Soledad Varela Ortega
En el enfoque comunicativo —sin duda, por reacción a enfoques formalistas anteriores— se pone el énfasis en el punto c) y se insiste en que conocer una palabra consiste, además de en saber cuál es su funcionamiento, en cuál es su uso, según la conocida dicotomía entre usage y use de Widdowson (1978). Una conclusión elemental para el tema que nos ocupa es que, concebida la lengua en esta aproximación principalmente como un instrumento para conseguir determinados objetivos comunicativos, la morfología de la palabra adquiere menor importancia en relación con otros enfoques en donde la instrucción depende crucialmente de aspectos gramático-formales. No es mi intención mostrar aquí las carencias de unos u otros enfoques en la enseñanza del vocabulario de la L2; simplemente, querría referirme aún a otro aspecto básico del conocimiento léxico que, en mi opinión, plantea cuestiones cruciales que van más allá del simple uso en contexto de las palabras. Entre las conclusiones a las que ha llegado la investigación empírica, me importa destacar aquí que el léxico se reconoce como un componente de la lengua que no incumbe meramente al proceso del aprendizaje sino también al de la adquisición (Krashen, 1981). En consecuencia, el método que se emplee para su enseñanza no puede basarse prioritariamente en la memorización o en la práctica más o menos mecánica sino, sobre todo, en aquellos recursos que permitan hacer explícito el conocimiento interno e inconsciente que tiene el hablante sobre el fenómeno léxico, en la idea de que este es parte del conocimiento general de la lengua objeto y no una mera destreza (cf. Salazar García, 1994)5.
Concebimos, por consiguiente, el léxico no en el sentido bloomfieldiano de lugar de almacenamiento de todas las idiosincrasias de la lengua sino como el «lexicón gramatical», «the linguist’s theory of the category of linguistic object we call a “word”» (Williams, 1994:7). En el caso de las palabras con morfología, el conocimiento léxico incluirá, además del conocimiento de la estructura interna de las palabras, la relación formal entre determinadas palabras de la lengua y el conocimiento de los principios que rigen la formación de nuevas palabras.
Después de estas consideraciones previas sobre lo que es conocer una palabra y sobre los fundamentos metodológicos de la enseñanza del vocabulario, quisiera referirme brevemente al papel que desempeña la morfología en la adquisición del léxico.
Veamos someramente los datos que nos proporcionan los investigadores en la adquisición de la morfología, tanto en L1 como en L2.
En Clark (1998) se resumen las conclusiones a las que han llegado las investigaciones recientes en relación con la adquisición de la morfología por el niño sobre la base de lenguas tipológicamente diferentes. Por una parte, está probado que la adquisición de las formas flexivas precede a la de la formación de palabras mediante recursos morfológicos y que, en general, los niños producen los afijos derivativos más tarde que los flexivos. Por otra parte, los datos que se desprenden de las investigaciones reseñadas en Clark (op. cit.) parecen probar que el niño es capaz de analizar la estructura morfológica interna de las palabras antes de proceder autónomamente a la formación de nuevas palabras. En lenguas como las germánicas, con un uso extendido de la composición, los niños empiezan muy pronto a formar compuestos: primero compuestos radicales —desde 1’5 años— y en un segundo estadio, compuestos sintéticos. Estos primero siguen el orden oracional (núcleo + complemento) y no presentan sufijos (throw-button), luego toman sufijo pero conservan aún el orden primitivo (thrower-button)6; hacia los 5 años, los niños que adquieren el inglés forman button-thrower o wagon-puller sin error. Los factores que, según los estudiosos de la adquisición de L1, favorecen el uso de palabras compuestas son: transparencia, simplicidad y productividad.
Con respecto a las formas derivadas, la sufijación precede a la prefijación. Los sufijos derivativos de carácter agentivo se sustituyen en un primer estadio por un compuesto del tipo magic-man para magician. Entre 2 y 2’5 años, los niños empiezan a usar sufijos; en inglés, primero el sufijo agentivo-instrumental más común (-er). La razón de la extensión de unos y otros sufijos derivativos descansa en los mismos factores que en el caso de la composición: transparencia, simplicidad y productividad.
¿Qué datos nos proporcionan, por su parte, las investigaciones sobre la adquisición de la morfología léxica en L2? Los pocos estudios que conozco sobre el español en el campo de la formación de palabras (FP) (cf. Liceras y Díaz, 1999) son bastante recientes y sus conclusiones demasiado provisionales como para poder deducir pautas de comportamiento con respecto a la morfología del español y menos aún para basar en ellas decisiones concretas de orden pedagógico. Los estudios sobre otras lenguas (cf., p. ej., Olshtain, 1987) parecen apoyar la idea de que los aprendientes de L2 adquieren los procesos de FP de manera gradual y apoyándose —como en la L1— en la segmentación de las formas morfológicamente complejas, tarea esta que se hace tanto más fácil cuanto mayores sean la simplicidad y la transparencia del fenómeno de agrupación de morfemas. Asimismo, los patrones de formación de palabras más generales y productivos de la lengua objeto son, como en el caso de la L1, los que primero adquieren los aprendientes de L2.
Quedémonos, pues, con estos tres factores decisivos —transparencia, simplicidad y productividad— como pautas sobre las que basar nuestras decisiones de orden pedagógico.