Lily Wong Fillmore
En este capítulo, trato una perspectiva del aprendizaje de la lengua que ha surgido como resultado de un periodo de investigación de una década y media sobre el aprendizaje del inglés por parte de niños para los que esta es la segunda lengua. Mis objetivos en una serie de estudios longitudinales han sido comprender la naturaleza del proceso y descubrir qué causa la variación que existe entre los individuos con respecto a la facilidad con que aprenden el nuevo idioma. Me ha interesado particularmente la interrelación entre los factores cognitivos y sociales de los que aprenden la lengua, por un lado, y, por otro, los factores de situación y lingüísticos de los entornos en que tiene lugar el aprendizaje. En total, he estudiado el desarrollo del inglés en más de doscientos niños de entre cinco y once años, en algunos casos durante periodos de hasta tres años.
En este capítulo, considero el modelo de aprendizaje de la lengua emergido de un programa de investigación que duró una década y media. El término emerger está usado de manera intencionada. El modelo no respondía a una visión a priori del aprendizaje de la lengua que llevara a la secuencia de estudios mencionada: evolucionó post hoc al intentar conciliar los resultados, a veces contradictorios, de las investigaciones sobre los factores individuales en el aprendizaje de idiomas. El primer conjunto de factores examinados se refería a las características del aprendiente que las investigaciones previas (Gardner y Lambert, 1972; Schumann, 1978; Swain y Burnaby, 1976; Wong Fillmore, 1976, 1979) señalaron como claves a la hora de considerar las variaciones en el aprendizaje de segundas lenguas. Entre ellas estaban aquellos aspectos de la personalidad y estilo social que pueden afectar a la capacidad del aprendiente y a su tendencia a interaccionar con personas que hablan la lengua meta y que le pueden ayudar en su aprendizaje: por ejemplo, sociabilidad, necesidad comunicativa, asunción de riesgos y confianza en sí mismo.
Otras características del aprendiente que se examinaron fueron aquellas que afectaban con más probabilidad a los aspectos cognitivos del aprendizaje de idiomas: razonamiento inductivo, memoria verbal y reconocimiento de modelos —aspectos del funcionamiento cognitivo que podían tener relación con la facilidad con que los individuos recordaban el lenguaje y detectaban las regularidades que existían en fragmentos concretos de habla cuando escuchaban a personas que usaban la lengua—. Las hipótesis principales que se pusieron a prueba en esta investigación fueron la de que cada una de estas características sociales y cognitivas contribuía a la variación en el aprendizaje de lenguas, y la de que todas ellas de manera colectiva podían predecir la velocidad y la corrección en el aprendizaje de la lengua.
Los resultados de esta línea de investigación han sido contradictorios, igual que en el caso de otras investigaciones (Beebe, 1983; Bialystok y Frohlich, 1977; Naiman et al., 1978; Rossier, 1976; Strong, 1982). Se ha visto que las características que se supone que facilitan el aprendizaje de una lengua están asociadas con un rápido desarrollo de la segunda lengua en ciertas situaciones, pero no en otras (Wong Fillmore, 1983, 1989a). Por ejemplo, los niños que obtienen una puntuación alta en pruebas de sociabilidad y necesidad comunicativa suelen aprender rápido una lengua, pero solo en entornos sociales en los que los hablantes de la lengua meta son mayoritarios y en los que tanto los hablantes como los que aprenden la lengua pueden interaccionar libremente. En tales entornos, la medida en que los niños interaccionan depende de dos factores. El primero —el estilo social del que aprende y las necesidades comunicativas— afecta a la capacidad del aprendiente para establecer y mantener contacto con los hablantes de la lengua meta. El segundo se relaciona con la disponibilidad de los hablantes de la lengua meta y su deseo y capacidad de interaccionar con el aprendiente de maneras que promuevan el desarrollo de la lengua. Así, en estas situaciones, las destrezas y los estilos sociales del aprendiente aparecen como variables importantes.
Las características sociales como la sociabilidad y las necesidades comunicativas son bastante menos útiles a la hora de predecir cómo irá el aprendizaje de la lengua en entornos en los que haya muchos más aprendientes que hablantes de la lengua meta o en los que haya poca libertad de interacción entre los dos grupos. De hecho, en los casos en que prevalece una de las dos condiciones, las características sociales no son particularmente útiles a la hora de predecir la evolución del aprendizaje.