Alicia Mellado Prado1
Frente a las limitaciones que nos presentaban los programas tradicionales de enseñanza de español comercial, centrados en los contenidos léxicos y temáticos e interesados de una manera casi exclusiva por el componente lingüístico, en la actualidad disponemos de marcos pedagógicos que nos permiten reflexionar sobre el proceso de aprendizaje y que favorecen el total desarrollo de la competencia comunicativa del alumno en el ámbito específico de las relaciones comerciales o, si se prefiere, de los negocios. En uno de tales marcos se circunscribe mi propuesta: el del proyecto de creación de una empresa, que he titulado «Monta tu propio negocio». Para su presentación, he dividido esta charla en cuatro partes:
La pregunta a la que quiero responder mediante mi propuesta es la siguiente:
¿Cómo enseñar y cómo facilitar el aprendizaje del español económico-empresarial (EEE)?
Y las preguntas que inevitablemente esta acarrea son, entre otras:
En la segunda parte me centraré en las respuestas de 1-3, y solo responderé a continuación, de manera escueta y general, a aquellas que se formulan de 4-9.
El proyecto que propongo se basa en una técnica de simulación global y puede hacer uso, a medida que sea necesario, de técnicas tales como la lluvia de ideas, mini-dramatizaciones o juegos de rol, etc.
Los materiales serán reales, auténticos o verosímiles, tales como revistas y periódicos de información empresarial y económica, documentos relacionados con la empresa, etc.
La flexibilidad que caracteriza al proyecto permite aplicarlo a cualquier nivel de aprendizaje y con diferente número de horas, siempre y cuando se calcule previamente el nivel de complejidad que ofrece y se adapten sus límites a las características y necesidades de los alumnos.
La evaluación se hará de manera continua y en ella participarán activamente los alumnos, autoevaluándose o evaluando el trabajo de su grupo y el de sus compañeros.
El diseño del curso correrá a cargo del propio profesor o de un grupo de especialistas, o de ambos de manera conjunta.
La respuesta a la pregunta más general es el tema de esta conferencia: el proyecto facilita la programación por tareas y favorece la integración de destrezas en el aprendizaje del español económico empresarial. Pero tratemos de ir dando respuesta primero a las preguntas de 1.
El concepto que se tenga de lo que es una lengua especializada tiene consecuencias decisivas en el diseño de un curso para un fin específico a través de un proyecto. En primer lugar debemos plantearnos qué justifica la especialización de una lengua. Al respecto encontramos, como punto de partida, dos opciones bien diferenciadas (Cabré, 1993: 135):
A la opción a) corresponden los enfoques que ven la enseñanza del español comercial limitada a un inventario de palabras más o menos técnicas que responden a contenidos relacionados con distintos temas. Por ejemplo, el vocabulario de la Banca, la Bolsa, la Exportación, etc.
El presente proyecto opta por la concepción que se presenta en b), la de la lengua con un uso específico para una situación ocupacional o de empleo profesional, una lengua «en especialidad» (Lerat, 1995). Pero ¿hasta qué punto se cumple esta especialización?
En el uso del EEE existe también una enorme parcela de intersección con la lengua común. Creemos con Bühlman (1994) que es más acertado hablar de terminologías mixtas que de lenguas técnicas puras y que estas vienen dadas por la interdisciplinariedad consustancial a los lenguajes especializados del ámbito de la economía. Por otra parte hay que hacer notar, siguiendo a esta misma autora, que existe en ellos una estratificación horizontal, con diferente especialización y contenido de contextos, y una estratificación vertical, según el grado de especialización de su contenido (Buhlmann, 1994: 70-72).
Es decir, dentro del EN tenemos una especialización y unos contextos distintos al entrar en las áreas de conocimiento de diferentes campos (contabilidad, administración de empresas, sistemas financieros, etc.) con lo cual se presenta una estratificación horizontal. La estratificación vertical, en cambio, responde al grado de especialización que alcancemos en el contenido de cada uno de los campos anteriormente citados. El que se dé cada una de estas estratificaciones dependerá también de la situación de uso, de la necesidad y de la perspectiva del usuario. Por ejemplo, en nuestra vida cotidiana podemos hablar de la siguiente operación bancaria utilizando el término no especializado sacar como en: sacar dinero del cajero automático o alcanzar un mayor grado de especialización si la situación lo requiere, utilizando la expresión operación de reintegro. Un empleado de banca que escriba un informe sobre el uso de los cajeros automáticos utilizará sin duda el término reintegrar y no el término sacar2. De cualquier modo, en este caso, la sustitución de un término no especializado por otro especializado es tan solo de orden léxico y no implica un alejamiento o alteración de la gramática de la lengua estándar.