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Antologías didácticas

Consideraciones sobre la enseñanza de español lengua extranjera a inmigrantes (1 de 8)*

Lourdes Miquel

«Contamíname, mézclate conmigo
que bajo mi rama tendrás abrigo»

Pedro Guerra, Contamíname

1. ¿Quiénes son los inmigrantes?

En muchas ocasiones una historia es más poderosa que una teoría. Por esa razón quisiera estructurar este artículo en torno a un cuento que podría ser real o acaso lo sea… «La historia de Khalia y Mombo»:

Khalia era una de las mujeres más guapas e inteligentes de su comunidad: conocía todas las reglas, sabía desenvolverse extraordinariamente bien en todas las facetas de su vida, curaba algunos males, cocinaba bien, estaba al tanto de las noticias relevantes, era alegre, bailaba, llevaba trajes elegantes que cosía ella misma… Khalia era muy querida por todos y tenía mil apodos: Khalia la lista, Khalia la bella, Khalia la sonriente, Khalia la amable, Khalia la ocurrente…

Muchos jóvenes de su comunidad la pretendían. Pero ella sabía, desde hacía mucho tiempo, que solo aceptaría a Mombo, el más audaz de la comunidad, el más avanzado y el más lúcido, que era, además, sensible a las sonrisas que Khalia le dedicaba solo a él, sensible a la inteligencia de Khalia y sensible a la brillantez, actividad y entusiasmo de esa mujer, y, por todo ello, la pidió en matrimonio.

Khalia y Mombo eran una fuerza vital: juntos producían más que nadie, se reían más que nadie, vibraban más que nadie y eran profundos conocedores de las tradiciones del pasado y actores principales del futuro.

Pero las cosas se pusieron mal en su país cuando nació el primero de sus hijos, Tron, y Mombo, el audaz, emprendió un difícil camino hacia otra parte. Khalia lo amaba y lo siguió con Tron.

En cuestión de horas, difíciles horas, por otra parte, Khalia, Mombo y Tron han sido despojados de todos sus atributos. Están rodeados de personas que hablan otro idioma, se mueven de otra manera, hacen cosas incomprensibles, están en la calle en ciertos momentos para dejarla vacía en otros, hay días que lo cierran todo, todo está lleno de extraños símbolos, a veces fijos, a veces intermitentes, manejan unas monedas extrañas y acuden a lugares que no parecen accesibles, mueven las manos de maneras diferentes, hacen gestos extraños, colocan las cosas en sitios distintos, hablan desde muy lejos…

En cuestión de horas, Khalia ya no es la misma: no conoce las reglas, no sabe comprar, no encuentra los alimentos que conoce y los que encuentra no sabe cómo cocinarlos, no puede explicar su historia, no ve en el campo las hierbas que curan el dolor de estómago, no sabe qué pasa en la comunidad, sus vistosos vestidos —los tres que puso en el macuto— no le sirven para el frío y no sabe cómo vestirse, mira a Tron y piensa que no puede enfermar, que ella no sabe a quién acudir… Y, sobre todo, Khalia ha dejado de cantar y ya no sonríe.

Mombo también está como Khalia, víctimas ambos del desconcierto y la extrañeza, pero, por suerte, él ha encontrado a un primo tercero que le ha ofrecido un trabajo en el campo. Mombo sale de casa y pasa el día trabajando con los amigos de su primo, todos del mismo país. Solo uno de ellos habla con el jefe en una lengua que Mombo no conoce, luego su primo se lo traduce por encima. Él sabe que se lo ha traducido por encima, solo por encima... Mombo ya no domina la situación. Al contrario, la situación lo domina a él. También domina a Khalia. Ya no son Mombo y Khalia, ya no tienen mil apodos, ya no son audaces, ni bellos, ni… Solo tienen uno: son inmigrantes, y, «a lo peor», dos: son inmigrantes africanos.

En esta primera parte del cuento se plantea uno de los temas más importantes a la hora de abordar la enseñanza de la lengua a inmigrantes: ¿quiénes son ellos? Es fácil caer en la tentación de ver a los inmigrantes como personas de escasos recursos personales e intelectuales, pero, quizás, deberíamos tener en cuenta que cuando hablamos de inmigrantes adultos, nos referimos, de una manera u otra, a personas como Khalia y Mombo, personas cargadas de experiencia, configuradas por su lengua y su cultura, portadoras de muchos conocimientos y saberes, hablantes de una o más lenguas, capaces de resolver cualquier conflicto siempre que tengan las claves del mundo… Son personas a las que, por tanto, solo podemos definir con un conjunto de afirmaciones: gente que sabe, gente que hace, gente que siente, gente que resuelve, gente que piensa, gente que…, que…, que… y que, además, comunica en otra u otras lenguas. Y esto último es una clave fundamental: ya están formados como hablantes, tienen adquiridos todos los mecanismos conversacionales, el conocimiento de lo que es comunicar. Lo único, que lo hacen con códigos distintos a los nuestros.

2. ¿Quiénes somos nosotros?

En medio de ese mundo que no saben cómo interpretar se encuentran a una serie de personas bien intencionadas: les dicen a Khalia y a Mombo que Tron tiene que ir a la escuela, y que Khalia también tiene que ir. Mombo, además, podría dedicar unas horas a ir a un centro de adultos. Les irá bien.

Los bien intencionados se reúnen entre sí y dicen que quieren ayudar a Khalia y a Mombo y que quieren enseñarles su lengua para que Khalia y Mombo estén mejor. Los bienintencionados empiezan sus clases. No son especialistas, no lo han hecho nunca, pero piensan que, por poco que hagan, les servirá. Un tiempo después los bienintencionados se reúnen y comentan que tienen una serie de problemas: Khalia y Mombo no avanzan, porque no saben leer y escribir, no entienden lo que les dicen, no acuden a clase regularmente, no salen mucho de casa y no se integran, no consiguen avanzar lo suficiente, no se dan cuenta de lo importante que es acudir a sus clases, no entienden la puntualidad, la regularidad. Además, se compran teles, que no les sirven para nada, y se pasan el día viendo programas absurdos… No, no, no…

Los bienintencionados están preocupados. Muchos de ellos están ayudando a Khalia y a Mombo como voluntarios, otros porque en su centro se ha hecho necesario dedicarse a los inmigrantes. Pero nadie les ha dado recursos ni técnicas para poder llevar a cabo su trabajo… Sí, los bienintencionados están muy preocupados y más cuanto más conocen a Khalia y Mombo porque ven que no siempre les ofrecen lo que necesitan… Pero los bienintencionados están desbordados por sus horarios, por sus múltiples obligaciones, por todo, pero las instituciones no se ocupan lo suficiente de ellos, no les dan la información adecuada, solo simulacros de cursos para salir del paso, si es que se sale…

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  • (*) En Carabela 53, «La enseñanza del español como segunda lengua / lengua extranjera a inmigrantes». Madrid: SGEL, 2003, págs. 5-24. volver
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