Mercé Bernaus
La diversidad lingüística y cultural es ya un hecho en la mayoría de los centros educativos españoles. Además de las lenguas de los currículos oficiales nos encontramos en las aulas de educación primaria y secundaria de todo el país las lenguas de la inmigración. La panorámica de diversidad lingüística ya no es exclusiva de las comunidades históricas. En las últimas décadas la mayoría de las comunidades autónomas en España han visto como la composición de las aulas de educación obligatoria ha cambiado sustancialmente con la llegada de alumnos procedentes de otros países.
En el barrio de Ciutat Vella de Barcelona, por ejemplo, algunas escuelas tienen más de un 60% de estudiantes que provienen de diversos países: africanos, asiáticos, latinoamericanos o de la Europa Oriental. En Canarias el mestizaje cultural incluye no solamente los numerosos ciudadanos del norte de Europa y asiáticos que viven y trabajan allí, sino también 29 diferentes nacionalidades africanas1.
El fenómeno de la inmigración lleva incorporada la lengua y la cultura de los que emigran, lo cual presenta nuevos retos para el planteamiento de la enseñanza/aprendizaje de las lenguas en los centros educativos, que han pasado de ser monolingües o bilingües a ser plurilingües y pluriculturales, lo cual debe conducir a nuevos enfoques en la didáctica de las lenguas.
Si el profesorado en general tiene una actitud positiva hacia las lenguas presentes en el aula puede ayudar a los alumnos a reforzar el concepto de identidad que va muy ligado a la competencia lingüística y a la predisposición hacia el uso de las lenguas. El profesorado de lenguas puede ayudar a desenmascarar prejuicios y estereotipos que a menudo deforman o falsean la realidad, por malentendidos culturales entre ciudadanos de diversas procedencias que conviven en una misma sociedad, y por la xenofobia que todavía existe en nuestra sociedad.
La enseñanza/aprendizaje de lenguas tiene un papel muy importante que jugar en este sentido y la competencia comunicativa interlingüística e intercultural debe ser tenida muy en cuenta en un nuevo enfoque de didáctica de la lengua. Según Lluch (2002), la escuela es un marco privilegiado para tratar la diversidad cultural desde una perspectiva de cohesión social ya que constituye un microcosmos en el que es posible intervenir de una forma controlada para:
Las intervenciones, mencionadas por Lluch, que un centro educativo puede establecer, son esenciales para que el alumnado comprenda las ventajas que tiene para ellos la convivencia con alumnos conocedores de otras lenguas y otras culturas. El profesorado debería facilitar un intercambio de conocimientos que tanto los alumnos autóctonos como los inmigrantes poseen desde el punto de vista lingüístico y cultural. En una clase de matemáticas de primaria, por ejemplo, los alumnos cuya lengua materna sea distinta de la lengua de la mayoría podrían enseñar al resto de la clase los números del 1 al 10. O bien, después de una visita al zoológico, podrían enseñar los nombres de los animales en su propia lengua al resto de la clase. Estas acciones puntuales pueden facilitar la vivencia no problemática de la identidad a los recién llegados, pueden poner de manifiesto que la diversidad social y cultural es una realidad positiva y también pueden ayudar a fomentar el plurilingüismo y la interculturalidad.
Sin duda ninguna el bagaje lingüístico y cultural de unos y otros podría ser fácilmente compartido si el proyecto lingüístico de los centros educativos fuera un proyecto global, inclusivo, en el que participara todo el claustro de profesores, de manera que el tratamiento lingüístico y cultural no fuera exclusivo de las materias relacionadas con la enseñanza/aprendizaje de lenguas.