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Diccionario de términos clave de ELE

Actividades y estrategias de interacción

En didáctica de la lengua extranjera se entiende por actividades de interacción aquellas actividades de la lengua ―principalmente, orales, cara a cara y en tiempo real― en las que dos o más alumnos se van turnando en sus papeles de emisor y receptor de mensajes y van construyendo conjuntamente una conversación o un texto escrito, mediante la negociación de significados y siguiendo el principio de cooperación. Tales actividades las realizan utilizando unas competencias y desarrollando unos procesos lingüísticos (procesos  neurológicos y fisiológicos) de expresión y comprensión, con el propósito de alcanzar unos objetivos concretos: entablar o mantener la amistad, intercambiar información, etc. Las estrategias de interacción, por su parte, son unos recursos comunicativos que les ayudan a llevar a cabo con éxito la actividad lingüística en cuestión.

Para simplificar, se pueden clasificar las interacciones en orales y escritas: en el primer caso, los interlocutores desempeñan los papeles de hablante y oyente; en el segundo, los de escritor y lector. No obstante, la realidad no es tan simple; lo cierto es que en la interacción cara a cara se pueden combinar varios canales: oral, escrito, audiovisual, paralingüístico (por, ejemplo, el lenguaje corporal) y paratextual (por, ejemplo, un dibujo). En mayor o menor medida, dichas actividades y estrategias se basan en las de los usuarios nativos cuando utilizan la lengua en contextos sociales ajenos al aula, en una serie de situaciones y circunstancias diversas. El Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas (MCER) describe las actividades y estrategias de interacción en el apartado 4.4., donde también se tratan los demás tipos de  actividades y estrategias: de expresión de comprensión y de mediación.

En contraposición a las actividades de expresión (por ejemplo, recitar un poema) o de comprensión (por ejemplo, leer un artículo académico), que comportan un proceso lingüístico unidireccional, en el que un usuario (hablante-escritor) produce un texto para expresar unas ideas, unos sentimientos, etc. y comunicarlos a unos destinatarios (lectores u oyentes), las actividades de interacción (por ejemplo, la conversación o la correspondencia) entrañan un proceso lingüístico bidireccional harto más complejo que la suma de un proceso de expresión más otro proceso de comprensión. En efecto, además de contener esos dos procesos, la interacción implica la construcción de un discurso conjunto y, por tanto, la creación colectiva de significado, elaborando más o menos el mensaje y explicitando más o menos el contenido, en función del grado de contexto mental común y experiencia compartida de los participantes.

Algunos de los ejemplos de actividades de interacción oral que cita el MCER son los siguientes: conversación casual, discusión informal, discusión formal, debate, entrevista y negociación. Como ejemplos de actividades de interacción escrita, el MCER cita, entre otros: intercambiar notas, mantener correspondencia por correo electrónico, negociar el texto de un contrato o participar en una videoconferencia por ordenador.

Con el fin de optimizar los procesos de interacción, el usuario de la lengua recurre a una serie de estrategias comunicativas. Es cierto que en determinados casos, las estrategias van encaminadas a compensar una carencia en la lengua extranjera; ahora bien, en muchos otros casos, los fines son bien distintos, y se trata de estrategias de comunicación idénticas a las que emplean los nativos en su propia lengua materna, por ejemplo, cuando controlan que los interlocutores tomen y cedan el turno de palabra según las normas de su comunidad, elijan un tema de interés mutuo y se ciñan a él, etc. Dado que la interacción abarca tanto procesos de expresión como de comprensión, es lógico que los interlocutores recurran durante la interacción a las estrategias de expresión y de comprensión. No obstante, además de esas estrategias, hay un tipo de estrategias, exclusivas de la interacción, que ayudan a controlar el proceso de construcción de un discurso conjunto y de creación colectiva de significado, sobreentendiendo determinados puntos, recurriendo a implicaturas, entrando en detalles u obviándolos, etc.

Existen múltiples estrategias de interacción, cada una apropiada para un momento determinado del proceso de interacción. En la fase inicial de planificación de la interacción oral se recuperan de la memoria esquemas mentales de interacciones pasadas, se amoldan a las circunstancias actuales y se ponen en funcionamiento para anticipar los intercambios posibles y probables de la actividad que se va a llevar a cabo (todo eso se denomina encuadre); asimismo se considera la distancia comunicativa que hay entre los interlocutores, es decir, se calcula en qué medida se comparte una información o una opinión y qué se puede dar por supuesto, con el fin de planificar el intercambio comunicativo, anticipando el posible desarrollo. En la fase central de ejecución de la interacción, los participantes aprovechan los momentos idóneos para tomar la palabra y llevar la iniciativa en el discurso, cooperando con los demás (ayudando o pidiendo ayuda, según el caso) para contribuir al buen desarrollo de la tarea en curso y a la comprensión mutua. En la fase de evaluación se comprueba si el encuadre inicial se corresponde con lo que sucede realmente y en qué medida se está alcanzado el efecto deseado y, por tanto, el éxito en la comunicación. En cualquier momento de la interacción puede aparecer algún malentendido o alguna ambigüedad; para subsanar tales eventualidades, se recurre a una petición u ofrecimiento de aclaración.

El tratamiento que se les da a las actividades y estrategias de interacción en el MCER constituye una aportación relevante a la didáctica de las lenguas extranjeras. Por un lado, el documento pone de relieve el papel positivo y decisivo que desempeñan las estrategias en el proceso de aprendizaje y uso de las lenguas extranjeras. Por otro lado, propone unas escalas ilustrativas que facilitan la definición del nivel concreto que tiene cada alumno y/o del progreso que va logrando en la realización de actividades de lengua y en el empleo de estrategias de comunicación; el propósito de dichas escalas es servir de base para la elaboración de escalas de capacidad lingüística. Entre otras, sugiere una escala para cada una de estas actividades: mantener una conversación informal, mantener una conversación formal y reuniones de trabajo, entrevistar y ser entrevistado, escribir cartas. Asimismo proporciona escalas ilustrativas para las estrategias de tomar la palabra, cooperar y pedir aclaraciones.

La inclusión en el MCER de las actividades y estrategias de interacción y de mediación junto a las tradicionales de comprensión y expresión constituye un importante paso adelante en el ámbito de la didáctica de las lenguas extranjeras. A unas y a otras se les reclama un puesto apropiado en la clase de lengua extranjera, dado que, por un lado, ambas son habituales en la comunicación real fuera del aula y, por otro lado, ambas desempeñan un papel importante en el proceso de aprendizaje y uso de las lenguas extranjeras.

Otros términos relacionados

Conversación; Interacción.

Bibliografía básica

  1. García Santa-Cecilia, Á. (2002). «Bases comunes para una Europa plurilingüe. Marco común europeo de referencia para las lenguas». En El Español en el Mundo. Anuario del Instituto Cervantes. Barcelona: Plaza-Janés y Círculo de Lectores, pp. 13-34.
  2. Instituto Cervantes (2001). Marco común europeo de referencia para las lenguas: enseñanza, aprendizaje y evaluación. En [http://cvc.cervantes.es/obref/marco/].

Bibliografía especializada

  1. VV.AA. (2005). Marco común europeo de referencia para las lenguas: enseñanza, aprendizaje y evaluación. Propuestas para la enseñanza de ELE (I). Carabela 57, Monográfico.
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