Michael P. Breen
Hemos visto que los planes proposicionales —como las programaciones formal y funcional— representan lo que debe conseguirse a través de la enseñanza y el aprendizaje en tanto que formulaciones formales (2.1). El conocimiento y las capacidades se organizarán y presentarán en el plan como inherentemente basadas en el sistema. Se expresarán en fórmulas lógicas, estructuras, reglas, esquemas o categorías derivados de un análisis del conocimiento que se supone como objetivo al que sirve el plan. Los planes proposicionales organizan el conocimiento del lenguaje y las convenciones de la ejecución lingüística.
Los planes procesuales, por su parte, representan cómo se hace algo. Intentarán representar el conocimiento de cómo la corrección, adecuación y significación pueden ser logradas simultáneamente durante la comunicación en acontecimientos y situaciones. Pueden derivar de un análisis de la ejecución dentro de episodios y situaciones, pero organizar el conocimiento procedural o las operaciones subyacentes que permiten a un usuario de la lengua comunicar, no simplemente dentro de un acontecimiento o situación, sino en una diversidad de acontecimientos y situaciones (dicha comunicación debería incluir, naturalmente, comunicación escrita). Los tipos de programas basados en tareas, por tanto, organizan y presentan lo que se logra a través de la enseñanza y el aprendizaje en términos de cómo un aprendiz puede utilizar su competencia comunicativa cuando realiza una serie de tareas. Como veremos, la programación basada en tareas también indica, cómo los aprendices pueden desarrollar esta competencia a través del aprendizaje: un interés por cómo aprender a través de un interés por cómo comunicar. La programación procesual va más allá respecto a los procedimientos para aprender. Es una representación de cómo la comunicación y el aprender para comunicar pueden ponerse en práctica de diversas formas en la situación específica de la clase de lengua. De la misma forma que las tareas están situadas socialmente en la comunicación real de todos los días, la programación procesual reconoce que la comunicación y el aprendizaje en la clase también se encuentran situados socialmente dentro del grupo clase. En cierto sentido, los programas procesuales de dirigen hacia tres procesos independientes: comunicación, aprendizaje y el proceso de grupo de una comunidad de clase.
Una de las principales funciones de cualquier programa consiste en proporcionar unos recursos útiles encaminados al aprendizaje de una lengua. El programa proporciona un camino de un estado de relativo desconocimiento de la lengua-objeto por parte de los aprendices hacia el uso efectivo de la lengua para propósitos particulares en una serie de situaciones. Los planes proposicionales ofrecen un camino por medio de la organización del contenido, de modo que pueda armonizarse con los objetivos de un curso. Los planes procesuales, por su parte, se dirigen más directamente a los modos en que los aprendices pueden lograr sus objetivos y a cómo recorrer dicho camino.
Los programas basados en tareas pueden interpretarse como una determinada expresión de los cambios en nuestros marcos de referencia a través de: (i) su representación de la competencia comunicativa como el trabajo y consecución de una serie de tareas; (ii) su dependencia directa de las contribuciones de los aprendices por lo que se refiere a la activación de la mencionada competencia comunicativa que los aprendices aportan en cualquier tarea, y (iii) su énfasis sobre el proceso de aprendizaje como contenido apropiado durante el aprendizaje de la lengua. En esta última característica el programa basado en tareas va explícitamente en contra de la división teórica entre contenido y metodología.
Con el objeto de describir el programa basado en tareas —y que pueda así ser comparado con los formales y funcionales— basaremos la siguiente interpretación en las cinco preguntas que aplicamos a los modelos anteriores (2.2 y 2.4):
¿Qué necesita conocer una persona para participar en una comunicación? Necesitará conocer cómo se codifica el significado en textos orales y escritos y los modos en que el significado puede ser compartido con otra gente dentro de la misma cultura o grupo social. En suma, conocerá las reglas y convenciones que gobiernan el hecho de que el significado, la ideación, su realización textual y el comportamiento comunicativo interpersonal, están sistemáticamente relacionados en cualquier acto o situación comunicativa. Para el diseñador de un programa basado en tareas esto implica que el conocimiento de la forma lingüística o el conocimiento de una serie de funciones lingüísticas son definiciones superficiales y parciales de lo que se tiene que aprender. La programación basada en tareas no prioriza, por tanto, ninguno de estos dos conocimientos, juntos o por separado, sino que se aproxima al conocimiento comunicativo como un sistema unificado donde cualquier utilización de la nueva lengua requiere que el aprendiz continuamente establezca correspondencias entre las opciones de su repertorio lingüístico (conocimiento textual) con los requisitos y expectativas sociales que gobiernan la conducta comunicativa (conocimiento interpersonal) y los significados e ideas que quiere compartir (conocimiento ideacional). El conocimiento comunicativo se contempla aquí como el conocer las reglas y convenciones que gobiernan la orquestación del código, la conducta y el significado.
Además de centrarse en el conocimiento de los subsistemas de código (o texto), conducta y significado y, en particular, el conocimiento de su relación sistemática, los programas basados en tareas también se centran en la propia experiencia de los aprendices y en la conciencia que este tiene del aprendizaje de la lengua. Por tanto, saber cómo es el aprendizaje de una lengua, qué implica y cómo puede emprenderse para facilitar el desarrollo de una nueva lengua son también aspectos que se contemplan en la planificación de tareas que este tipo de programación normalmente proporciona. El programa basado en tareas planifica lo que debe lograrse en función de dos tipos de tareas fundamentales: i) tareas de comunicación y ii) tareas de aprendizaje. El primer tipo se centra en la comunión real del significado a través de la comunicación hablada o escrita en el que se da prioridad al uso intencional de la lengua objeto. Las tareas de aprendizaje hacen hincapié en la exploración de cómo trabajan los propios sistemas de conocimiento y, en particular, cómo estos pueden ser trabajados y aprendidos. Por tanto, existe una distinción dentro del plan entre tareas comunicativas y metacomunicativas. Estos dos tipos principales de tareas están incorporados a la programación como dos caminos paralelos pero que se apoyan mutuamente. En cierto sentido, la programación basada en tareas son dos programas estrechamente unidos: un programa de tareas de comunicación y un programa de tareas para aprender a comunicar, que sirve para facilitar la participación del alumno en la primera tarea. Sin embargo, el diseñador sabe que incluso esta distinción es válida únicamente en función del plan del programa. Una vez que las tareas se trabajan realmente durante el aprendizaje —cuando los aprendices ponen el plan en práctica— una tarea comunicativa puede facilitar el aprendizaje de un problema nuevo o no cubierto que tiene que ser trabajado en una tarea de aprendizaje posterior. Y a la inversa, una tarea de aprendizaje —dirigida a preparar una tarea comunicativa o resolver algún problema de comunicación anterior— puede generar una comunicación auténtica entre los aprendices o entre los aprendices y el profesor.
En suma, por tanto, los programas basados en tareas se centran en el conocimiento comunicativo como una unidad del texto, comportamiento interpersonal e ideación. En la medida en que aporta un plan de tareas de comunicación y aprendizaje en colaboración mutua unas con otras, la programación incide en la experiencia del aprendiz y en su conciencia de lo que es trabajar con una nueva lengua.