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Antologías didácticas

La enseñanza del léxico italiano a estudiantes de habla española: observaciones en torno al problema
de los sufijos (1 de 8)*

Marta de las Nieves Muñiz Muñiz

1.

No es el caso de insistir en las insuficiencias que aún hoy perduran, tanto en el ámbito de la lingüística como en el de su aplicación a la enseñanza, a propósito del estudio del léxico1. Dentro de la selva por él formada, parecería, sin embargo, que existe un islote privilegiado (el campo de la formación de palabras) susceptible de sistematización y por tanto capaz de ofrecer hipótesis generalizadoras tales que garanticen la apropiación de esquemas generativos a partir de los cuales cualquier discente de una determinada lengua pueda enriquecer su propio vocabulario.

Pero la formación de palabras parece seguir en las lenguas naturales criterios de aplicación y trayectorias evolutivas que son en buena parte imprevisibles («L’imprevedibilità nella formazione delle parole —escribe Pavao Tekavčič en su Grammatica storica dell’italiano— è una caratteristica generale delle lingue umane e constituisce una delle principali difficoltà nello studio delle lingue straniere»)2, de modo que, limitándonos al caso de la lengua italiana y la española, nada permite deducir que al adjetivo italiano «provvisorio» le corresponda el español «provisional», o prever la etimología italiana ferocia(m) > ferocia frente a la española ferocitate(m) > ferocidad. Y si ni siquiera es posible prever tampoco derivaciones simétricas dentro de una misma lengua a partir de conjuntos léxicos que parecerían exigir un comportamiento homogéneo (piénsese en las parejas tonto-tontería frente a listo-listeza o, en italiano, scemo-scemenza frente a furbo-furbizia), tanto menos cabrá esperar un paralelismo interlingüístico. Añadamos a este el hecho fácilmente constatable de que ninguna lengua agota sus posibilidades derivativas, sino que vemos familias léxicas abruptamente interrumpidas o inexplicablemente no realizadas (del sustantivo italiano scarpa [‘zapato’] no surge en el sistema actual «scarperia» ni «scarpiere» o «scarpio», así como del primitivo lámpara tampoco el español hace resultar la riqueza de derivados que en cambio crea el italiano a partir de lampada), y, por último, consideremos los numerosos casos en los que una lengua recurre al procedimiento de la composición o al de la prefijación o al de la parasíntesis ahí donde la otra se sirve de sufijos (baste pensar en la formación española cenicero frente a la italiana portacenere), pero también aquellos en los que el significado realizado en una lengua mediante un derivado se expresa en otra a través de unidades léxicas superiores o de primitivos diferentes.

2.

¿Es posible —así las cosas— orientarse y orientar al discente en tal caos? ¿Existe un orden dentro de la imprevisibilidad tanto intralingüística como interlingüística? Responder afirmativamente a esta pregunta —es decir, admitir la existencia de ciertas constantes, de una motivación aparentemente casual o, por lo menos, de una jerarquía de frecuencias sobre la cual fundar un «cálculo de probabilidades»— sería un objetivo sumamente ambicioso que exigiría complejos y prolongados estudios estadísticos previos, totalmente fuera de mi alcance3. En este caso me limito a ofrecer los resultados de un estudio realizado sobre la base de un corpus de 200 términos seleccionados intuitivamente en lo que respecta a la frecuencia de uso dentro del sistema actual. Ello no me permite en modo alguno considerarlo paradigmático (y tanto menos exhaustivo), pero sí ofrecer alguna indicación utilizable para un posterior estudio sistemático (señalando algunas tendencias más o menos llamativas) y plantear implícitamente los criterios didácticos más adecuados (o menos contraproducentes) con vistas al aprendizaje del léxico en este ámbito particular.

3.

La lengua italiana y la española ofrecen un terreno resbaladizo a la hora de poner en contacto su engañosa semejanza recíproca en el terreno del léxico4. En el campo de la formación de palabras, por ejemplo, ambos idiomas construyen sus derivados sirviéndose prácticamente de los mismos sufijos o adaptando las mismas formaciones etimológicas sobre la base de una general analogía. Pero, como he anticipado en los ejemplos citados al principio, tal equivalencia se interrumpe a menudo por motivos de muy variada índole (cuyo estudio excede el ámbito de este análisis), que van desde el distinto étimo o el diferente iter evolutivo del término hasta la cronología de su acuñación y/o cuestiones exquisitamente semánticas.

