Isabel García Parejo
Hablar de enseñanza del español a inmigrantes nos remite, en primer lugar, a un contexto social determinado, el que se deriva de la construcción de estados cualitativa y cuantitativamente más multiculturales y heterogéneos. En segundo lugar, nos remite a las actuaciones de carácter político y social generadas para dar respuesta a las demandas provocadas por esta nueva realidad. Si bien el fenómeno de la migración se constata, fundamentalmente, desde la segunda mitad del siglo xx en ciertos países europeos, se remonta en España a un periodo relativamente reciente, la década de los ochenta1. Y aunque la atención al inmigrante se centra en cubrir necesidades básicas de asesoramiento jurídico y laboral, salud y vivienda, la enseñanza del español se incluye como un servicio más y es impartida, fundamentalmente, por voluntarios de formación y características muy diversas. La oferta de clases de español para adultos inmigrantes es, pues, desde hace tiempo, una constante a través de ONGs, organizaciones sindicales, universidades populares, asociaciones de inmigrantes o dirigidas a la atención de inmigrantes como es el caso de Acoge, o de ASTI, además de los centros públicos de educación de personas adultas (EPA) dependientes de ayuntamientos o comunidades autónomas2. A nivel oficial, el MEC, que dedicó por primera vez un apartado (el título III de la LOGSE, 1990) a la Educación de Personas Adultas, ha incluido recientemente estos cursos en la oferta de formación no reglada para adultos, «que engloba un conjunto de programas encaminados a proporcionar capacitación para el trabajo, formación personal y cultural, cursos de español para extranjeros, etc.» (MECD, 2002: 75)3.
La construcción de un conjunto de conocimientos teóricos y prácticos sobre la enseñanza-aprendizaje del español en el contexto de la migración se viene realizando a lo largo de estos años desde la experiencia más inmediata de estas asociaciones, en contacto directo con los adultos inmigrantes y su realidad socioeconómica, y de algunos profesionales del entorno académico (profesores de EPA y de Universidad). Si bien es verdad que, como ocurre con la EPA en general, el trabajo e interés generado sobre la enseñanza del español a adultos inmigrantes (y sobre su formación global) no alcanza los niveles que logra todo lo relacionado con la atención a la diversidad y la educación intercultural en Primaria y Secundaria, los frutos de estas experiencias pueden apreciarse, fundamentalmente, en formación del profesorado y publicación de materiales específicos para la enseñanza de la lengua oral y escrita para inmigrantes adultos y, en menor medida, en artículos publicados sobre el tema e investigación y foros de debate sobre el mismo.
Desde un principio, las asociaciones y administraciones han realizado un gran esfuerzo en formar a voluntarios y a profesores en activo, no familiarizados, en su mayoría, con la enseñanza-aprendizaje de segundas lenguas4. En este sentido, al repasar los bloques temáticos de algunos de estos cursos observaremos que se centran en aspectos básicos tales como qué supone aprender una L2; los principales modelos de programación; cómo organizar las clases; los centros de interés de los alumnos; las destrezas lingüísticas; cómo revisar los materiales existentes y cómo preparar materiales. Se añaden en algunos casos la presentación y reflexión sobre el fenómeno de la migración, temas sobre la ley de extranjería, la educación intercultural y la alfabetización de personas adultas y, según la zona, se incluyen aspectos específicos sobre la enseñanza del español a un determinado colectivo (marroquí, polaco, chino…). La revisión de los programas de los cursos nos lleva a la conclusión de que la filosofía y carácter de la entidad que imparte el curso y los ponentes que elige son decisivos a la hora de dar o bien una visión más global de lo que supone la enseñanza del español en un contexto social determinado, o bien una visión más restringida de la enseñanza de E/LE centrada exclusivamente en la competencia comunicativa5.