Lourdes Miquel López
Lo común me reconforta,
lo distinto me estimula.J. M. Serrat, «Te guste o no»
No es tarea fácil abordar el tema de esta comunicación, teniendo en cuenta que abarca todos los aspectos que integran la enseñanza de ELE1 y, además, aquellos específicos de los inmigrantes y refugiados como público destinatario. Por lo que propongo una reflexión que, más que dar respuestas, plantee aquellas preguntas que deberíamos formularnos antes de entrar en la elaboración de programas y materiales.
La respuesta es muy clara: sí, dado que se propugna lo siguiente.
Desde la psicolingüística y la pedagogía la concepción de qué es enseñar/aprender ha ido cambiando de orientación: se ha pasado de una idea de la enseñanza como acto a otra de enseñanza/aprendizaje como proceso. Este cambio supone que el profesor deja de estar en el centro del análisis para convertir al estudiante en el protagonista del proceso: se deben tener en cuenta sus conocimientos previos, sus estrategias comunicativas, sociales y afectivas, y se pretende que el proceso de aprendizaje facilite su autonomía, es decir, su capacidad de seguir aprendiendo fuera del marco de la instrucción.
En la enseñanza de lenguas extranjeras se han recogido esas propuestas y, desde el paradigma del enfoque comunicativo, se defiende la necesidad de adaptarse a las necesidades tanto comunicativas como de aprendizaje de los públicos destinatarios.
Por tanto, una de las cuestiones que debemos planteamos es saber cómo adaptar los programas y las metodologías a nuestro público, en este caso inmigrantes y refugiados.
Por muy importantes que sean los cambios a nivel didáctico y metodológico, lo que constituye el eje central del enfoque comunicativo es la nueva visión de lo que es la lengua:
La gramática, entendida como el código formal, se enseñará subsidiariamente de los objetivos comunicativos que se establezcan en la programación. Dicho de otro modo, conjugar un verbo, acumular léxico descontextualizadamente, saber las reglas de formación de palabras, conocer el metalenguaje gramatical, etc., no serán los objetivos que vamos a perseguir, sino que se convertirán en objetivos dependientes de los objetivos comunicativos.
Una de las unidades de análisis con las que se trabaja en lingüística aplicada desde mediados de los 70 son las intenciones comunicativas —también llamadas funciones y/o actos de habla2—, tales como: saludar, mostrar desacuerdo, indicar una ruta, dar las gracias, felicitar, pedir un favor, valorar intelectualmente algo, etc. Se trata de estudiar cómo se realizan esas intenciones, con qué exponentes lingüísticos, qué factores sociales y culturales intervienen en cada una de ellas, qué reglas de actuación son pertinentes en cada caso, etc., para incluirlas como objetivos a alcanzar en la clase de lengua. Solo así podrá conseguirse que el objetivo final de todo proceso de enseñanza/aprendizaje de lenguas extranjeras sea que los estudiantes logren ser competentes comunicativamente en esa lengua. Afortunadamente, mucho se ha avanzado, en los últimos años, en la didáctica de español para extranjeros y disponemos ya de muchos materiales que integran este tipo de análisis así como de una Gramática comunicativa del español (Matte Bon, 1992)3.
No se trata, pues, de que el estudiante de ELE —y menos el inmigrante— sepa cosas sobre la lengua, sino de dotarle de recursos que le permitan participar satisfactoriamente en cualquier interacción.
Muchas veces los profesores plantean esta pregunta que, en el fondo, se trata de un falso dilema que, aquí, vamos a tratar de aclarar. Así como el salto del enfoque estructural al enfoque comunicativo fue una auténtica escisión que afectó a todos los aspectos que integran la enseñanza de lenguas extranjeras (visión de la lengua, teorías sobre el aprendizaje, dinámica de clase, tipos de materiales, cambio de objetivos, etc.), el enfoque por tareas se integra dentro del enfoque comunicativo y sus propuestas, basadas fundamentalmente en teorías psicolingüísticas y pedagógicas, afectan, sobre todo, al establecimiento de programas de forma negociada, a la dinámica de clase y al tipo de materiales. Sin embargo en absoluto cuestiona la concepción de la lengua que preside el enfoque comunicativo, ni el tipo de actividades comunicativas que se ha ido desarrollando con los años.
Más adelante veremos que, a nuestro juicio, las especiales características de los inmigrantes y refugiados inclinan, muchas veces, la balanza a favor de una programación de corte más funcional, basada en actos de habla, más que en las tareas.