Lo cierto es que más allá de estos motivos histórico-estructurales, la imprevisibilidad de las formaciones derivadas tiene una causa virtual que podría sintetizarse en las siguientes palabras de Maurizio Dardano (referidas a la lengua italiana, pero extensibles a la española): «In italiano la formazione delle parole appare notevolmente stratificata anche sul piano sincronico: una stessa funzione può essere rappresentata da più di un suffisso, uno stesso suffisso può avere più funzioni»5, es decir —interpretando «funzione» también como valor semántico—, la polisemia y la sinonimia de los mismos sufijos; problema real que se agrava con una insuficiencia teórica, ya que, según Tekavcic: «Ciò che siamo soliti definire come significato generale di un suffisso, che comprenda tutte le sue possibili applicazioni, il più delle volte è tanto vago e mal definitivo che ai bisogni di una sistematizzazione è addirittura inservibile»6.

4. 

Un estudio sistemático contrastivo (indispensable para cualquier planteamiento didáctico correcto) de los sufijos italianos y españoles requeriría, pues, una previa catalogación de las formas desde el punto de vista etimológico, la agrupación de las variantes y su clasificación (según sean intercambiables, complementarias o selectivas), así como su distribución semántico-funcional atendiendo también al criterio de su mayor o menor productividad en el sistema.

Habrá de procederse luego al estudio de las disimetrías interlingüísticas estableciendo una tipología de las causas: a) semánticas, es decir, debidas a polisemia o sinonimia de determinados sufijos o bien resultado de una diferente interpretación conceptual del derivado (como en el caso de attraente: capacidad «en acto» de atraer, frente a atractivo: poder «virtual» de atraer); b) gramaticales, es decir, fruto de una distinta transcategorización (noioso, adjetivo, frente a aburrido, participio adjetival), o del diferente origen funcional del derivado (deverbal frente a deadjetival o denominal y viceversa), pero también relativas al poder selectivo de la base respecto al sufijo («persecuzione» frente a «inseguimento» en el ámbito intralingüístico, explica «perjudicial» frente a «dannoso» en el interlingüístico, dado, naturalmente, un mismo significado).

Tales criterios estarán implícitos en los datos que expondré a continuación en la medida en que la agrupación de las disimetrías parte de la previa eliminación de muchos casos considerados no pertinentes desde el punto de vista de los principios antes mencionados (no son siempre comparables, por ejemplo, derivados con base diferente dado que la base selecciona de por sí el sufijo y en ese caso la información contrastiva sobre este último quedaría falseada), mientras que encuadra la casuística en una clasificación funcional respetando a la vez la máxima homogeneidad semántica o léxica de los términos comparados.

He de advertir asimismo que, dentro del terreno acotado (el de los derivados «de desarrollo», según la terminología de Coseriu)7, me limito a estudiar solo algunos casos que considero más generalizables, dejando a un lado zonas más circunscritas (como la de los colectivos, frecuentativos, gentilicios, etc.).

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  • (*) En Las lenguas en España. adquisición, aprendizaje y uso. Actas del II Congreso Nacional de AESLA, (Granada, 1984), 1985, Universidad de Granada, págs. 147-167. volver
  • (1) Hago mías las siguientes palabras de Jana Vizmuller: «La derivazione fa da ponte (…) fra i due livelli del sistema linguistico: quello morfologico e quello semantico. Data la problematica di questo fenomeno linguistico, non stupisce il fatto che nei testi di grammatica ad uso degli studenti stranieri non ci sia una trattazione sistematica dell’argomento della derivazione. L’apprendimento del processo dinamico della creazione linguistica (nel suo aspetto di derivazione e composizione) dovrebbe far parte dell’unit’à didattica di un corso intermedio o superiore per stranieri» («La derivazione nell’apprendimento dell’italiano come lingua seconda», en Rassegna Italiana di Linguistica Applicata, 1 (1983), pág. 69). Véase la bibliografía. volver
  • (2) Vol. III: Il Lessico, Bologna, 1972, pág. 131. volver
  • (3) Un punto de partida relativamente útil para la lengua italiana son los vocabularios de M. Alinei (inverso, es decir, fundado en las terminaciones de las palabras) y de Bortoloni-Tagliavini-Zampolli (de léxico de frecuencia), ambos citados en la bibliografía que completa el presente trabajo. volver
  • (4) Cuando la redacción de este escrito estaba ya ultimada, ha aparecido el Curso de Lengua Italiana, de Manuel Carrera Díaz (ed. Ariel), con una abundante parte dedicada a problemas de léxico, donde queda puesta en evidencia la «trampa» de las afinidades superficiales que presentan ambas lenguas. Particularmente interesantes para el tema aquí tratado son los capítulos relativos a la formación de palabras, pp. 445-504. volver
  • (5) M. Dardano: «Preliminari per lo studio della formazione delle parole nell’italiano d’oggi: aspetti lessicologici e semantici», en AA.VV., Lessico e semantica, Roma, 1981, vol. II, pág. 289. volver
  • (6) Op. cit., vol. cit., pp. 25-26. volver
  • (7) Cfr. E. Coseriu: «La struttura del lessico», en AA. VV., La grammatica - la lessicologia, Roma, 1972, pp. 43-58. volver
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