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Antologías didácticas

Paradigmas actuales en el diseño de programas de lenguas (9 de 12)

Michael P. Breen

La programación procesual

b) Cuál es la relación entre la programación procesual y el contenido o materia a aprender?

La programación procesual es obviamente no convencional en el sentido de que no proporciona un plan de lo que debe conseguirse mediante la enseñanza y el aprendizaje. Asume que el profesor y los distintos aprendices tendrán particulares y distintas interpretaciones sobre lo que puede constituir el contenido más adecuado para su aprendizaje. Además, asume que las creencias de los alumnos cambiarán a medida que el aprendizaje progrese y desvele los aspectos de la nueva lengua y su uso durante el trabajo. Y asume que los programas y dificultades específicos que los alumnos pueden descubrir no pueden planificarse por adelantado. Dada la diversidad, cambio e impredecibilidad en la adecuación de la materia objeto al grupo de aprendices de lengua, el programa procesual ofrece medios para que la selección y la organización de la materia forme parte del proceso de toma de decisiones en el aula. Es también un marco de referencia en el que el profesor y los alumnos deciden cómo trabajarían mejor dicha materia.

Cuadro que indica los niveles de un syllabus procesual. El nivel 1 representa las decisiones que se tienen que tomar sobre aprendizaje de la lengua en el entorno de clase. El nivel 2 representa dos resultados derivados de estas decisiones: los procedimientos de trabajo aceptados por la clase y el programa progresivo de contenido. El nivel 3 es el banco de actividades alternativas. En el nivel 4 se emprende el trabajo principal de la clase. Finalmente, el profesor y alumnos realizan la evaluación de los resultados de la tarea.

Figura 1

La participación en una programación procesual conduce a la creación progresiva de un programa de contenido particular en el grupo clase. A primera vista, la adopción de un programa procesual por un profesor y sus alumnos que están trabajando en objetivos fijados y predeterminados externamente puede parecer muy inadecuado (es más, su aparente rechazo a un programa externo preplanificado es a veces considerado su mayor fallo). Sin embargo, esta programación procesual es la más adecuada a esa situación porque se centra en dos de los mayores problemas presentes en la puesta en práctica de un programa externo: cómo relacionar dicho programa con el programa interno de un grupo de alumnos y cómo crear gradualmente el programa de clase, que debe ser una síntesis del externo y del de los alumnos. Los programas procesuales se proponen como un medio de negociar los programas externo e interno y, a través de dicha negociación, de crear una síntesis de programa de clase.

Un aula que adopte una programación procesual deduciría y realizaría su propio programa de contenidos; un programa convencional basado en contenidos podría ser diseñado, implementado y evaluado dentro de la programación procesual. En aquellos casos en que hubiera un programa externo preplanificado que tuviese que ser puesto en práctica por profesor y alumnos, las decisiones de aprendizaje de la lengua podrían ponerse directamente en relación con dicho syllabus planificado. Como resultado, el programa externo podría ser incorporado al proceso del grupo —con o sin modificaciones, según lo decida el grupo— y usado como un punto de referencia continuo —o una fuente de criterios útiles— durante la toma de decisiones y la evaluación. Cualquier programa externo es modificado conforme el grupo trabaja con él más de lo que pudiera parecer. En definitiva, la programación procesual es un contexto en el que trabajar cualquier otro programa de contenidos.

c) ¿Cuál es el racional de la programación procesual?

Hay seis razones que justifican la utilización de un programa procesual cuando el aprendizaje de una lengua se realiza en un grupo de clase:

  1. Un grupo cualquiera no trabaja con un programa único. Un grupo de clase representa el punto de encuentro de tres tipos de programación. Está el programa preplanificado —algunas veces planificado externamente— que el profesor tiene que reinterpretar para que sea puesto en práctica por sus alumnos. Hay programas de aprendices —diversos y variados, claros y sofisticados u opacos y primitivos—. El tercer programa es aquel que diariamente trabajan y crean profesor y alumnos conjuntamente —sea encubierta o abiertamente— y que es una síntesis inevitable de los otros dos. La programación procesual es un plan y un banco de recursos específicamente diseñado para facilitar la síntesis a través del proceso de toma de decisiones llevado a cabo por profesores y alumnos conjuntamente.
  2. La programación procesual existe para hacer frente al cambio en cualquier experiencia de enseñanza-aprendizaje en una clase. Es un reconocimiento de las realidades prácticas a las que se enfrenta la preocupación del profesor de lengua: primero, cómo poner en práctica cualquier programa a lo largo del tiempo con un grupo concreto de aprendices en una situación de enseñanza específica; segundo, cómo arreglárselas con las necesidades, problemas y logros emergentes de un grupo cualquiera de alumnos; y, tercero, cómo adaptarse a los cambios en el conocimiento y capacidades propios de los estudiantes y que experimentan conforme realizan el aprendizaje de la nueva lengua —cómo adaptarse a la experiencia de cambio de los alumnos—. La programación procesual es el reconocimiento de que cualquier programa, por muy cuidadosamente planificado que esté, nunca es trabajado tal como el plan propone porque los alumnos y el profesor están comprometidos con su propio proceso que requiere de ellos la reinterpretación y recreación del plan si este tiene que hacerse real.
  3. La programación procesual prioriza la toma de decisiones en clase sobre la presuposición de que es necesaria una toma de decisiones para que cualquier grupo de clase funcione de una forma relativamente eficiente y armoniosa hacia la consecución de ciertos objetivos. Al hacer de esta toma de decisiones un tema público y compartido, el programa procesual asume también que la participación por parte de los aprendices en esta toma de decisiones les llevará al aprendizaje.
  4. La toma de decisiones puede contemplarse como una actividad auténticamente comunicativa en sí misma. Puesto que su objetivo es servir al desarrollo de la competencia comunicativa de un aprendiz en una nueva lengua, el programa procesual recurre al potencial comunicativo que hay en cualquier grupo de clase. Reconoce el principio de que la auténtica comunicación entre aprendices se caracterizará por la genuina necesidad de compartir el significado y negociar acerca de cosas que importan de hecho y requieren actuar sobre una parte de los aprendices. En esencia, el programa procesual explota la realidad de la clase —y las decisiones que lleva consigo— como un foco situacional principal para la comunicación.
  5. La programación procesual es una extensión del programa basado en tareas y por tanto también se basa en los principios justificativos de este último. Por lo mismo, se dirige al desarrollo de la competencia comunicativa subyacente en una nueva lengua; prioriza la comunicación en el aprendizaje de una nueva lengua; y asume que los aprendices no solo son capaces de ser metacomunicativos como un medio para ayudar su descubrimiento de un nuevo lenguaje, sino que también son capaces de tomar importantes decisiones acerca de su propio aprendizaje de la lengua en un aula con otros aprendices. El programa procesual no asume simplemente que los estudiantes son capaces de estas cosas, sino que implícitamente propone que la metacomunicación y la toma de decisiones compartida son condiciones necesarias para el aprendizaje de una lengua en cualquier entorno de clase. Asume que estas cosas ya tienen lugar cuando el profesor y alumnos trabajan conjuntamente en una clase de lengua, pero que sucede de forma oculta, indirecta, y a veces no funcional. Es, por tanto, un tipo de programa que puede facilitar la metacomunicación y la toma de decisiones en forma explícita, compartida y productiva.
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