Francisco Matte Bon
En el módulo didáctico «La lengua y las gramáticas», al exponer las características y los límites de los manuales de gramática, hemos ido comentando algunas muestras de lengua. En las explicaciones hemos aludido frecuentemente a cuestiones como el papel del hablante o la gestión de las informaciones. También nos hemos referido, en diferentes momentos, a algunos principios de pragmática que rigen nuestra interpretación de los mensajes. Esto nos ha servido para ir presentando algunos de los mecanismos poco analizados en los estudios tradicionales y que resultan extremadamente útiles si queremos entender realmente cómo funciona la lengua.
En este módulo exploraremos los dos ejes fundamentales en torno a los cuales se organizan las lenguas y sus gramáticas, nos interrogaremos sobre las relaciones que existen entre ellos, y reflexionaremos sobre las relaciones que existen entre lo que interpretamos en cada contexto y lo que codifica el sistema.
La lengua es un sistema por el cual el enunciador expresa sus puntos de vista y negocia informaciones con su interlocutor. La hipótesis en la que se basa nuestro trabajo consiste en que, más allá de los problemas morfológicos, las lenguas y su gramática se organizan en torno a dos ejes fundamentales que corresponden, cada uno por su parte, a los dos protagonistas de la comunicación lingüística: el enunciador y las informaciones.
El papel del gramático, ya lo hemos visto en el módulo «La lengua y las gramáticas», no debe consistir en enumerar efectos expresivos, sino en explicar la esencia de cada mecanismo y cada operador, detallando las características que hacen que sus diferentes usos en contextos específicos sean posibles. El estudio desde distintas perspectivas del eje de las informaciones y del eje del enunciador nos proporciona herramientas de análisis de la máxima utilidad para alcanzar este objetivo.
A lo largo de este módulo iremos comentando muestras de intercambios orales, y diferentes operadores y mecanismos gramaticales del español. No podemos agotar todos los aspectos relacionados con cada operador o cada mecanismo, por lo que invitamos al estudiante a considerar lo que decimos como las claves esenciales que permiten entender cada microsistema. Es fundamental, pues, ir más allá buscando otros ejemplos para apreciar toda la trascendencia de lo presentado aquí.
En la preparación de estos materiales hemos privilegiado el contenido a la forma. Cada una de nuestras afirmaciones ha sido pensada detenidamente para que reflejara con exactitud los mecanismos descritos. La correcta comprensión de este módulo requiere una actitud atenta y rigurosa, que tenga en cuenta todo lo que decimos, pero que, a la vez, evite atribuir a nuestras palabras más de lo que expresan. Si decimos, por ejemplo, que lo que caracteriza el subjuntivo no es el hecho de que exprese acciones irreales, esto no debe interpretarse como que el subjuntivo expresa acciones reales. Si recomendamos la lectura de una obra, esto no debe interpretarse como menosprecio de las demás. Si en una tabla hemos decidido incluir algunos parámetros y no referirnos a otros, esto se debe a una estrategia didáctica, e invitamos al estudiante a tener en cuenta lo que presentamos sin pensar que sea exhaustivo, pues todo proceso de enseñanza conlleva, inevitablemente, una selección.
En este módulo didáctico exponemos diferentes criterios que es conveniente tener en cuenta en el análisis de los operadores gramaticales con los siguientes objetivos:
En el módulo «La lengua y las gramáticas» hemos planteado nuestra reflexión a partir de una revisión crítica de los análisis de la lengua con los que estamos todos familiarizados. Hemos ido apuntando a aspectos del funcionamiento de la lengua de los que es difícil dar cuenta con los análisis tradicionales. Esto nos ha servido como introducción al trabajo que emprenderemos a partir de ahora.
En este módulo didáctico, dedicado a los conceptos básicos necesarios para el análisis y la comprensión de los fenómenos lingüísticos, presentamos de forma sistemática los puntos que nunca debemos perder de vista si queremos entender los mecanismos de la lengua, desarrollar nuestra sensibilidad en la percepción e interpretación de los mensajes y mejorar en nuestra capacidad de utilizar la lengua de manera eficaz en los diferentes ámbitos de nuestra vida personal y laboral.
En este primer apartado nos ocuparemos de los aspectos más estrechamente relacionados con el análisis gramatical. En los apartados siguientes extenderemos nuestra reflexión a las relaciones entre lengua y cultura, al análisis del léxico y a la interpretación de los mensajes.
Hemos visto que tradicionalmente se analizaba la lengua buscando casi en exclusiva su referente extralingüístico. Casi no se analizaban los mecanismos del propio sistema. En realidad, una lengua tiene dos dimensiones coexistentes, que en algunos casos parecen confundirse:
La dimensión referencial de la lengua es la más fácil de ver. En este nivel, la lengua, en cuanto sistema simbólico de representación, remite a otra cosa, a lo extralingüístico. Así, por ejemplo, cuando usamos el término silla, estamos usando una abstracción (silla abarca todas las posibles sillas del mundo extralingüístico: modernas, antiguas, de tres patas, de cuatro patas, de cinco patas, de madera, de metal, de tela, etc.) para referirnos a algo concreto del mundo: generalmente, al usar este término estamos pensando en una silla concreta o en cómo creemos que deberían ser las sillas. Es decir, con este término solemos hablar del mundo.
Análogamente, cuando proferimos un enunciado como En España hace mucho calor en verano, estamos describiendo una realidad extralingüística.
La dimensión metalingüística es un segundo nivel en el que no hablamos del mundo extralingüístico, sino de la lengua misma, de lo que decimos, o de la interacción con nuestro interlocutor. Consideremos los tres enunciados siguientes:
En (1), con para que leas un poco estamos justificando o explicando la finalidad de un acto concreto extralingüístico, el hecho de haber traído un libro. No ocurre lo mismo en los dos enunciados siguientes: para que te enteres y por si no lo supieras / por si no lo sabías. No sirven para hablar de ningún acto extralingüístico, sino para justificar el hecho mismo de decir lo que se acaba de decir (Yo, tus cosas, no las he tocado y Se ha marchado, respectivamente).
En el primer nivel, el referencial, la lengua tiende a borrarse en favor de su referente: no notamos tanto lo dicho o el hecho de decir algo, porque nos centramos en el referente. Se puede afirmar que en este nivel la lengua es transparente; es decir que, a través de ella, vemos otra cosa. En el segundo nivel, el metalingüístico, la lengua se hace opaca: a través de ella, no vemos nada que no sea la misma lengua1.
Vistas así las cosas, podría pensarse que los niveles referencial y metalingüístico se alternan, y que, en algunos casos, nos situamos en uno de ellos y, en otros, en el otro. Esto no refleja la realidad del funcionamiento de la lengua. Los ejemplos que hemos dado nos sirven para evidenciar la existencia de dos niveles distintos. En realidad, siempre nos movemos en ambos, simultáneamente. Todas las veces que decimos algo sobre el mundo hablamos también, a la vez, de lo que vamos diciendo.