Marta Baralo Ottonello
El objetivo de este trabajo está relacionado con la cuestión de cómo es el lexicón mental del aprendiente de una LE y en qué se diferencia del lexicón del hablante monolingüe. Nos basamos en la hipótesis de que la organización del lexicón mental es cualitativamente semejante en lengua materna (LM) y en lengua extranjera (LE) en cuanto a su organización y funcionamiento. Obviamente, en el caso de la apropiación de las lenguas no nativas, estará siempre presente el conocimiento de la LM y de las otras LE aprendidas, disponible para transferir sus bases léxicas, por diferentes mecanismos y estrategias que analizaremos más adelante.
La cuestión que planteamos es demasiado compleja; por ello, no esperamos aportar una respuesta definitiva en este trabajo, pero sí intentamos sistematizar algunos postulados de teorías actuales y ejemplificarlos con casos del español no nativo. Las piezas léxicas almacenadas en el lexicón, como todos los otros aspectos de la lengua, contienen dos fases: una formal y una semántica, ambas indispensables para el funcionamiento de las palabras dentro de la comunicación lingüística. La organización del lexicón permite proceder tanto del significado a la forma, en el proceso de codificación, al hablar y al escribir; como de la forma al significado, en el caso de la interpretación, al escuchar o leer.
Los estudios experimentales sobre adquisición del lenguaje por niños demuestran que éstos perciben diferencias de tonos y de entonación que les permiten distinguir, en los primeros días de vida, si se trata de ruido o de un enunciado lingüístico, si habla su madre u otra persona desconocida, o si se habla en su lengua materna o en una lengua extranjera.
Pero no es suficiente percibir el lenguaje a partir de unos datos globales como la entonación o la identidad de la voz. Para aprender una lengua, materna o extranjera, hay que reconocer las palabras, es decir, las unidades de percepción del habla. La expresión pan significa lo mismo si se la pronuncia en voz alta, en voz baja, a gritos, con un susurro, por un niño, un hombre o una mujer, con acento argentino o madrileño.
Está compuesta por unas sílabas y unos fonemas que determinan su significado, ya que un cambio o error en uno solo de esos fonemas constituye otra palabra diferente como van, pon, par. La tarea de reconocer los fonemas y las palabras es extremadamente compleja, se lleva a cabo de forma inconsciente, aunque todavía no se han podido determinar las propiedades invariantes de los fonemas.
Posiblemente sólo se pueda explicar por el hecho de que el ser humano posee una dotación genética especificada para el lenguaje.
Comenzamos por presentar la posible organización del lexicón y su relación con las reglas de la gramática como una interfaz entre dos subsistemas cognitivos: el conocimiento del mundo y la información contenida en los actos de habla, de un lado, y el sistema computacional de la lengua, sujeto a principios generales y abstractos, responsable de la forma y el orden de las palabras para su procesamiento, del otro.
Dentro de este marco, analizamos algunos casos de selección léxica y proyección sintáctica, desde la perspectiva de las necesidades del español no nativo. Terminamos con algunas implicaciones didácticas que podrían ser útiles para el profesor de E/LE.
Aparentemente, el lexicón mental no es más que un almacén de palabras disponibles para que el hablante las use según sus necesidades. Este concepto estático del montón de palabras almacenadas nada tiene que ver con la complejidad del proceso de aprender palabras, memorizarlas, guardarlas ordenadas y establecer lazos entre ellas de forma múltiple y sistemática. Tampoco tiene nada que ver con la capacidad de todos los hablantes de crear palabras nuevas, que nunca han escuchado y con la capacidad de interpretar el significado composicional de palabras morfológicamente complejas, que nunca han oído antes. Como queda bien claro dentro del modelo generativo:
El mecanismo de ingeniería que subyace al lenguaje, lo que hace de él un sistema combinatorio discreto, se emplea como mínimo en dos escenarios diferentes: las oraciones y los sintagmas se construyen con palabras aplicando reglas sintácticas, y las palabras se construyen también a partir de unidades más pequeñas mediante la aplicación de otra clase de reglas: las reglas de la morfología. En todas las lenguas la morfología tiene un gran poder creador de palabras, aunque se manifieste en unas más que en otras: el verbo español, por ejemplo, consta de unas cincuenta formas, mientras que un verbo en turco puede tener cerca de dos millones (Pinker, 1994: 136).
Otro aspecto muy llamativo del conocimiento léxico, es decir, de la construcción del lexicón mental es la cantidad de memoria que hay que poner en juego para que se produzca la adquisición de una palabra y la cantidad de palabras que se adquieren. Sobre este aspecto de la cuantificación del léxico hay investigaciones y propuestas muy diferentes que van desde las 13 000 palabras asignadas a los niños en primaria a las 60 000 asignadas a un bachiller medio. Estas cifras se refieren a listemas, es decir, a piezas léxicas que implican los dos aspectos del símbolo lingüístico: el significante o sonido y el significado. La relación entre ellos es totalmente arbitraria, por lo que memorizar una palabra significa tenerla disponible en el habla y en la escucha, sin trucos ni ayudas mnemotécnicos para los hablantes, sean niños o adultos.
Y todavía hay cosas más sorprendentes en la construcción del lexicón. Cuando el niño aprende una palabra, la guarda con la etiqueta correspondiente a su categoría gramatical, y es respetuoso con las restricciones que las reglas de la morfología derivativa imponen a sus bases. Nunca hemos escuchado cosas como *disponidadble, o *disponidadbili, frente a disponibilidad; o un adverbio como *poniblemente, porque las propias reglas lo impiden.
Si aprende un verbo, lo categorizará como una acción y adquirirá la estructura léxico conceptual correspondiente. Si se trata del verbo poner, será capaz de reconocer el verbo como una acción transitiva que contiene tres argumentos en su estructura léxica conceptual: el agente, el tema y la meta. Al usarlo, sabe proyectarlo en la estructura sintagmática y construir oraciones en las que el agente se proyecte como el sujeto de la oración, el tema como el objeto directo y la meta como el circunstancial.
Llamamos «lexicón» a la parte de la competencia lingüística que contiene las piezas léxicas o formantes, es decir, las raíces y temas, los afijos flexivos y derivativos, y las reglas que regulan su combinación. El concepto es cognitivo, dinámico, procesual, a diferencia del concepto de «léxico», como sinónimo de «vocabulario», entendido como un simple listado de palabras, o como una organización de campos semánticos.