Sheila Estaire. Universidad Antonio de Nebrija
La observación en el aula es uno de los instrumentos de formación permanente más eficaces para establecer un vínculo fuerte entre los aspectos teóricos de la metodología didáctica y la práctica en el aula. Existe muy a menudo una percepción de que los módulos de formación teórica que se ofrecen dentro de los programas de desarrollo profesional de profesores en activo no revierten en la mejora de la práctica docente todo lo que sería deseable. Una forma de subsanar este problema es sin duda la observación en el aula cuidadosamente focalizada y tratada como parte integral de proyectos de investigación-acción.
Un programa de observación como instrumento de formación permanente puede tomar muy diferentes formas. Desde un programa informal y autogestionado de auto-observación o de observación entre compañeros hasta un programa formal de observación que puede estar organizado dentro de uno o más centros educativos para sus profesores, o que puede consistir en una serie de observaciones como parte importante de un curso de formación. En programas formales de estos dos tipos tienen cabida la auto-observación, la co-observación y la observación externa llevada a cabo por un experto, que, en el caso de formar parte de un curso, será seguramente un profesor de este. Asimismo pueden tener cabida las sesiones de micro-enseñanza y la observación de clases grabadas en vídeo.
Cualquiera que sea el tipo de observación que se lleve a cabo, es conveniente tener siempre presente que la finalidad última de un programa de observación dentro de la formación permanente es la mejora de la práctica docente, la mejora del proceso enseñanza-aprendizaje; no es un instrumento cuya finalidad principal sea detectar errores, evaluar al profesor, emitir juicios de valor. Es un instrumento de investigación de lo que sucede en el aula tendente a acciones concretas que optimicen los aspectos del proceso enseñanza-aprendizaje que se están analizando, un instrumento de búsqueda, un instrumento que aumenta el grado de concienciación de los profesores hacia su labor, una herramienta para la innovación y el desarrollo profesional. Desde esta perspectiva es de primordial importancia que todo lo que rodea la observación esté imbuido de una actitud de apoyo, constructiva, positiva, reflexiva, activa. Es esencial que el profesor observado se sienta respaldado por el observador, y que lo vea como una persona con quien discutir aspectos concretos de sus clases y que lo ayuda a encontrar soluciones y optimizar su práctica docente. Es esencial también que entre los dos hagan todo lo posible por minimizar la tensión que una observación genera normalmente.
Antes de iniciar un programa de observación es necesario establecer un marco dentro del cual se va a operar. ¿Qué principios guían nuestra práctica docente? ¿Qué creencias subyacen tras nuestro trabajo? ¿Qué modelo de enseñanza-aprendizaje deseamos fomentar? ¿Qué funciones desempeña un profesor dentro de ese modelo? ¿Hacia dónde queremos ir, qué deseamos lograr a lo largo del programa de observaciones? ¿Qué áreas susceptibles de observación podemos establecer dentro del marco en el que trabajamos? Asimismo, es necesario buscar y establecer sistemas organizativos que promuevan de forma efectiva el proceso de reflexión, concienciación y mejora de la práctica docente deseada: un protocolo de acción, un conjunto de instrumentos que utilizar durante las observaciones para la recogida y análisis de datos, y procedimientos que garanticen un análisis y seguimiento tanto de aspectos susceptibles de mejora como de aspectos que funcionan satisfactoriamente y deben consolidarse, promoverse y rentabilizarse.
Creo que puede ser de interés describir un programa de formación permanente que tiene la observación como uno de los pilares centrales, en el que trabajé durante muchos años, hasta 1998, como formadora y como directora del departamento que lo imparte. La manera de llevar a cabo las observaciones, su seguimiento en el aula y la imbricación de todo ello en el programa general del curso fue puliéndose a lo largo de los años para aumentar su efectividad, y ha sido fuente de satisfacción, desarrollo personal y profesional para un gran número de profesores. Puede verse como un modelo que seguir en algunos o varios aspectos, o como una experiencia que puede generar ideas para otros programas más ajustados al contexto en el que cada uno trabaja.
Me refiero a un programa de formación del profesorado de inglés ofrecido ininterrumpidamente desde 1978 por el British Council (Consejo Británico) de Madrid como centro reconocido por la Universidad de Cambridge para impartir sus cursos COTE (Certificate for Overseas Teachers of English) y DOTE (Diploma for Overseas Teachers of English), reconocido por el Ministerio de Educación (MEC) a través de un convenio firmado entre el British Council y el MEC.
Las características del programa COTE son las siguientes:
Duración y trabajos que realizar:
El curso DOTE, que no se imparte desde 1994, era una prolongación del COTE durante la cual se profundizaba en los contenidos, se ampliaban, y se continuaba con el programa de observaciones y trabajos escritos.