Michael P. Breen
Las raíces del trabajo basado en tareas probablemente se encuentran de forma más directa en los enfoques «situacionales» de la enseñanza del lenguaje que se desarrollaron hace más de veinte años (Corder, 1960). Sin embargo, pueden señalarse otras tres influencias que los profesores han acogido por resultarles útiles en su trabajo. Estas son:
Desde la teoría y la investigación en la enseñanza de lenguas, se han propuesto recientemente cuatro argumentos que respaldan la enseñanza basada en tareas:
Quizá una de las más interesantes puestas en práctica en clase de un enfoque basado en tareas haya sido el trabajo experimental de N. S. Prabhu y sus colegas en el sur de la India (Brumfit, 1984; Beretta y Davies, 1985, ofrecen informes parciales, mientras el propio Prabhu, 1987, ofrece una fundamentación y descripción detalladas). Además de desvelar las posibilidades de un programa basado en tareas para aprendices jóvenes y principiantes, el Proyecto Bangalore (Bangalore Project) resultó innovador en tres aspectos importantes. Primero, la enseñanza y aprendizaje de la lengua no eran el objetivo de las tareas. Las tareas se centraban en el uso y desarrollo por parte de los estudiantes de sus propias capacidades cognitivas a través de la solución de problemas lógicos, científicos y matemáticos. La lengua objeto era el medio con el que trabajaban para realizar esas tareas. Segundo, el «programa procedimental» de tareas («procedural syllabus» of tasks) de Prabhu se centraba en lo que se hacía en el aula y no en inputs lingüísticos preseleccionados para el aprendizaje. Tercero, el programa de tareas no estaba pre-planificado sino que evolucionaba durante la enseñanza y el aprendizaje mediante un proceso de ensayo y error en el que las nuevas tareas podían ser más sensibles a los logros y necesidades de los aprendices concretos en la situación de enseñanza concreta.
El trabajo con programas bilingües en Canadá ilustra de una forma muy valiosa la aplicación de la organización temática del contenido como centro de las tareas de aprendizaje; un énfasis en el aprendizaje social, cultural y cotidiano que puede considerarse como más amplio en su alcance que la atención concedida por Prabhu a las capacidades cognitivas (Stern et al., 1971; Stern et al. ,1980; Ullman, 1981). Dentro de la enseñanza de idiomas modernos en Europa, el paso más ilustrativo de un enfoque basado en tareas quizá estribe en el reciente interés por el trabajo de proyecto (project work), en el que los aprendices realizan una actividad prolongada —quizá durante un buen período de tiempo— que supone la consecución de una serie de tareas cooperantes (Legutke et al., 1982; Fried-Booth, 1982; Edelhoff, 1984; Deutscher Volkshochschul-Verband E. V., 1986; Carter y Thomas, 1986).
En la enseñanza del inglés, la orientación funcionalista inicial del inglés para propósitos específicos (ESP, English Specific Purposes) ha evolucionado más recientemente en estrecha relación con el desarrollo de tareas que son apropiadas para el aprendizaje y las necesidades de grupos específicos, como pueden ser los estudiantes de diferentes disciplinas académicas y aprendices de determinadas áreas de conocimiento y destrezas técnicas y vocacionales. El trabajo basado en tareas en ESP surge de las ventajas de planificar el trabajo del aula de modo que pueda tener una validez superficial visible para los estudiantes que están aprendiendo una lengua, no por interés o placer sino como un medio para la consecución de la comunicación en un contexto o acontecimiento relacionado con un determinado trabajo o estudio (Kennedy y Bolitho, 1984; McDonough, 1984; Swales, 1984; Williams et al.,1984; Hutchinson y Waters, 1987). Un ejemplo interesante de tareas diseñadas para el aprendizaje de propósitos específicos se encuentra en British Council (1980), Waters y Hutchinson (1985) y Harper (1986).
Actualmente hay un rápido crecimiento de propuestas y sugerencias para planificar cursos y trabajo de aula que impliquen el uso de tareas, desde simulaciones (Jones, 1984) a la explotación de diferentes medios en una única tarea o series de tareas (Longman, BBC y Institut für Film und Bild, 1977; Candlin y Edelhoff, 1982), y referidos al desarrollo de capacidades específicas en la lectura y escritura de los aprendices [Freedman et al.,1983; Kaplan y Shaw (eds.), 1983]. También se están explorando programas de tareas: tareas relacionadas con la gramática (Tongue y Gibbons, 1982; Rutherford, 1987), tareas relacionadas con situaciones (Clark y Hamilton, 1984), y tareas relacionadas con el léxico (Willis, 1986; Sinclair y Renouf, 1987). Quizá nos acercamos rápidamente a un momento en que el concepto de trabajo basado en tareas, como el concepto de enseñanza comunicativa de la lengua, se extenderá de tal modo que fallará en su intento de conseguir un terreno de acción distintivo en nuestra profesión. Por otro lado, podríamos percibir ese hecho ya tanto en la diversidad de puntos de partida y prioridades como en el interés creciente por el potencial de los planes procesuales, que las tareas ejemplifican de una forma directa [Candlin y Murphy (eds.), 1987].