Antonio Briz
Llevamos ya varios años intentando abrir una senda en el frondoso bosque del discurso oral, de la conversación coloquial; buscando un modelo de base pragmática que permita acometer de manera sistemática su descripción y explicación. Una propuesta general apareció en un trabajo publicado por A. Briz en 1998 en esta misma editorial: El español coloquial en la conversación. Esbozo de pragmagramática. El propósito del grupo de investigación Val.Es.Co. es ahora conseguir engarzar este análisis pretendidamente científico con la difícil tarea docente de analizar en clase la comunicación oral y, en concreto, la conversación, que nos viene impuesta de algún modo con la reforma de los planes de estudio tanto en la universidad como en la enseñanza secundaria.
Este capítulo constituye una propuesta didáctica general de análisis de una interacción cotidiana, la cual insiste en la rentabilidad de explotar en clase ciertos hechos lingüísticos relacionados con el registro coloquial y el tipo de discurso en que más auténticamente se manifiesta, la conversación, así como en la incorporación de la perspectiva pragmática para explicar tales hechos. Sirva, asimismo, de presentación y guía del análisis más concreto que de estos se realiza en los capítulos restantes.
Sin duda, el material básico es la conversación grabada y transcrita (una muestra de este tipo de materiales en Briz, coord., 1995). Ahora bien, parece recomendable, como modo de graduar convenientemente nuestra enseñanza de lo oral, empezar por los reflejos de la oralidad en los textos escritos, de las modalidades lingüísticas empleadas en estos y, en concreto, de la coloquial. De lo escrito, y como transición hasta llegar al estudio de estos rasgos en la conversación espontánea, pueden utilizarse algunos diálogos de radio o televisión, coloquios, programas que por su intento de conectar rápidamente con el público no dudan en utilizar registros poco elaborados. Ello nos servirá de base para abordar con más garantía de éxito el análisis más complejo del discurso conversacional.
La elección de los materiales conversacionales constituye ya el primero de nuestros problemas. Leamos el fragmento de (1):
Realmente no se entiende demasiado.
Desde textos como este, nuestro análisis puede avanzar muy poco por los reinicios y reelaboraciones, los anacolutos, la mezcla de estilos en lo que parece una narración, etc.; sin embargo, no es solo el complejo entramado sintáctico lo que dificulta su comprensión, sino la ausencia de saber compartido y de contexto previo. Si el lector, en cambio, conociera el contexto de comunicación preciso y la situación en que tiene lugar; esto es, que A se ha encontrado un reloj de oro, que lo lleva a un relojero para que se lo tase y que este le ha ofrecido comprárselo por doscientas mil pesetas, no solo llegaría a entender lo principal, sino que sería capaz de extraer algunas inferencias: el intento por parte de A de ocultar al relojero su procedencia y de evitar ciertas preguntas para que este no sospeche, más aún tras la respuesta que este ha dado: ustedes lo compraron↑ y sabrían lo que les costó.
A la hora de elegir los materiales de conversación es fundamental, por tanto, precisar el contexto exacto y los saberes compartidos por los interlocutores. No se olvide que el discurso coloquial está fuertemente sometido al contexto y que muchos fenómenos lingüísticos coloquiales se explican de este modo. Plantear en clase la recuperación del material lingüístico que, gracias al contexto, está elidido puede servirnos para reflexionar, ya en un primer acercamiento, sobre los fenómenos de elipsis no solo gramatical, sino contextual, sobre ciertos procedimientos endofóricos y exofóricos, etc.