Lourdes Miquel
El Proyecto de Lenguas Vivas, impulsado por el Consejo de Europa durante los años 1971-19872, permitió llegar a una definición clara y uniforme para las principales lenguas europeas de los contenidos del llamado «nivel umbral»3, concebido como aquel nivel de lengua que toda persona que se desplaza a un país extranjero necesita para desenvolverse correcta y adecuadamente en situaciones de vida cotidiana. No ha habido, sin embargo, ningún proyecto que se planteara los objetivos para los cursos llamados «avanzados» y/o «superiores», y tampoco se ha realizado entre los enseñantes ningún debate serio tendente a determinar cuáles deberían ser los contenidos de esos cursos.
El concepto de «curso superior» no por utilizado resulta claro y suficientemente debatido. Tanto en el mundo académico como en el mundo editorial se habla de «cursos superiores» o de «niveles avanzados» sin que en realidad sepamos a ciencia cierta qué significa ni si todos entendemos lo mismo al referirnos a ellos. De hecho, cuando se revisan las programaciones de distintos centros de enseñanza, pueden observarse diferencias importantes de criterio. Pero el caso es que todos hablamos de «curso superior» y todos creemos entendernos.
La noción tradicional de curso superior: postergamos para el curso superior todo aquello que, en la escala de fácil a difícil, consideramos «difícil». Hay una tradición, no fundamentada y un tanto arbitraria, que ha establecido que «lo difícil» es el subjuntivo, las preposiciones, el contraste ser/estar…; cuestiones léxicas que afectan a modismos, coloquialismos, frases hechas…; cuestiones estilísticas; y el contacto con elementos literarios, tanto poéticos como narrativos. De acuerdo con este criterio: ¿cuáles son los ingredientes que actualmente conforman un curso superior?
En los cursos superiores se trabaja con unas muestras de lengua (input) literarias o muy formales y se abandona el contacto con la lengua oral o con producciones escritas frecuentes en nuestra vida cotidiana.
La práctica oral se reserva, fundamentalmente, para los «debates», uno de los reinos de estos cursos —también llamados actividades de práctica libre—, en los que solo se anuncia el tema y los estudiantes tienen que hablar sin ayudas nutriéndose de lo que ya saben. Es fácil encontrar en los manuales de un curso superior propuestas de este tipo:
Tema de debate:
¿Las máquinas van a sustituir al hombre?
La práctica escrita pone especial énfasis en la producción de informes, artículos periodísticos, etc.
Se presupone un alto nivel de comprensión auditiva, por lo que, en la práctica, se relega o se abandona el trabajo en esta destreza.