siguientes condiciones para que se pueda llevar a cabo la corrección de errores, es decir, para agilizar la evolución de la interlengua:

  1. Reconocer la importancia de un error concreto.
  2. Ser consciente de haberlo cometido, p. ej., gracias a la retroalimentación de su interlocutor.
  3. Sentir el deseo de corregirlo.
  4. Tener ocasión de practicar la unidad lingüística problemática cuanto antes y en situaciones reales de comunicación. Dichas situaciones constituyen un marco apropiado para la corrección tanto de las formas lingüísticas como del significado.

En el tratamiento del error una actitud extremadamente indulgente por parte del docente puede frustrar al alumno, causándole la impresión de que el profesor no se preocupa lo suficiente de su aprendizaje; por otro lado, también se pueden generar procesos de fosilización. En el caso opuesto, un tratamiento obsesivo o recriminatorio puede perjudicar la autoestima del aprendiente y desmotivarlo. Ambos extremos, pues, pueden llevar a situaciones indeseadas. En cambio, una actitud intermedia y positiva por parte de quien corrige, contemplando cuanto de bueno hay en la producción lingüística del aprendiente, reconociendo su esfuerzo y mérito (aun cuando no dé con la respuesta correcta o esperada de antemano), en lugar de limitarse a resaltar o tachar sus errores, puede tener una incidencia mucho más beneficiosa en el proceso de aprendizaje de la LE, consiguiendo que su interlengua vaya progresando y sus errores, disminuyendo.

El momento elegido para corregir varía de unas actividades a otras. Por ejemplo, con el fin de no interrumpir a los alumnos en el transcurso de un diálogo en habla espontánea o de una exposición oral, es una práctica  común que el profesor vaya anotando sobre la marcha una selección de los errores que van cometiendo y al final los comente, ya sea en público o bien en privado con cada alumno. Sin embargo, en la lectura en voz alta de un texto parece más práctico ir corrigiendo sobre la marcha los errores de pronunciación de los sonidos, de acentuación, de entonación, etc. En el caso de la expresión escrita se recomienda no dejar la corrección para cuando el texto está finalizado, sino incorporarla en la medida de lo posible en el mismo proceso de concepción, estructuración y redacción del texto.

La comprensión y aceptación del error como un fenómeno natural, lógico e inevitable en el proceso de aprendizaje de una lengua tiene unas consecuencias directas en el modo de afrontar su corrección en el aula de LE. Ya no se plantea como una batalla contra el mal o el peligro, sino como una labor de creación de situaciones de comunicación y de diseño de tareas favorables al desarrollo de la interlengua del alumno. Tradicionalmente la tarea de corrección venía siendo potestad exclusiva del docente. En la actualidad, no obstante, se acepta que el profesor comparta la responsabilidad de la corrección con otras personas o recursos: un compañero de clase, un nativo, un libro de ejercicios con clave de respuestas, un ordenador... El propio aprendiente también puede hacerse cargo de esa tarea; es lo que se denomina autocorrección. En el ámbito de la corrección de errores, pues, también se pone de manifiesto la realidad del aprendizaje centrado en el alumno.

Otros términos relacionados

Actividad de aprendizaje; Atención bifocalizada; Contexto de aprendizaje; Gravedad del error; Interferencia; Lectura; Prosodia.

Bibliografía básica

  1. Cortés Moreno, M. (2000). Guía para el profesor de idiomas: didáctica del español y segundas lenguas. Barcelona: Octaedro.
  2. Fernández, M. S. (1989). «Corregir y evaluar desde una perspectiva comunicativa». En Cable, 4, pp. 30-35.
  3. Vázquez, G. (1998). ¿Errores? ¡Sin falta!. Madrid: Edelsa.

Bibliografía especializada

  1. Corder, S. P. (1967). «The significance of learners’ errors». En Corder, S.P. (1981). Error Analysis and Interlanguage. Óxford: O. U. P.
  2. Ferrán, J. M. (1990). «La corrección del error: fundamentos, criterios, técnicas». En Bello, P. et al. Didáctica de las segundas lenguas. Estrategias y recursos básicos. Madrid: Santillana.
  3. Johnson, K. (1988). «Mistake correction». En ELT Journal, 42/2, pp. 89-96. Óxford: O. U. P.
  4. Tarone, E. y Yule, G. (1989). Focus on the Language Learner. Óxford: O.U.P.
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