
Diccionario de términos clave de ELE
Corrección y fluidez son dos parámetros clave en la comunicación, tanto oral como escrita: cada usuario de una lengua la habla, escucha, escribe, lee, etc. con mayor o menor corrección y fluidez. Por corrección se entiende la ausencia de errores en el uso de cualquiera de las destrezas lingüísticas —comprensión auditiva, expresión escrita, interacción oral, mediación, etc.—. La fluidez, por su parte, puede definirse como la habilidad de procesar (tanto en su recepción como en su producción) la lengua —aspectos semánticos, morfosintácticos, socioculturales, etc. — con soltura y coherencia, sin excesivas pausas o titubeos y a una velocidad equiparable o próxima a la de los hablantes nativos.
El origen del concepto de corrección lingüística en Occidente se remonta a la época de las lenguas clásicas —el griego y el latín—, cuyas obras literarias eran consideradas como modelos lingüísticos de los que aprender. No obstante, el peso específico de la corrección y de la fluidez en la didáctica de la LE ha ido evolucionando a lo largo de la historia. Los métodos didácticos más tradicionales, centrados en las reglas gramaticales de la LE y en las formas lingüísticas, como, por ejemplo, el Método gramática-traducción, se orientan hacia la corrección. En otras propuestas posteriores, como, por ejemplo, en el Método audiolingüe, se procura compaginar la corrección con la fluidez. En las últimas décadas, modelos didácticos como el Enfoque comunicativo o el Enfoque por tareas incorporan a los dos anteriores un nuevo parámetro —la complejidad— y aspiran al desarrollo de todos ellos.
El concepto de corrección, ligado esencialmente a la gramática preceptiva, está profundamente arraigado en la lingüística, tanto la lingüística teórica como la aplicada a la didáctica de las lenguas. De hecho, la primera acepción que de gramáticanos ofrece el DRAE es, precisamente: «Arte de hablar y escribir correctamente una lengua, y libro en que se enseña». Una de las preguntas que surgen en la clase de ELE es cómo tratar aquellos casos en que el uso entre los hispanohablantes difiere de las normas: el dequeísmo, los extranjerismos [en base a, a nivel de...], enunciados incompletos, anacolutos o lapsi de concordancia [Todos estos... personas...], etc.
Ahora bien, el concepto de corrección no se limita a la gramática; existen otros tipos: corrección léxica, fonética, ortográfica, sociocultural, estilística, etc. La corrección, pues, abarca desde los aspectos más superficiales de la lengua hasta los más profundos, como son la estructuración de los textos, la coherencia, etc. El concepto adquiere unas dimensiones propias en la lengua oral, dado que ésta tiene una variación y unas características diferentes de la lengua escrita. Un ejemplo es la imprecisión léxica que se produce al recurrir a comodinescomo [cosa, eso, hacer, rollo, super-], etc., tanto más frecuentes, cuanto más informal el registro. Otro ejemplo es una cierta anomalía gramatical cuando no se observan la tradicional concordantia temporum: [Si pudiera, la compraba], en lugar de [Si pudiera, la compraría]. Para abordar estas cuestiones no basta con aplicar criterios de corrección; en ellas también entra en juego la adecuación.
Dado que, generalmente, se dispone de más tiempo para procesar la lengua escrita que la lengua oral, es de esperar un grado superior de corrección, precisión, fluidez, y complejidaden la primera. En efecto, normalmente el hablante improvisa su discurso y el oyente sólo lo oye una vez en tiempo real. Por el contrario, el lector puede releer un texto tantas veces como precise, hasta llegar a comprenderlo perfectamente; el escritor, por su parte, puede ir modificando un texto hasta que el resultado le satisfaga.
En clase de LE determinadas actividades son propicias a fomentar la corrección, p. ej., la lectura intensiva de un texto en el que se explota la conjugación verbal; otras inciden, fundamentalmente, en la fluidez, p. ej., la lectura extensiva de una novela. En algunas actividades o pruebas, p. ej., las de elección múltiple o las de verdad o mentira, sólo existe una opción correcta; otras, por el contrario, se conciben con una mayor flexibilidad y se admiten como correctas múltiples respuestas, siempre y cuando se expongan con coherencia y se justifiquen debidamente.
Independientemente del tratamiento de la corrección y de la fluidez que se especifiquen en el programa de enseñanza, las creencias y expectativas de los propios alumnos también son decisivas. En cierta medida condicionados por su cultura de origen, determinados aprendientes se encaminan desde el principio hacia la fluidez (dejando para más adelante el objetivo de la corrección), mientras que otros optan por un progreso lento pero afianzando la corrección (reservando para una etapa ulterior el objetivo de la fluidez).
La evolución del peso específico de la corrección en la Lingüística tiene consecuencias directas en los programas de LE y en su implementación en el aula de LE. Con el paso del tiempo se comprende que la lengua es mucho más que un mero inventario de signos y estructuras sistematizables y que para comunicarse con éxito no basta con formular frases gramaticalmente correctas. Es preciso que los enunciados también sean adecuados al contexto situacional en que se emplean, teniendo en cuenta las circunstancias de la comunicación: a quién nos dirigimos, qué tema estamos tratando, dónde nos hallamos, etc. Así, se trata de trabajar tanto las formas lingüísticas como el significado del mensaje, atendiendo a la situación concreta en que tiene lugar la comunicación. Todas estas cuestiones son de interés especial para la gramática pedagógica, que recoge problemas gramaticales concretos de grupos de alumnos concretos (según su nivel, su lengua materna, etc.).
Análisis del discurso; Atención a la forma; Corrección de errores; Discurso; Evento comunicativo; Gramática pedagógica; Gravedad del error; Interferencia.