Mario Gómez del Estal Villarino
Hulstijn comienza su artículo oponiendo las dos principales corrientes en lo que respecta a la enseñanza explícita de la gramática. La primera, representada a su juicio por el método directo, el enfoque audiolingual y el enfoque natural, postula que el desarrollo de la competencia en una lengua extranjera tiene su propio recorrido y difícilmente puede ser modificado por la enseñanza de la gramática. La segunda, por el contrario, representada en su opinión por el método de gramática y traducción, postula que la instrucción gramatical no solo es útil, sino necesaria. La postura adoptada por el autor es un punto medio entre ambas, conocido como «posición de interfaz débil» y defendido por los numerosos investigadores de peso que cita (Bley-Vroman, Celce-Murcia, Doughty, Ellis, Larsen-Freeman, Rutherford, Sharwood Smith, VanPatten, etc.)
Antes de analizar la utilidad de la enseñanza explícita de la gramática, Hulstijn presenta cinco sentidos diferentes de «dificultad»:
A continuación, presenta dos casos prototípicos de profesores. El primero (A) argumenta que solo hay que explicar las reglas gramaticales realmente difíciles o costosas de asimilar porque los aprendices no pueden descubrirlas por sí mismos. El segundo (B) restringe su enseñanza a las reglas gramaticales más simples, fiables y carentes de terminología metalingüística porque, aunque no sean necesarias, aceleran el desarrollo del aprendizaje y además son fácilmente comprensibles para los estudiantes. Estos puntos de vista diferentes ilustran lo que Hulstijn denomina «contradicción de la enseñanza de la gramática». En su opinión, es difícil superar esta contradicción porque las investigaciones (Ellis, 1990; Larsen-Freeman y Long 1991 y Cook 1994) indican que hay casos en los que la instrucción explícita es beneficiosa y otros en los que no lo es, por lo que es necesario que los profesores sean conscientes de esta contradicción, evitando así posturas dogmáticas. De todos modos, mientras los resultados de las investigaciones no sean concluyentes, Hulstijn aconseja seguir la postura del profesor B, restringiendo la enseñanza de la gramática a las reglas más simples.
El autor señala que antes de considerar si enseñar o no gramática en un contexto docente terminado, es necesario responder a dos preguntas: ¿cuáles son los objetivos del curso? y ¿qué grado de escolarización tienen los aprendices? En cuanto a la primera pregunta, por ejemplo, Hulstijn propone que en el caso de un curso de 50 horas para futuros turistas es mucho más útil dedicar tiempo a escuchar y a hablar antes que a la gramática, que puede quedar limitada a los actos de habla más frecuentes y al vocabulario más útil. En cuanto a la segunda, el autor indica que en el caso de un curso para analfabetos o semianalfabetos los aprendices no obtendrán provecho alguno de reglas de gramática explícita, sino que más bien se sentirán ante ellas demasiado ignorantes como para aprender otra lengua. Esto no quiere decir, continúa Hulstijn, que el profesor no pueda centrar la atención de los estudiantes en la corrección gramatical de sus producciones. Una vez que los aprendices se hayan familiarizado con el significado y la función de una expresión concreta, el profesor puede dirigir su atención hacia la pronunciación correcta de una palabra, hacia una palabra que no puede ser omitida o hacia el orden de palabras.
En el caso de cursos de duración considerable, en niveles avanzados o superiores y con aprendices que han superado la enseñanza secundaria, Hulstijn afirma que el profesor o diseñador del curso tiene que tener en cuenta cinco criterios a la hora de presentar cada regla gramatical. La aplicación de esos cinco criterios depende, según el autor, de si se trata de reglas léxicas o reglas no léxicas. Las primeras son aquellas que describen los rasgos morfofonológicos (incluyendo la ortografía) de los ítems léxicos, como pueden ser para el caso del español las reglas de género y número, la formación de los comparativos y superlativos, la conjugación verbal, etc. Las segundas son las que describen el resto de los rasgos dependientes del contexto, como pueden ser las oposiciones indicativo/subjuntivo, perfecto/indefinido/imperfecto, voz activa/pasiva, tú/usted, etc.